Feb/17/13
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SACRED BLOOD | SEASON THREE

Esta tercera temporada puede enfocarse desde diferentes perspectivas, para el desarrollo de vuestros personajes, si es que deciden seguir la trama general, sino ya saben, team free will.

Tenemos el tema de la guerra que obviamente, sigue vigente. Después del ataque a Senoia, los franceses e ingleses no se han retirado ni mucho menos, pero si están en bajo perfil. Todo se debe, aparentemente, a la incorporación de nuevos países en la guerra. Las naciones unidas han reportado en varias ocasiones, y en varios encuentros en la sede de la ONU, que la violencia de los franceses y sus aliados no tiene límites. El general del ejército Italiano manifestó una semana atrás que, y a pesar de que las razones de que Francia declarase la guerra abierta a Estados Unidos estuviesen clasificadas, la alianza entre ellos seguía intacta y ofrecerían apoyo militar.

La pasada semana, Estados Unidos puso la directa enviando un ataque aéreo-nuclear a la capital de Francia, Paris. Con más de 2.000 bajas civiles y el número de heridos aumentando día a día, una serie de avionetas de serie inglesa sobrevolaron la zona este de los Estados Unidos, liberando bombardeo indiscriminado, causando la muerte de más de 1.500 estadounidenses. El conflicto entre Estados Unidos y su aliado, japón contra el ejército marino inglés y francés está hoy día desencadenándose en aguas del océano atlántico. La resistencia Estadounidense sigue aguantando al enemigo hostil terrestre, y numerosas familias, civiles han abandonado Nueva York y estados adyacentes para dirigirse al centro del país, dónde el dominio Estadounidense aún es superior.

Creyendo haberse sacado a la resistencia de cazadores de encima con el ataque hacia Senoia, la partida cuyo premio es el dominio sobre la tierra y la raza principal que la puebla se encamina hacia la victoria del Rey Salomon. Sin embargo, la alianza entre organizaciones de cazadores crece en silencio. El líder de la OCIR (Organización de cazadores irlandesa) acordó cinco días atrás con la OCFR (Organización de cazadores francesa) y la OCGB (Organización de cazadores de gran bretaña), contando con el apoyo también de la OCES (Organización de cazadores Española) enviar una tropa de cazadores a la base militar más grande y con más activos militares de los Estados Unidos para limpiarla de cualquier rastro demoníaco y recuperar el control del ejército estadounidense. Una vez conseguido, sería cuestión de tiempo localizar a todas las bases más pequeñas y seguir con su camino para recupera el mando y poder, de una forma más efectiva y cierta enfrentar la amenaza de la alianza enemiga.
Con Estados Unidos con el general del ejército como presidente, la alianza de cazadores ayudará a la resistencia caída de la OCEU a tomar de nuevo un lugar en la guerra.

Mientras tanto, la razón de esta guerra sigue desprotegida. Algunos civiles, ignorantes de la herencia mágica que corre por sus venas siguen siendo reclutados por un sigiloso S4, concentrado según las teorías de Elisabeth Stevens en el desarrollo del virus que contrariamente a los resultados obtenidos hasta hora con sus experimentos (los cuales volvían a los pacientes X en soldados obedientes y de un potencial ilimitado), los convertiría en marionetas indefensas. Zombies sin derecho ni voto, ni capacidad para defenderse.

Pero no es solamente el S4 o la alianza sobrenatural entre vampiros, hombres lobo y otras criaturas lo que amenaza a la gente que busca asilo por la guerra en distintos hogares, sino también la grieta que un ángel caído provocó en el infierno, desatando a numerosas criaturas infernales con él. Varios cazadores ajenos a la OCEU se han visto involucrados en los casos más insólitos de su carrera, y empiezan a sospechar que podría tratarse de un apocalipsis que estaría por encima del apocalipsis al que ya se enfrentaban.

Elisabeth Stevens, de nuevo, ha descubierto un fallo en el sistema multidimensional del universo que nos rodea. A raíz de un caso en particular, su investigación creció y sus teorías fueron cobrando sentido. Aparentemente, una fuerza contenida que fue desencadenada contrariamente a todo lo esperado o escrito rasgó el velo entre dimensiones y el espacio-tiempo se encuentra hoy día alterado. Tras mucho esfuerzo, trabajo y dedicación, la joven científica ha encontrado por fin un modo de dominar esa alteración y poder sacar provecho de ella, aún y cuando las consecuencias o efectos secundarios indirectos son desconocidos.

Se planteará la idea de localizar el anillo del Rey Salomon antes de que acabase en malas manos para destruírlo y así eliminar la amenaza del Rey de las tinieblas de una vez por todas, y evitar de alguna forma la destrucción que ya estaba asolándoles.

En cuanto al círculo de Sahed, en esta tercera temporada completará el círculo de elegidos e iniciará la búsqueda de la ambrosía para completar el proceso de conversión de los manchados, que se convertirían en los nuevos trece pilares del infierno y competirían por el reinado del infierno y la tierra contra el numeroso ejército de Salomon y los duques que él pretende liberar del recipiente de bronce.
Sin embargo, el primer creador del círculo de Sahed, el primer demonio que inició la primera conversión parece seguir con vida, y ligado a una de las detectives de la resistencia podría frustrar los planes del círculo de Sahed, buscando su venganza por lo que los de su propia especie de le hicieron muchos años atrás.

BASES DE LA RESISTENCIA DE LA OCEU

Carolina del norte: Rowan County. Condado de Surry.

Georgia:
Moreland, Coweta County.


Ohio: Georgetown, condado de Brown.

Tennessee:
Medon, condado de Madison.

Connecticut:
Hartford, condado de Hartford.

Florida:
Naples, condado de Collier.

SEDES DE LAS ORGANIZACIONES DE CAZADORES DE LA ALIANZA


OCIR (Organización de cazadores de Irlanda)
Dublin.
Tapadera: Industria tecnológica.
Ubicación: subsuelo.


OCFR (Organización de cazadores de Francia)
París.
Tapadera: Industria textil.
Ubicación: terrestre.


OCGB (Organización de cazadores de Gran bretaña)
Londres.
Tapadera: Banco central inglés.
Ubicación: Subsuelo.

OCES (Organización de cazadores de España)
Madrid.
Tapadera: Supermercado
Ubicación: Subsuelo


OCRU (Organización de cazadores de Rusia)
Moscú
Tapadera: Empresa de transportación
Ubicación: Subsuelo

OCDEU (Organización de cazadores de Alemania)
Berlín.
Tapadera: Bufete de abogados
Ubicación: Desde piso 4 a piso 10.


Then again, espero que sirva de ayuda. Saludos,

Administración de SB | S3




Feb/17/13
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Jan/13/13
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Cazadores, cazadoras, soldados y civiles de la resistencia,



Perdimos la batalla. Lo sé. Hemos visto caer a muchos de los nuestros, también lo sé. Pero esto es un llamado a los que estén allí afuera y no se hayan puesto en contacto con lo que queda de la resistencia; quizá hayamos perdido la batalla, pero no hemos perdido la guerra.

El general sigue con vida, y me ha pedido que os informe de que las alianzas con las demás organizaciones siguen su curso. Que está intentando llegar a un plan para dar la vuelta a la situación.



Nos hemos desperdigado, separado y buscado asilo en diferentes localidades del país. Por el momento creemos es lo más inteligente a hacer, operar desde diferentes bases, si volvemos a agruparnos volverán a encontrarnos, y parece que nunca vayamos a tener el armamento o las medidas necesarias para defendernos y vencer. 

Adjunto en la publicación un mapa con las diferentes localidades de nuestra resistencia, no son muchas, de hecho nosotros somos pocos, pero es todo lo que tenemos por el momento.

Es tiempo de recuperarse, de rearmarse y de buscar alternativas. 



La OCEU sigue en pie y estaremos en contacto con todos vosotros siempre que lo necesitéis.



Lamento todas las pérdidas con las que tengáis que lidiar ahora mismo. La mejor forma de honrar la vida y el recuerdo de los que han caído en Senoia es seguir peleando y no darnos por vencidos. 



Aún queda esperanza, aún podemos salvar nuestra tierra.Saludos desde Moreland, Comm. Elisabeth Rowan Stevens

Cazadores, cazadoras, soldados y civiles de la resistencia,

Perdimos la batalla. Lo sé. Hemos visto caer a muchos de los nuestros, también lo sé. Pero esto es un llamado a los que estén allí afuera y no se hayan puesto en contacto con lo que queda de la resistencia; quizá hayamos perdido la batalla, pero no hemos perdido la guerra.

El general sigue con vida, y me ha pedido que os informe de que las alianzas con las demás organizaciones siguen su curso. Que está intentando llegar a un plan para dar la vuelta a la situación.

Nos hemos desperdigado, separado y buscado asilo en diferentes localidades del país. Por el momento creemos es lo más inteligente a hacer, operar desde diferentes bases, si volvemos a agruparnos volverán a encontrarnos, y parece que nunca vayamos a tener el armamento o las medidas necesarias para defendernos y vencer.

Adjunto en la publicación un mapa con las diferentes localidades de nuestra resistencia, no son muchas, de hecho nosotros somos pocos, pero es todo lo que tenemos por el momento.


Es tiempo de recuperarse, de rearmarse y de buscar alternativas.

La OCEU sigue en pie y estaremos en contacto con todos vosotros siempre que lo necesitéis.

Lamento todas las pérdidas con las que tengáis que lidiar ahora mismo. La mejor forma de honrar la vida y el recuerdo de los que han caído en Senoia es seguir peleando y no darnos por vencidos.

Aún queda esperanza, aún podemos salvar nuestra tierra.

Saludos desde Moreland,

Comm. Elisabeth Rowan Stevens




Jan/11/13
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ORGANIZACIÓN DE CAZADORES DE IRLANDA, 2 DE ENERONo tenía otro refugio al que acudir, su hogar había sido atacado, sus hijos puestos en peligro nuevamente, la seguridad de las personas que amaba amenazada y su esposa le había sido arrebatada de los brazos por una desconocida con demasiado poder en su mano. No había podido hacer nada, apenas pudo sobrevivir al ataque. A aquél cazador a quien los años hacían cada vez más daño le costaba levantar cabeza, era difícil hacerlo cuando creías haberlo conseguido volvían a golpearte dónde más te dolía.

Empujó las puertas y se adentró en la sala, por un momento sus ojos creyeron ver el lugar de reunión de la vieja OCEU, una OCEU reducida por cinco veces en llamas, ya no quedaba apenas nada de su legado, apenas quedaba nada de la resistencia, pero aquello cambiaría, debía cambiar.

Connolly se puso en pie cuando Josh Stevens entró y lo mismo hicieron cuatro integrantes más de aquél círculo, todos excepto uno, que se mantuvo en su silla sin mostrar el mismo respeto.

-Agradecemos que hayas venido -Connolly le ofreció la silla que le pertenecía.

-Soy yo quién debe agradecer tu hospitalidad, mi familia necesita protección y agradezco que nos la brindes -tomó asiento.

-Lo que ha sucedido en Senoia no tiene nombre, Stevens -había cierto recelo en la voz de Sanchez, el líder de la OCES -Te ofrecimos nuestros hombres y nuestro armamento en defensa ¿Y qué queda de todo ello? Ruinas, polvo, solo muerte se ha sembrado con la mano que te tendimos.

-Sanchez -Connolly siseó el nombre del general español dedicándole además una mirada de advertencia, aquella reunión no había sido convocada para reprochar nada ni recordar el horror que vivían, sino buscar soluciones.

-Está bien Kian -Josh alzó la mano, indicando que no necesitaba ser defendido. Tragó pensando bien sus palabras antes de compartirlas -Es cierto, me ofreciste parte de tu ejército y yo te di las gracias. ¿Cuando ocurrió? ¿Dos semanas antes del ataque? Apenas pudimos organizarnos. Tus hombres, los hombres de Toulson, los hombres de Connolly, los de Serguei y los míos lucharon con honor y valentía. No pongas esta derrota sobre mis hombros, no necesito que otro lo haga por mi.

El general irlandés asintió quedándose con la barbilla gacha y la mirada baja.

-¿Tienes un informe de la situación actual de la resistencia?

-There is no resistence -Joshiel miró a los ojos a Kian -We were more than six hundred soldiers. Now we’re barely one hundred, that I can count… and most of them are just my wish for them to be alive. Most of the commanders died… You weren’t there -negó, con la mirada perdida en la mesa -Children, women… innocent people dead over the ground. Friends, even families have been launched to hell. I can’t tell if they were more, but they were more prepared. They had those special soldiers… X soldiers, their powers… Their red eyes -tragó -We couldn’t keep them. And then demons came in, it was the end.

-Demons against hunters -habló el general frances. Montë -We are supposed to fight them, aren’t we?

-They are usually impulsive and foolish, but they weren’t this time. They were sure of what they wanted, so sure they would win. They’re more united than they’ve ever been. They were looking for destruction, chaos… And one special thing.

Toulson frunció el ceño y alzó levemente el mentón, estudiando al general norteamericano.

-What were they looking for? -preguntó Montë.

Joshiel metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó de ella una pequeña cajilla, en ella habían varios símbolos dibujados, todos los presentes los reconocieron como símbolos de protección hacia todo lo oscuro. La abrió, mostrando un pedazo de lo que parecía ser metal, el pedazo de un anillo.

-Salomon’s ring. At least a piece of it -cerró la cajilla haciendo a los demás parpadear, volviendo a guardarla en su bolsillo, donde no la perdería de vista, sabía de la importancia de que siguiese en sus manos -Salomon está desesperado, asumo que en vista de que no puede encontrar el libro de las sombras por su cuenta, necesita el anillo para despertar su poder completamente y así no necesitar que sus vasallos lo hagan por él.

Connolly, escuchando aquello atentamente analizó las circunstancias. Era un rompecabezas, pero así mismo, un rompecabezas siempre tiene las piezas clasificadas, debían juntar las importantes primero.

-Tienes un pedazo -habló Kian -¿Dónde está el resto del anillo?

-One is safe -aseguró. Creía en Rachel Parker y en el peso que recaía sobre sus hombros, protegerla era su deber y solo suyo, iba más allá de un deber como cazador, era un deber moral, un deber de un amigo hacia una amiga -But we don’t know where the other is… These pieces… Are old. Older than we can imagine..

-Then we should destroy it -habló Montë, poniéndose en pie -If the king of darkness never gets the ring, he will never ride the world, he would never destroy everything we know… Everything we love. You own a part of it, why did you hide it from us? Why didn’t you tell us? You must destroy it hunter, before it’s too late.

-No -respondió Joshiel de una forma tajante -This thing can not be destroyed. And he knows that… Ha sobrevivido a centenarios de evolución, ha estado en manos de numerosas criaturas sin que ninguna supiera probablemente el poder que albergaba. Intentó ser destruido hace años… Pero solo se logró separarlo. He intentado destruir este pedazo de metal de todos los modos imaginables… Con todas las ramas de la magia que conozco. Es indestructible, fue creado por dios para su sirviente en la tierra, es un poder irrompible.

-This freaking story is like the fucking lord of the rings shit -espetó Toulson, cruzándose de brazos -I guess we’re seeing Gollum eventually.

-We need to find the last piece that’s missing -habló nuevamente Joshiel -We need to find it, and hide it better than it is. Because he is looking for it too, I know he is. And if he gets all the pieces… And he gets the book of shadows. He will loose hell itself and summon the power of darkness, hell dukes will follow his will… And then. There will be nothing we can do to stop them.

-And you knew all this -susurró Montë, con el ceño fruncido, incrédulo -You knew all this and you didn’t tell us. Why, Stevens? Quieres forjar una alianza entre organizaciones para salvar la humanidad, las alianzas se alzan a base de confianza ¿Como esperas que confiemos en tu palabra después de haber ocultado algo así durante tanto? En frente de nuestras narices.

-Because I don’t trust you -contestó Stevens, frunciendo los labios después -I never did.

-And you do now? -Connolly preguntó con las cejas enarcadas.

-No -negó, parpadeando con cansancio -I just have no choice.

Montë soltó una carcajada y se tapó la cara con las manos. No podía creerlo, simplemente no podía.

-And we do trust him! -bramó, mirando enfurecido al líder de la OCEU -Why? -miró a los otros integrantes de la alianza -Why do we trust him? He’s nothing but a damn man. A cursed man. We know what his father did -se puso en pie para poder rodear la mesa -We know what Harrison Stevens did to this world. He lied to all of us -recalcó, dejando las manos sobre la superficie del mueble -He made us believe he was one of us. A good hunter, and he betrayed us all… He was a hell’s guardian. A powerful demon and his blood runs through his vains -señaló a Josh -He knew everything about Salomon, what he’s looking for.. The ring. Are we blind? We need to see this brothers. He could be the same… He’s betraying us already!

-I had a mother too -espetó Josh en voz baja, tan baja que apenas se le escuchó. Montë frunció el ceño -I had a good mother who raised me ‘til she died. I may… be a demon’s child but I am not… Like him. He broke the alliance between us, dishonored our mission and united us just for the pleasure of destroying it as he pleased. He still enjoys my defeats and he still wants me dead. You can say whatever you want about me, Montë -miró al general francés a los ojos -But do not.. compare me to him. I have nothing to do with my father and I never will.

-But you are following his steps. Keeping important information from us.. And the fact that your mind’s good doesn’t change the fact that you’re marked by him. There’s demon blood in you… Can you deny it?

-No. I can’t.

Montë alzó los brazos como si no tuviese más para decir y se sentó en su lugar, acariciándose la barbilla pensativo. Connolly parecía analizar cada punto en aquella conversación, mientras Toulson veía razones comprensibles en la falta de confianza del general Stevens.

-He’s still the one who started to fight this war with nothing on his hands. No security to be doing what’s right, nothing on his side but the few he had. Está volviendo a unir a las organizaciones.

Josh no podía confiar plenamente en la alianza, solamente precisaba de su ayuda por lo que hacían, no por lo que eran. Su padre podría haber sido un monstruo, pero la mayoría de ellos no era mejor. Lo de aprender a ver lo grises no había llegado a otras organizaciones, la mayoría veían a personas como las que rescataron del S4 como amenazas, algo que debían destruir y erradicar por un bien mayor. ¿Como confiar en una mentalidad así?

-Creo que estamos desviando esto de contexto -Connolly se pasó la mano por la frente -La stiuación que está viviedo los Estados Unidos de América es más importante que nuestra propia seguridad. No debemos olvidar nuestra verdadera misión Montë -miró al francés -Evitar la destrucción de absolutamente todo, no debe preocuparnos ahora la naturaleza de un líder, sino sus acciones -miró a Joshiel después -¿Qué sugieres que hagamos ahora? Tus supervivientes necesitarán refugio.

-Están desperdigados. Han buscado asilo en grupos pequeños, llamarán menos la atención. Aunque seamos pocos no debemos abandonar nuestro territorio, eso sería darnos por vencidos -inspiró profundamente, convencerse de que no estaban aún perdidos no era fácil.

-¿Hay alguna locación que se sepa del enemigo?

-Se movieron hacia el sur tras retirarse del combate. Probablemente estén en algún campamento en la costa.

-¿Tenemos, o no tenemos un plan entonces? -urgió Toulson.

-Salomon ha tomado las fuerzas de la ley de nuestro país, y probablemente ya esté tomando el imperio chino. Hay que golpear desde arriba -dejó la mano sobre la mesa -Recuperar el control.

-¿Como? -Montë soltó una sarcástica carcajada -¿Pretendes entrar en la sede de las naciones unidas y aplicar exorcismos a todos los comandantes, generales y presidentes de las naciones?

Joshiel frunció el ceño.

-Eso es exactamente lo que haremos.

El silencio se hizo en la sala. Y no era para menos, lo que Joshiel sugería no era una locura, estaba por encima de la demencia. Era una insensatez, no podrían llegar tan lejos. Josh les observó uno a uno y alzó una mano.

-¿Votamos entonces?



SACRED BLOOD | SEASON THREE

ORGANIZACIÓN DE CAZADORES DE IRLANDA, 2 DE ENERO

No tenía otro refugio al que acudir, su hogar había sido atacado, sus hijos puestos en peligro nuevamente, la seguridad de las personas que amaba amenazada y su esposa le había sido arrebatada de los brazos por una desconocida con demasiado poder en su mano. No había podido hacer nada, apenas pudo sobrevivir al ataque. A aquél cazador a quien los años hacían cada vez más daño le costaba levantar cabeza, era difícil hacerlo cuando creías haberlo conseguido volvían a golpearte dónde más te dolía.

Empujó las puertas y se adentró en la sala, por un momento sus ojos creyeron ver el lugar de reunión de la vieja OCEU, una OCEU reducida por cinco veces en llamas, ya no quedaba apenas nada de su legado, apenas quedaba nada de la resistencia, pero aquello cambiaría, debía cambiar.

Connolly se puso en pie cuando Josh Stevens entró y lo mismo hicieron cuatro integrantes más de aquél círculo, todos excepto uno, que se mantuvo en su silla sin mostrar el mismo respeto.

-Agradecemos que hayas venido -Connolly le ofreció la silla que le pertenecía.

-Soy yo quién debe agradecer tu hospitalidad, mi familia necesita protección y agradezco que nos la brindes -tomó asiento.

-Lo que ha sucedido en Senoia no tiene nombre, Stevens -había cierto recelo en la voz de Sanchez, el líder de la OCES -Te ofrecimos nuestros hombres y nuestro armamento en defensa ¿Y qué queda de todo ello? Ruinas, polvo, solo muerte se ha sembrado con la mano que te tendimos.

-Sanchez -Connolly siseó el nombre del general español dedicándole además una mirada de advertencia, aquella reunión no había sido convocada para reprochar nada ni recordar el horror que vivían, sino buscar soluciones.

-Está bien Kian -Josh alzó la mano, indicando que no necesitaba ser defendido. Tragó pensando bien sus palabras antes de compartirlas -Es cierto, me ofreciste parte de tu ejército y yo te di las gracias. ¿Cuando ocurrió? ¿Dos semanas antes del ataque? Apenas pudimos organizarnos. Tus hombres, los hombres de Toulson, los hombres de Connolly, los de Serguei y los míos lucharon con honor y valentía. No pongas esta derrota sobre mis hombros, no necesito que otro lo haga por mi.

El general irlandés asintió quedándose con la barbilla gacha y la mirada baja.

-¿Tienes un informe de la situación actual de la resistencia?

-There is no resistence -Joshiel miró a los ojos a Kian -We were more than six hundred soldiers. Now we’re barely one hundred, that I can count… and most of them are just my wish for them to be alive. Most of the commanders died… You weren’t there -negó, con la mirada perdida en la mesa -Children, women… innocent people dead over the ground. Friends, even families have been launched to hell. I can’t tell if they were more, but they were more prepared. They had those special soldiers… X soldiers, their powers… Their red eyes -tragó -We couldn’t keep them. And then demons came in, it was the end.

-Demons against hunters -habló el general frances. Montë -We are supposed to fight them, aren’t we?

-They are usually impulsive and foolish, but they weren’t this time. They were sure of what they wanted, so sure they would win. They’re more united than they’ve ever been. They were looking for destruction, chaos… And one special thing.

Toulson frunció el ceño y alzó levemente el mentón, estudiando al general norteamericano.

-What were they looking for? -preguntó Montë.

Joshiel metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó de ella una pequeña cajilla, en ella habían varios símbolos dibujados, todos los presentes los reconocieron como símbolos de protección hacia todo lo oscuro. La abrió, mostrando un pedazo de lo que parecía ser metal, el pedazo de un anillo.

-Salomon’s ring. At least a piece of it -cerró la cajilla haciendo a los demás parpadear, volviendo a guardarla en su bolsillo, donde no la perdería de vista, sabía de la importancia de que siguiese en sus manos -Salomon está desesperado, asumo que en vista de que no puede encontrar el libro de las sombras por su cuenta, necesita el anillo para despertar su poder completamente y así no necesitar que sus vasallos lo hagan por él.

Connolly, escuchando aquello atentamente analizó las circunstancias. Era un rompecabezas, pero así mismo, un rompecabezas siempre tiene las piezas clasificadas, debían juntar las importantes primero.

-Tienes un pedazo -habló Kian -¿Dónde está el resto del anillo?

-One is safe -aseguró. Creía en Rachel Parker y en el peso que recaía sobre sus hombros, protegerla era su deber y solo suyo, iba más allá de un deber como cazador, era un deber moral, un deber de un amigo hacia una amiga -But we don’t know where the other is… These pieces… Are old. Older than we can imagine..

-Then we should destroy it -habló Montë, poniéndose en pie -If the king of darkness never gets the ring, he will never ride the world, he would never destroy everything we know… Everything we love. You own a part of it, why did you hide it from us? Why didn’t you tell us? You must destroy it hunter, before it’s too late.

-No -respondió Joshiel de una forma tajante -This thing can not be destroyed. And he knows that… Ha sobrevivido a centenarios de evolución, ha estado en manos de numerosas criaturas sin que ninguna supiera probablemente el poder que albergaba. Intentó ser destruido hace años… Pero solo se logró separarlo. He intentado destruir este pedazo de metal de todos los modos imaginables… Con todas las ramas de la magia que conozco. Es indestructible, fue creado por dios para su sirviente en la tierra, es un poder irrompible.

-This freaking story is like the fucking lord of the rings shit -espetó Toulson, cruzándose de brazos -I guess we’re seeing Gollum eventually.

-We need to find the last piece that’s missing -habló nuevamente Joshiel -We need to find it, and hide it better than it is. Because he is looking for it too, I know he is. And if he gets all the pieces… And he gets the book of shadows. He will loose hell itself and summon the power of darkness, hell dukes will follow his will… And then. There will be nothing we can do to stop them.

-And you knew all this -susurró Montë, con el ceño fruncido, incrédulo -You knew all this and you didn’t tell us. Why, Stevens? Quieres forjar una alianza entre organizaciones para salvar la humanidad, las alianzas se alzan a base de confianza ¿Como esperas que confiemos en tu palabra después de haber ocultado algo así durante tanto? En frente de nuestras narices.

-Because I don’t trust you -contestó Stevens, frunciendo los labios después -I never did.

-And you do now? -Connolly preguntó con las cejas enarcadas.

-No -negó, parpadeando con cansancio -I just have no choice.

Montë soltó una carcajada y se tapó la cara con las manos. No podía creerlo, simplemente no podía.

-And we do trust him! -bramó, mirando enfurecido al líder de la OCEU -Why? -miró a los otros integrantes de la alianza -Why do we trust him? He’s nothing but a damn man. A cursed man. We know what his father did -se puso en pie para poder rodear la mesa -We know what Harrison Stevens did to this world. He lied to all of us -recalcó, dejando las manos sobre la superficie del mueble -He made us believe he was one of us. A good hunter, and he betrayed us all… He was a hell’s guardian. A powerful demon and his blood runs through his vains -señaló a Josh -He knew everything about Salomon, what he’s looking for.. The ring. Are we blind? We need to see this brothers. He could be the same… He’s betraying us already!

-I had a mother too -espetó Josh en voz baja, tan baja que apenas se le escuchó. Montë frunció el ceño -I had a good mother who raised me ‘til she died. I may… be a demon’s child but I am not… Like him. He broke the alliance between us, dishonored our mission and united us just for the pleasure of destroying it as he pleased. He still enjoys my defeats and he still wants me dead. You can say whatever you want about me, Montë -miró al general francés a los ojos -But do not.. compare me to him. I have nothing to do with my father and I never will.

-But you are following his steps. Keeping important information from us.. And the fact that your mind’s good doesn’t change the fact that you’re marked by him. There’s demon blood in you… Can you deny it?

-No. I can’t.

Montë alzó los brazos como si no tuviese más para decir y se sentó en su lugar, acariciándose la barbilla pensativo. Connolly parecía analizar cada punto en aquella conversación, mientras Toulson veía razones comprensibles en la falta de confianza del general Stevens.

-He’s still the one who started to fight this war with nothing on his hands. No security to be doing what’s right, nothing on his side but the few he had. Está volviendo a unir a las organizaciones.

Josh no podía confiar plenamente en la alianza, solamente precisaba de su ayuda por lo que hacían, no por lo que eran. Su padre podría haber sido un monstruo, pero la mayoría de ellos no era mejor. Lo de aprender a ver lo grises no había llegado a otras organizaciones, la mayoría veían a personas como las que rescataron del S4 como amenazas, algo que debían destruir y erradicar por un bien mayor. ¿Como confiar en una mentalidad así?

-Creo que estamos desviando esto de contexto -Connolly se pasó la mano por la frente -La stiuación que está viviedo los Estados Unidos de América es más importante que nuestra propia seguridad. No debemos olvidar nuestra verdadera misión Montë -miró al francés -Evitar la destrucción de absolutamente todo, no debe preocuparnos ahora la naturaleza de un líder, sino sus acciones -miró a Joshiel después -¿Qué sugieres que hagamos ahora? Tus supervivientes necesitarán refugio.

-Están desperdigados. Han buscado asilo en grupos pequeños, llamarán menos la atención. Aunque seamos pocos no debemos abandonar nuestro territorio, eso sería darnos por vencidos -inspiró profundamente, convencerse de que no estaban aún perdidos no era fácil.

-¿Hay alguna locación que se sepa del enemigo?

-Se movieron hacia el sur tras retirarse del combate. Probablemente estén en algún campamento en la costa.

-¿Tenemos, o no tenemos un plan entonces? -urgió Toulson.

-Salomon ha tomado las fuerzas de la ley de nuestro país, y probablemente ya esté tomando el imperio chino. Hay que golpear desde arriba -dejó la mano sobre la mesa -Recuperar el control.

-¿Como? -Montë soltó una sarcástica carcajada -¿Pretendes entrar en la sede de las naciones unidas y aplicar exorcismos a todos los comandantes, generales y presidentes de las naciones?

Joshiel frunció el ceño.

-Eso es exactamente lo que haremos.

El silencio se hizo en la sala. Y no era para menos, lo que Joshiel sugería no era una locura, estaba por encima de la demencia. Era una insensatez, no podrían llegar tan lejos. Josh les observó uno a uno y alzó una mano.

-¿Votamos entonces?

SACRED BLOOD | SEASON THREE




Jan/11/13
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SEASON TWO FINALE: ENDING

Sus labios reaccionaron antes que sus ojos, tiritando. Los párpados hicieron lo mismo. Estaba empapado, su cuerpo había recorrido parte de Senoia con la corriente, y terminado contra contenedores de reciclaje. A pesar de estar mojado sentía su piel arder, tanto era el dolor que no creía ser capaz de abrir los ojos. Pero recordando a su familia se animó a hacerlo, debía seguir peleando, la resistencia le necesitaba, la batalla le requería, si respiraba, si sentía dolor, si sentía angustia era porque aún seguía con vida, aún debía pelear.

Fue abriendo los ojos mientras sus oídos se acostumbraban al implacable silencio. Ok, quizá no estuviese del todo vivo, y el calvario físico solo era tal vez su castigo eterno por haber fracasado. ¿Dónde estaban los bombardeos? Las balas, las explosiones, los gritos, las voces dando órdenes. Los gritos de auxilio.

Aquél silencio era aterrador, pues solo significaba que no quedaba nada que destruir, nadie pidiendo por ayuda, nada que volar por los aires.

Hasta que un repetido ladrar quebró el silencio, asustándole, su cuerpo tomando el impulso de incorporarse, pegando su mano al suelo para arrastrarse hacia atrás hasta que el mismo contenedor y sacos de basura sobre charcos de agua le hicieron de tope. No podía encogerse más.

Intentando enfocar su mirada notó que veía borroso, los oídos habían empezado a zumbarle de nuevo y por puro acto reflejo llevó la mano a su cinturón, fallando hasta que creyó acertar, pero no había arma que tomar, no había una sola pistola que desenfundar. Se quejó cuando miró su brazo y vio su chaqueta desgarrada y quemada, su piel al rojo vivo y sangre coagulada que volvía a nacer de sus heridas.

El lobo, Sheiko, llegó a la posición de su dueño y ladró nuevamente, para después gemir dolorido y estirarse sobre sus patas delanteras, terminando de acercarse lentamente a él, como si sintiera su dolor, como si le lastimara verle en esas condiciones.

-Sheiko.. -susurró arrugando el ceño y cerrando los ojos, podría parecer débil alegrarse de que un perro estuviese con vida, pero realmente le aliviaba ver a su lobo.

-Stevens! -grito Parker al verle con vida, suspirando de alivio, alguien estaba vivo, ese simple pensamiento era tristemente alentador -Shit… -murmuro viendo la herida del brazo, probablemente ella no lucia mucho mejor, pero su mente estaba desconectada de su cuerpo, solo trabajaba casi automáticamente a esas alturas, intentando ignorar toda clase de dolor -Vamos a llevarte a un sitio seguro, fuera de la calle -paso uno de los brazos por sus hombros, sin molestarse en dar explicaciones ni nada. Soltando un grito de dolor al esforzarse, ayudandole a ponerse de pie, sintiendo una gran parte del peso del general sobre sus hombros -Come on! -exclamo para dar fuerzas a ambos.

-Parker? -Joshiel tardó más de lo normal en preguntar, lo hizo cuando ya estaba en pie. ¿De dónde había salido? Tenía que estar bromeando, se marchaba durante días renunciando a todo y regresaba cuando estaban más condenados? Iba a golpear a esa rubia suicida hasta el agotamiento. Gruñó sofocado y abrumado por el dolor, liberándose de la ayuda de la joven. Podía hacerlo, probablemente solo tenía un par de costillas rotas, las quemaduras sanarían, después de todo un misil estallando en tus narices no es un asunto tan feo, debía de estar agradecido por no haber perdido el oído ni la visión, quizá el agua si tenía algún efecto sanador sobre las personas -¿Cual es la situación?

Intentando ser frío se agachó al lado de los cadáveres, de sus hombres, de franceses, de ingleses.. hasta que encontró un arma ligera y cargada que podría usar. De nuevo en pie levantó su camiseta rasgada para ver la quemadura de su abdomen. Se convenció de que no era para tanto, no podía permitirse flaquear aunque quizá ya hubiese perdido, su gente le necesitaba.

-Campbell is dead… -se mantuvo firme, obligándose a no quebrarse, se merecía aquello, ella había fallado a la OCEU. Siempre se había quejado de lideres que le decepcionaran, gente que le traicionara, pero esta vez había sido ella -Creo que Cash también lo esta… -se humedeció los labios, mirando alrededor -Todos lo están… It’s all gone -pestañeo por poco escapandosele una lagrima pero miro a otro sitio, conteniendolo todo dentro, el nudo en su garganta que le cerraba el paso del aire, sus ojos que le ardían -Deberíamos… -trago -quizá deberíamos buscar sobrevivientes… un medico -arrugo el ceño -Tu eres el líder… no lo se… solo dime que hacer -respondió. Resultaba extraña Parker sin su tono mandón, sin estar dando ordenes hasta a Joshiel, sin gritar o sonar fuerte. Era una persona totalmente diferente, pero estaba allí, no iba a echarse a llorar, solo estaba, haría lo que le dijeran, una tarea a la vez.

La mirada de Joshiel estaba perdida en el arma que había recogido, imperceptiblemente su mano se envolvía cada vez con más fuerza en el objeto, sentía la rabia abriéndose paso. ¿Qué debía hacer? ¿Comportarse como el hombre que no era para aparentar ser una roca? ¿Fingir que nada de aquello le importaba, que no le afectaba? Su gente había muerto. Con los ojos apenas empañados inspiró un aire que le resultó dañino pero ignoró ese dolor, veía los edificios de un color gris, humo, polvo, coches destrozados, bloques de apartamentos goteando el agua que aquella especie de tsunami había dejado atrás, había roto vidrios, ahogado vidas, probablemente muchos de los civiles que se refugiaron en sus hogares habían muerto sin poder pedir auxilio. Casquillos de balas por todas partes, cuerpos desangrados, algunos incluso despedazados. Una risa en la lejanía le heló la sangre y le obligó a tragar saliva, aún quedarían enemigos en Senoia, notaba esencias demoníacas cerca, no estaban aún solos, y debía obligarse a pensar que si quedaban enemigos, debían quedar aliados.

Miró entonces a Ray y frunció con fuerza los labios, nunca la había visto así de rota, tan vulnerable, mostrando por fin a los ojos del general lo quebrada que estaba. Debía sacarla de Senoia, no podían quedarse allí… Sin embargo había algo que debía hacer antes de marcharse, un último acto suicida, pero el destino de la humanidad dependía de ello.

Se acercó a la ex comandante y dejó una mano sobre su hombro, dándole un leve apretón. Eso hubiese sido suficiente antes, cuando la base militar aún estaba en pie y Senoia parecía una esperanza factible, ahora no bastaba. La abrazó y pasó una mano por su pelo, él no pasaría por alto nunca que solo era después de todo una niña, obligada a ser una mujer por las circunstancias.

-Debes ser fuerte ahora Ray -le susurró al cerrar los ojos -Esto no termina aquí ¿Me escuchas? No ha terminado. No terminará mientras yo siga con vida, no descansaré hasta vengar esto. Estarás bien.. Todo estará bien.

Cuando Joshiel le abrazo, el labio de la ex comandante tembló como si estuviera a punto de quebrarse y comenzar a llorar, pero no lo hizo, se limitó a asentir y chequear las balas que quedaban en el arma, tragándose todo dentro, aun tenían que empujar un poco más, sólo un poco más.

Se obligo a no mirar un cuerpo que se veía demasiado pequeño para ser el de un adulto, y se agacho junto a un soldado, tomando su radio.

-Ray Parker aquí… ¿Alguien me copia? Cambio -la radio se mantuvo silenciosa -¿Hay sobrevivientes? cambio -nuevamente silencio -Quizá las radios se dañaron con el agua -miro a Joshiel, más con una triste esperanza que convencida de ello -Solo… lidera el camino, yo te cubriré la espalda -dijo al fin, guardándose la radio en su cinturón, solo por si acaso, aun con la tonta esperanza de que sonara.

Liderar el camino no sería fácil, Senoia había caído y solo el peor del enemigo restaba en la zona. ¿Podía arriesgarse a mantener a Parker como una diana? No. Suficientes habían caído ya. Que aquellas esencias demoníacas siguiesen rondando solo podía significar que buscaban algo, no podía tratarse solamente de diversión. A fin de cuentas y aunque a ojos de un alto porcentaje del mundo aquella guerra no tuviese sentido, la tenía. Era la mayor distracción jamás desatada, una distracción para que el viejo Rey de israel pudiese conseguir lo que buscaba. El anillo, el libro, y desatar a los duques del infierno.
Él sabía dónde estaba uno de los pedazos, el otro residía en el pecho de la ex comandante, y no se lo pondría tan fácil a nadie.

Convencerla para que se marchase hacia el este hizo que perdiese tiempo, pero uno que no fue mal aprovechado, se trataba de un bien mayor, y Parker entendía de eso. A pesar de ser una niña, normalmente, sabía cuando hacer lo correcto.
El camino que restó solitario hacia su casa fue demasiado calmo, nadie se interpuso, nadie amenazó su vida, solo los infinitos cadáveres, la inagotable sangre manchando los charcos de agua en el suelo amenazaron su moral, su integridad mental, a fin de cuentas eran sus hombres los que allí habían muerto, el trabajo de todo líder siempre es mantener a su ejército en pie, y el suyo había caído. Tan sencillo y desgarrador como eso.

Observó desde atrás de unos contenedores su hogar, tres hombres acababan de ingresar adentro y posando la mano sobre la cabeza de Sheiko le calmó. Era como tener que calmar a un soldado más antes de que se lanzase impulsivamente hacia el enemigo.

-Come on boy -al ponerse en pie sintió nuevamente todas sus heridas resentirse, el ardor de las quemaduras era insoportable, pero lo volvería soportable. Si se detenía ahora, aquella tragedia no tendría fin, y la muerte de todos aquellos soldados habría sido en vano.
Estaba armado con una de las berettas que su hermana había creado, balas capaces de matar escoria demoníaca. Tenía munición, su cuchillo de caza y un mestizo hambriento, suficiente batallón para dar pelea a ese grupo de demonios.
Entró sigilosamente, habían dejado la puerta abierta. Con el arma en alto avanzó por el pasillo principal intentando impedir que los buenos recuerdos le golpeasen, no era eso lo que necesitaba, no necesitaba recordar que sus hijos no podrían regresar a aquella casa, que de ahora en adelante todo sería caos.
Se apegó contra la pared y asomó apenas la cabeza para ver el salón. Escuchaba el revuelto, y pudo ver que efectivamente dos demonios sacaban de los cajones de los muebles todo lo que veían, buscando algo con calma pero decisión. El anillo.
-
Looking for something? -preguntó cuando se dejó ver.
Instantáneamente ambos demonios se giraron para mirarle. El cazador no tardó en dispararle a la sien al primero y mientras este se retorcía bajo sobrecargas eléctricas que eliminarían su esencia extendió su brazo más relativamente sano y usó su telekinesia para arrojar al segundo metros hacia atrás, directo al suelo. Avanzó hacia él y antes de dispararle miró sus profundos ojos negros.
No había tiempo, debía recoger el anillo. Aún quedaba un demonio dentro de la casa, sin embargo no le buscaría, estaba seguro de que el otro lo haría.

Cruzó el salón y caminó directamente hacia la cocina, pasándola de largo para abrir la puerta que llevaba al sótano. Bajó las escaleras ayudándose de la barandilla, su cojeo era cada vez más notable, se le agotaban las fuerzas, pero no podía desistir ahora.

Sheiko se le avanzó y detuvo en frente de un viejo cuadro colgado en la pared. El cazador apartó las cajas para poder abrirse mejor camino y sin guardar el arma sacó el cuadro, viendo la caja de seguridad y la ruleta negra con la que tendría que marcar el código. Lo hizo, un código random, no pondría alguna estupidez como fechas importantes para él, su enemigo le conocía, supo que debía ser prudente cuando guardó el anillo allí.

Una vez abierta la caja metió la mano para sacar otra caja más pequeña, del tamaño del envoltorio de una joya. Tenía símbolos dibujados en tamaño prácticamente diminuto en toda su superficie, magia de protección que impediría a indeseables abrirla.

Pero él si la abrió, solo para comprobar que el pedazo del anillo seguía estando allí. Y como así era, la cerró y se dispuso a guardarla en su bolsillo.

-Eres el insecto con más vidas que he conocido nunca -habló una voz tras él.

El cazador se giró y miró a los ojos negros que le devolvían la mirada. De reojo vio a Sheiko, o eso quiso hacer, pero el lobo había desaparecido de su campo visual.

-Dame ese anillo -urgió con calma el demonio, extendiendo una mano -Y quizá decida no torturarte como mereces. Eres un hombre inteligente Stevens, y de principios honorables. Sabes entonces que robar no está bien.

-¿Robar? -Josh negó, enarcando las cejas -No podríamos considerar esto robo, estaba en mis almacenes.

La conversación acabó allí. El lobo del cazador sorprendió al demonio desde detrás, clavando sus colmillos en su espalda, y esa distracción le valió lo suficiente a Josh para poder usar por tercera vez el arma y agotar otra bala contra otro enemigo. Cerró la caja de seguridad y puso el cuadro en su sitio antes de pasar por encima del cadáver del demonio, que seguía sufriendo ciertos espasmos. Hora de irse.

Quedarse en Senoia en busca de supervivientes y otros soldados sería un suicidio, y por mucho que le pesase y fuese en contra de todo en lo que creía, debía ponerse a salvo. Era el general de la resistencia, no podía caer. No podía entregarse tan fácil. Se marcharía sin dejar rastro, porque eso era lo correcto. Pero regresaría a por sus hombres, más tarde o más temprano, pero lo haría.

En una de las calles más comerciales de Senoia, un hombre se encontraba sentado sobre el capó de un coche abollado y prácticamente despedazado. Se fumaba su cigarrillo con parsimonia mientras contemplaba como quién se divierte en un espectáculo a tres hombres más acabando con las migajas del ejército de la resistencia, todos aquellos soldados que habían caído pero no muerto, morían ahora en manos de demonios, de la forma más lenta, dolorosa y atroz que pudiesen imaginar; de la forma que menos merecían.

Uno que hasta entonces no había estado allí se acercó al que parecía el cabeza de esa horda de demonios, deteniéndose en frente de él para interrumpir su campo de visión.
-¿Y bien? -preguntó el que estaba sentado.

-Sigue sin haber rastro de él.

-¿Estás diciéndome que no sois capaces de encontrar un bendito cadáver?

-Ese es el problema, no hay cadáver. Tampoco hay rastro de su familia.

-Dime que al menos tienes el anillo -frunció ligeramente el ceño, dando otra calada al cigarrillo. Sus ojos se mantenían claros, no se mostraba tal y como era, su oscuridad se mantenía ajena.
-Aquellos que enviaste a por él están muertos. Y no hay rastro del anillo.


SACRED BLOOD | SEASON FINALE – THE END




Jan/11/13
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Chapter 8: Hybrid theory
27 de diciembre de 2012
Su única preocupación desde que llegó al castillo, al encuentro de Zeon, fue mantenerse. Seguir siendo quién era, no permitir que los trucos del demonio le devorasen por dentro, le absorbiesen toda esencia de si mismo. No era fácil, la voluntad de Zeon era poderosa, y él solamente un niño abandonado. Las noches eran frías en aquél calabozo, y cuando calentaba la luz del alba todo calor parecía ser poco para apaciguar la helada que había dejado atrás la noche.
Sentado contra la pared, con las piernas recogidas y los brazos rodeándolas, encogido en si mismo, observaba el punto muerto que había desarrollado como entretenimiento, pretendiendo alejarse de cualquier pensamiento, cualquier cosa que no fuese ese punto gris del ladrillo dejaría su mente abierta y receptiva a nuevas torturas. Sin embargo le fue imposible ignorar aquél ronroneo dulce, la melodía lejana de alguna canción de cuna, llegaba a sus oídos como un eco imaginario, como si no pudiese ser real.
Lejos de sentirse relajado o de verse atacado por el sueño, Alex estiró las piernas y se dio la vuelta para apegar la cabeza y así el oído contra la pared dónde había estado su espalda apoyada largas horas. Venía del otro lado, estaba seguro. Era imposible no sentirse atraído por una voz tan dulce.-¿Hola? -susurró notando su voz ronca. Tragó saliva y volvió a intentarlo -¿Hola? ¿Puedes oírme?
Frunció apenas el ceño al notar que el cantar había cesado, quién fuese había dejado de tararear. Puso todos sus sentidos en intentar percibir algún otro sonido, quizá pasos. Alguna voz. Algo.
Cada vez que se lo habían llevado a la sala de entretenimiento, dónde se enfrentaba cada día a dos demonios y se veía forzado a eliminarles con su poder que era siempre su única arma, regresaba dormido. Así que nunca había podido ver si él era el único en ese lugar que adivinaba serían unos calabozos, o había alguien más preso.
-¿Quién eres? -escuchó la voz del otro lado.
La niña tenía una larga melena dorada, unos ojos grandes y redondos y el vestido que la cubría estaba tan sucio como la ropa de Alexander. A Kendra no la habían sacado de su celda, era demasiado pequeña para ser probada, para demostrar su valía. Su proceso sería más largo. Aunque crecía a una velocidad asombrosa, no era la misma niña de cuatro años que llegó hacía casi cuatro meses.
Alex tragó saliva y apegó más la cabeza, casi con desesperación.
-Me llamo Alex. ¿Y tu?
-Kendra. ¿Quieres jugar conmigo?
-Me encantaría -Alex sonrió y suspiró imperceptiblemente -Pero no creo que sea posible… ¿Cuantos años tienes?
-Cuatro ¿Y tu cuantos tienes?
¿Solamente cuatro años? ¿Y estaba allí… encerrada como un animal? Qué clase de monstruo haría algo así. Entonces repitió el nombre de la niña en su cabeza. Kendra. ¿No se llamaba así la hija de Elisabeth Stevens?
-¿Dónde están tus padres? -preguntó sintiendo por primera vez en casi un mes la necesidad de salir de aquella celda, tenía que sacar a alguien tan pequeño de allí, no podía dejar que le hiciesen daño.
-Mi papi es un soldado -contestó ella -Y mi mami… No lo sé.
-¿Como se llama tu mamá Kendra? -las manos de Alex acariciaban los ladrillos, buscando algún punto flaco, alguna ranura más abierta, algún ladrillo que pudiese arrancar.
-Mami -dijo con cierto tono de obviedad la niña -¿La tuya no se llama mami?
Alex frunció el ceño. Si, en cierto modo, la suya también se llamaba así. Ladeó la cabeza y resopló cansado, volviendo a dejarse caer en el suelo. No había salida. Estiró los brazos hacia delante cuando sintió que se caía hacia atrás, siendo que debía de ser imposible, había sentido su espalda tocando la pared. La caída no fue dolorosa pero si sorprendente, y cuando se cansó de fruncir el ceño abrió los ojos, para encontrarse con que una niña miraba los suyos con cierto interés y curiosidad.
-What the… -Alex se incorporó rápidamente hasta sentarse sobre sus rodillas, de cara a la muchacha -¿Qué ha pasado? ¿Has hecho eso tu? -tocó la pared con las manos, era firme, como sabía debía ser.
-Quería verte -explicó.
Landon se arrastró a cuatro patas hacia ella y acariciándole el pelo la estudió de pies a cabeza. No parecía estar herida, solo deshidratada y sucia, probablemente así se veía él también.
-No te preocupes Kendra, saldremos de aquí. Te lo prometo.
-¿Y a dónde iremos? -la niña se veía tranquila ante las caricias de Alex, él estaba seguro de que esa era la primera muestra de amor y cariño que había tenido en mucho tiempo.
-No lo sé, lo pensaré cuando salgamos. Escúchame -miró hacia la puerta de la celda -¿Puedes hacer otra vez lo que has hecho ahora? ¿Con esa puerta? Para que podamos pasar.
La niña se encogió de hombros y solamente le mantuvo la mirada.
-¿Has visto a más chicos aquí? ¿Como yo?
-A veces me llevan a comer con otro niño muy guapo, como tu, aunque es más grande -explicó -Así de alto -Kendra se puso en pie y estiró todo lo que pudo el brazo para indicar la altura del muchacho.
Alex volvió a fruncir el ceño. No lo entendía, o quizá no quería entenderlo. ¿Significaba todo aquello que él no era el único prisionero? Saltaba a la vista, con Kendra allí. Las razones eran lo que le preocupaba. Él estaba allí porque formaba parte de los planes de Zeon ¿Pero ella? ¿En qué parte del retorcido plan del círculo entraba Kendra? ¿Sería ella también una elegida? ¿Estaría manchada como él? Y el otro muchacho.
-Haremos esto Kendra -Alex se levantó y dejó ambas manos sobre los hombros de la niña -Iremos a buscar al otro chico y haremos una excursión por el bosque que hay cerca del castillo.
La niña entrecerró los ojos estudiosa y desconfiada.
-¿Después volveremos?
-¿Por qué quieres saber eso?
-Para llevarme a Teddy o no -señaló el oso de peluche mugriento que estaba sobre la cama deshecha.
-Podemos llevarnos a Teddy.
Como lo logró Kendra no le preocuparía, ni se lo plantearía, salir de aquél castillo cuyos pasillos y enormes dimensiones desconocía sería suficiente trabajo. Avanzaba despacio, con la niña detrás de él, llevándola de la mano sin soltarla un solo momento. Sus ojos miraban hacia cada celda que dejaba atrás, por el momento todas vacías. Si ciertamente había otro niño allí encerrado, no podía abandonarlo a su suerte, así que antes de marcharse, lo sacarían de allí.
Entonces lo vio, un bulto bajo una manta gris sobre la cama, no era un bulto muy grande a decir verdad, aunque tampoco podía estar seguro de si se trataba de un adulto o un niño. ¿Sería él?
-Hey -susurró al acercarse a los barrotes, buscando despertarle si es que dormía -¿Puedes oírme?
-Vamos a dar un paseo por el bosque -añadió Kendra, sin cuidar tanto el volumen de su voz como Alexander.
El mismo frunció los labios como si se lamentase por aquello. Aquél bulto se movió, y un joven de cabellos negros y ojos claros, sucio y desaliñado se dejó ver, y miraba tanto al rubio como a la niña con cierto recelo.
-¿Qué queréis?
-Me llamo Alex. Vamos a salir de aquí -prometió -¿Como te llamas?
-Jax -el muchacho se levantó de la cama y se acercó a los barrotes para poder verles más de cerca. A la niña la había visto antes en aquella extraña sala vacía dónde nunca conoció el objetivo de su encierro, pero al rubio jamás le había visto -¿Estás loco? Nadie sale de este sitio ¿Quién te crees que eres?
Landon tragó saliva, era cierto, no sería fácil, pero menos era no intentarlo, ya estaban manchados, condenados, no se lo pondría tan fácil a Zeon, no si tenía una oportunidad de volver a frustrar sus planes.
-Soy hijo de un portador, y sobretodo soy quién no quiere quedarse en su celda hasta ser un adulto y no recordar nada de lo que era, ni a nadie de los que amo. Puedes venir con nosotros, o quedarte aquí.
El joven de cabellos negros se humedeció los labios que sentía cortados y secos. Le aterraba intentarlo y fallar, el castigo no sería pobre. Había perdido la cuenta de cuanto tiempo llevaba allí, en parte, deseaba salir y buscar a su familia, probablemente ellos estuviesen buscándole desesperadamente.
-Está bien -aceptó tras meditarlo, asintiendo con la cabeza -¿Qué tengo que hacer?
Eran tres ahora los que avanzaban por el castillo con sigilo, aguardando no encontrarse con ninguno de los esclavos a disposición del círculo. Eran como robots, personas que habían perdido cualquier autoridad sobre si mismos, en cierto modo se asemejaban a los soldados X del sector cuatro, salvo que estos no eran tanto y no estaban diseñados para matar, sino para servir.
Alex se preguntaba en qué momento les detendrían, presentía que no tardarían en cruzarse en su camino y reducirles, devolverles a sus celdas y decidir anular sus poderes definitivamente, aunque eso fuese en contra de todo lo que intentaban hacer con ellos.
Había tenido tiempo para meditarlo ¿Por qué sino no les habían despojado de sus dones? Tan solo los agotaban, alimentaban su ira y su enfado, empezaba a creer que cualquier cosa que quisiesen de ellos debía de ser llevada a cabo con voluntad, y no forzosamente, sin ninguna clase de hechizo hipnotizador.
-Listen -Alex detuvo a Jax y Kendra, ésta segunda nunca se despegaba de él. Estaban agazapados contra una de las paredes, antes de doblar hacia otro pasillo -Creo que hacia el oeste hay una salida a los jardines. Salimos, y una vez afuera corremos tan rápido podamos hacia los bosques. Vine a pie hasta aquí desde el pueblo más cercano, conozco la zona más elevada. Una vez afuera haz todo lo que te diga ¿Si?
Jax asintió. Él no era como Alexander, no había vivido infinitas aventuras, tan solo era un niño de Wyoming, un pequeño pueblo dejado de la mano de Dios en el estado de Delaware. Solo era un muchacho torturado que echaba en falta a su familia, solo quería regresar a casa. Por lo que no se detendría a plantearse si debía o no seguir órdenes de alguien que parecía ser más joven que él.
-Vamos entonces.
Alexander tomó fuerte la mano de Kendra Stevens y asomó la cabeza para ver hacia el pasillo. Despejado. Era ahora o nunca, o tomaban valor y lo hacían, o nunca lo harían. Avanzó él delante, a paso ligero pero cuidadoso, y atisbó a sonreír cuando descubrió efectivamente la puerta que daba al jardín. Todo lo que tuvo que hacer fue empujar la puerta, encontrándola afortunadamente abierta.
Corrieron como no habían corrido jamás probablemente, ni si quiera Alex, que se había pasado los últimos tres años huyendo de Zeon, de militares y de toda clase de enemigos. Quizá corría más que nunca porque sabía que era una cuestión de vida o muerte, tal vez no en un sentido literal pues les necesitaban con vida; pero el círculo acabaría absorbiéndoles cada pequeña parte de ellos hasta convertirles en lo que tanto anhelaban.
Ni si quiera la verja les detuvo, Kendra volvió la materia invisible una vez más y siguieron corriendo sin descanso. Los dos muchachos estaban cansados pero eran fuertes, no obstante Kendra era apenas una niña, y tuvo que detenerse cuando se sintió agotada. Alex la tomó en sus brazos y aunque no pudo correr a la misma velocidad de antes siguió haciéndolo, viendo a Jax delante de él ahora. ¿Sería posible? Lo estaban logrando. Ya divisaba las densas colinas, los primeros árboles levemente azotados por la suave brisa invernal.
-Parad -exigió dando casi un grito. Necesitaba tomar aire, y hacer algo más.
Se tiró en el suelo, cerca de un charco y no por casualidad o azar. Con un dedo mojó el barro y lo acercó manchado hacia la cara de Jax.
-¿Qué haces? -se defendió él, alejando el rostro con el ceño fruncido.
-Solo déjame hacerlo, esto nos protegerá.
Él lo llevaba prácticamente tatuado en la piel, algo que se vio obligado a hacerse hacía mucho tiempo. No sería lo mismo con el barro, pero tan pronto tuviese un cuchillo o una aguja podría hacer un mejor trabajo. En la mejilla del moreno dibujó un símbolo marrón, parecía la estrella de David, salvo que tenía algunas modificaciones. Cuando terminó asintió hacia Jax e hizo lo mismo con Kendra, quién también se había sentado y a diferencia del moreno parecía resultarle divertido, otro juego más al que no dudaba en participar.
-¿Jugamos a los indios y los vaqueros? -preguntó queriendo acercarse la mano para tocarse el dibujo y sentir como era el tacto.
-No lo toques -la regañó Alex, levantándose y levantándola a ella -Servirá para que los hombres malos no puedan encontrarnos. Tenemos que seguir.
Jax se puso en pie nuevamente para reanudar la marcha. Creía que el rubio estaba pirado, pero a fin de cuentas, pirado o no, había conseguido sacarle de esa prisión y de esa forma volvería a casa, por lo que se guardaría su opinión personal para si en vez de compartirla.
La noche cayó sobre uno de los bosques más densos de Pennsylvania, en las montañas de pocono. La hoguera les daba el calor que necesitaban y los altos árboles les protegían de aquella nieve que había empezado a caer hacía unas horas y no se había detenido ni con el caer de la noche, todo lo contrario, parecía avecinarse una tormenta.
Alex tenía la teoría de que el círculo ya sabía a esas alturas de su huida, y que esa tormenta no era más que la manifestación de su ira, como si fuese la misma furia de los conocidos titanes.
Los escasos peces que había podido sacar del lago les habían servido de alimento a los tres, y con la mirada perdida en las llamas Jax decidió mirar a la niña que dormía abrazada a su oso de peluche, cubierta por la chaqueta que Alexander le había prestado.
-¿Como vamos a seguir ahora? -preguntó curioso el de Wyoming. El rubio le miró.
-Seguiremos hacia el norte. No estoy seguro de cuantas horas o días tengamos de viaje pero sé que estas montañas llevan hasta Nueva York. Es una ciudad grande, allí pasaremos desapercibidos y podré ponerme en contacto con personas que nos ayudarán.
-Entonces estamos cerca de Delaware -Jax tragó y sus ojos se iluminaron -Yo vivía allí. Vayamos, mis padres os acogerán, os darán ropa y-
-No -Alexander negó rotundamente y con fuerza -Delaware está hacia el sur, y tendríamos que pasar muy cerca de la zona del castillo. Seguiremos al norte.
-Daremos un rodeo, dices que conoces las montañas -discutió Jax -Ellos me están buscando -suplicó.
-Por esa misma razón no debemos ir, el círculo sabe de tus padres, sabe de ti, más que nadie.. -negó -Créeme, no harías mal en pensar que quizá ellos…
-¿Qué? -Jax frunció el ceño y pareció volverse su mirada peligrosa en un instante, una mirada furiosa.
-Nada -sentenció Alex.
No quería hacerlo, no quería decirle a ese chico que probablemente sus padres estaban a esas alturas muertos, que nadie estaría buscándole. Ni si quiera parecía saber qué era, o porqué había estado en esa prisión ni quienes eran los que le tenían cautivo. Mucho menos la clase de seres que eran.
-Seguiremos al norte -se frotó las manos antes de acercarlas más al fuego -Es una zona turística, debemos evitar ser vistos y seguir camino, detenernos lo justo y necesario. Puedes llamar a tus padres cuando lleguemos a Nueva York.
-No tengo dinero, y tu tampoco llevas nada encima que se diga -Jax enarcó las cejas -¿Te das cuenta de lo estúpido que es todo esto?
-No es la primera vez que viajo con los bolsillos vacíos. Nos las arreglaremos.
Conseguir una tarjeta de crédito falsificada no iba a ser el mayor de sus problemas ¿Cierto? El mayor de sus problemas era otro: ¿Por qué Zeon no había movido un solo dedo para detenerle? ¿Qué había sido más importante que ellos? ¿Qué les había distraído tanto?END OF CHAPTER 8

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Chapter 8: Hybrid theory


27 de diciembre de 2012

Su única preocupación desde que llegó al castillo, al encuentro de Zeon, fue mantenerse. Seguir siendo quién era, no permitir que los trucos del demonio le devorasen por dentro, le absorbiesen toda esencia de si mismo. No era fácil, la voluntad de Zeon era poderosa, y él solamente un niño abandonado. Las noches eran frías en aquél calabozo, y cuando calentaba la luz del alba todo calor parecía ser poco para apaciguar la helada que había dejado atrás la noche.

Sentado contra la pared, con las piernas recogidas y los brazos rodeándolas, encogido en si mismo, observaba el punto muerto que había desarrollado como entretenimiento, pretendiendo alejarse de cualquier pensamiento, cualquier cosa que no fuese ese punto gris del ladrillo dejaría su mente abierta y receptiva a nuevas torturas. Sin embargo le fue imposible ignorar aquél ronroneo dulce, la melodía lejana de alguna canción de cuna, llegaba a sus oídos como un eco imaginario, como si no pudiese ser real.

Lejos de sentirse relajado o de verse atacado por el sueño, Alex estiró las piernas y se dio la vuelta para apegar la cabeza y así el oído contra la pared dónde había estado su espalda apoyada largas horas. Venía del otro lado, estaba seguro. Era imposible no sentirse atraído por una voz tan dulce.
-¿Hola? -susurró notando su voz ronca. Tragó saliva y volvió a intentarlo -¿Hola? ¿Puedes oírme?

Frunció apenas el ceño al notar que el cantar había cesado, quién fuese había dejado de tararear. Puso todos sus sentidos en intentar percibir algún otro sonido, quizá pasos. Alguna voz. Algo.

Cada vez que se lo habían llevado a la sala de entretenimiento, dónde se enfrentaba cada día a dos demonios y se veía forzado a eliminarles con su poder que era siempre su única arma, regresaba dormido. Así que nunca había podido ver si él era el único en ese lugar que adivinaba serían unos calabozos, o había alguien más preso.

-¿Quién eres? -escuchó la voz del otro lado.

La niña tenía una larga melena dorada, unos ojos grandes y redondos y el vestido que la cubría estaba tan sucio como la ropa de Alexander. A Kendra no la habían sacado de su celda, era demasiado pequeña para ser probada, para demostrar su valía. Su proceso sería más largo. Aunque crecía a una velocidad asombrosa, no era la misma niña de cuatro años que llegó hacía casi cuatro meses.

Alex tragó saliva y apegó más la cabeza, casi con desesperación.

-Me llamo Alex. ¿Y tu?

-Kendra. ¿Quieres jugar conmigo?

-Me encantaría -Alex sonrió y suspiró imperceptiblemente -Pero no creo que sea posible… ¿Cuantos años tienes?

-Cuatro ¿Y tu cuantos tienes?

¿Solamente cuatro años? ¿Y estaba allí… encerrada como un animal? Qué clase de monstruo haría algo así. Entonces repitió el nombre de la niña en su cabeza. Kendra. ¿No se llamaba así la hija de Elisabeth Stevens?

-¿Dónde están tus padres? -preguntó sintiendo por primera vez en casi un mes la necesidad de salir de aquella celda, tenía que sacar a alguien tan pequeño de allí, no podía dejar que le hiciesen daño.

-Mi papi es un soldado -contestó ella -Y mi mami… No lo sé.

-¿Como se llama tu mamá Kendra? -las manos de Alex acariciaban los ladrillos, buscando algún punto flaco, alguna ranura más abierta, algún ladrillo que pudiese arrancar.

-Mami -dijo con cierto tono de obviedad la niña -¿La tuya no se llama mami?

Alex frunció el ceño. Si, en cierto modo, la suya también se llamaba así. Ladeó la cabeza y resopló cansado, volviendo a dejarse caer en el suelo. No había salida. Estiró los brazos hacia delante cuando sintió que se caía hacia atrás, siendo que debía de ser imposible, había sentido su espalda tocando la pared. La caída no fue dolorosa pero si sorprendente, y cuando se cansó de fruncir el ceño abrió los ojos, para encontrarse con que una niña miraba los suyos con cierto interés y curiosidad.

-What the… -Alex se incorporó rápidamente hasta sentarse sobre sus rodillas, de cara a la muchacha -¿Qué ha pasado? ¿Has hecho eso tu? -tocó la pared con las manos, era firme, como sabía debía ser.

-Quería verte -explicó.

Landon se arrastró a cuatro patas hacia ella y acariciándole el pelo la estudió de pies a cabeza. No parecía estar herida, solo deshidratada y sucia, probablemente así se veía él también.

-No te preocupes Kendra, saldremos de aquí. Te lo prometo.

-¿Y a dónde iremos? -la niña se veía tranquila ante las caricias de Alex, él estaba seguro de que esa era la primera muestra de amor y cariño que había tenido en mucho tiempo.

-No lo sé, lo pensaré cuando salgamos. Escúchame -miró hacia la puerta de la celda -¿Puedes hacer otra vez lo que has hecho ahora? ¿Con esa puerta? Para que podamos pasar.

La niña se encogió de hombros y solamente le mantuvo la mirada.

-¿Has visto a más chicos aquí? ¿Como yo?

-A veces me llevan a comer con otro niño muy guapo, como tu, aunque es más grande -explicó -Así de alto -Kendra se puso en pie y estiró todo lo que pudo el brazo para indicar la altura del muchacho.

Alex volvió a fruncir el ceño. No lo entendía, o quizá no quería entenderlo. ¿Significaba todo aquello que él no era el único prisionero? Saltaba a la vista, con Kendra allí. Las razones eran lo que le preocupaba. Él estaba allí porque formaba parte de los planes de Zeon ¿Pero ella? ¿En qué parte del retorcido plan del círculo entraba Kendra? ¿Sería ella también una elegida? ¿Estaría manchada como él? Y el otro muchacho.

-Haremos esto Kendra -Alex se levantó y dejó ambas manos sobre los hombros de la niña -Iremos a buscar al otro chico y haremos una excursión por el bosque que hay cerca del castillo.

La niña entrecerró los ojos estudiosa y desconfiada.

-¿Después volveremos?

-¿Por qué quieres saber eso?

-Para llevarme a Teddy o no -señaló el oso de peluche mugriento que estaba sobre la cama deshecha.

-Podemos llevarnos a Teddy.

Como lo logró Kendra no le preocuparía, ni se lo plantearía, salir de aquél castillo cuyos pasillos y enormes dimensiones desconocía sería suficiente trabajo. Avanzaba despacio, con la niña detrás de él, llevándola de la mano sin soltarla un solo momento. Sus ojos miraban hacia cada celda que dejaba atrás, por el momento todas vacías. Si ciertamente había otro niño allí encerrado, no podía abandonarlo a su suerte, así que antes de marcharse, lo sacarían de allí.

Entonces lo vio, un bulto bajo una manta gris sobre la cama, no era un bulto muy grande a decir verdad, aunque tampoco podía estar seguro de si se trataba de un adulto o un niño. ¿Sería él?

-Hey -susurró al acercarse a los barrotes, buscando despertarle si es que dormía -¿Puedes oírme?

-Vamos a dar un paseo por el bosque -añadió Kendra, sin cuidar tanto el volumen de su voz como Alexander.

El mismo frunció los labios como si se lamentase por aquello. Aquél bulto se movió, y un joven de cabellos negros y ojos claros, sucio y desaliñado se dejó ver, y miraba tanto al rubio como a la niña con cierto recelo.

-¿Qué queréis?

-Me llamo Alex. Vamos a salir de aquí -prometió -¿Como te llamas?

-Jax -el muchacho se levantó de la cama y se acercó a los barrotes para poder verles más de cerca. A la niña la había visto antes en aquella extraña sala vacía dónde nunca conoció el objetivo de su encierro, pero al rubio jamás le había visto -¿Estás loco? Nadie sale de este sitio ¿Quién te crees que eres?

Landon tragó saliva, era cierto, no sería fácil, pero menos era no intentarlo, ya estaban manchados, condenados, no se lo pondría tan fácil a Zeon, no si tenía una oportunidad de volver a frustrar sus planes.

-Soy hijo de un portador, y sobretodo soy quién no quiere quedarse en su celda hasta ser un adulto y no recordar nada de lo que era, ni a nadie de los que amo. Puedes venir con nosotros, o quedarte aquí.

El joven de cabellos negros se humedeció los labios que sentía cortados y secos. Le aterraba intentarlo y fallar, el castigo no sería pobre. Había perdido la cuenta de cuanto tiempo llevaba allí, en parte, deseaba salir y buscar a su familia, probablemente ellos estuviesen buscándole desesperadamente.

-Está bien -aceptó tras meditarlo, asintiendo con la cabeza -¿Qué tengo que hacer?

Eran tres ahora los que avanzaban por el castillo con sigilo, aguardando no encontrarse con ninguno de los esclavos a disposición del círculo. Eran como robots, personas que habían perdido cualquier autoridad sobre si mismos, en cierto modo se asemejaban a los soldados X del sector cuatro, salvo que estos no eran tanto y no estaban diseñados para matar, sino para servir.

Alex se preguntaba en qué momento les detendrían, presentía que no tardarían en cruzarse en su camino y reducirles, devolverles a sus celdas y decidir anular sus poderes definitivamente, aunque eso fuese en contra de todo lo que intentaban hacer con ellos.

Había tenido tiempo para meditarlo ¿Por qué sino no les habían despojado de sus dones? Tan solo los agotaban, alimentaban su ira y su enfado, empezaba a creer que cualquier cosa que quisiesen de ellos debía de ser llevada a cabo con voluntad, y no forzosamente, sin ninguna clase de hechizo hipnotizador.

-Listen -Alex detuvo a Jax y Kendra, ésta segunda nunca se despegaba de él. Estaban agazapados contra una de las paredes, antes de doblar hacia otro pasillo -Creo que hacia el oeste hay una salida a los jardines. Salimos, y una vez afuera corremos tan rápido podamos hacia los bosques. Vine a pie hasta aquí desde el pueblo más cercano, conozco la zona más elevada. Una vez afuera haz todo lo que te diga ¿Si?

Jax asintió. Él no era como Alexander, no había vivido infinitas aventuras, tan solo era un niño de Wyoming, un pequeño pueblo dejado de la mano de Dios en el estado de Delaware. Solo era un muchacho torturado que echaba en falta a su familia, solo quería regresar a casa. Por lo que no se detendría a plantearse si debía o no seguir órdenes de alguien que parecía ser más joven que él.

-Vamos entonces.

Alexander tomó fuerte la mano de Kendra Stevens y asomó la cabeza para ver hacia el pasillo. Despejado. Era ahora o nunca, o tomaban valor y lo hacían, o nunca lo harían. Avanzó él delante, a paso ligero pero cuidadoso, y atisbó a sonreír cuando descubrió efectivamente la puerta que daba al jardín. Todo lo que tuvo que hacer fue empujar la puerta, encontrándola afortunadamente abierta.

Corrieron como no habían corrido jamás probablemente, ni si quiera Alex, que se había pasado los últimos tres años huyendo de Zeon, de militares y de toda clase de enemigos. Quizá corría más que nunca porque sabía que era una cuestión de vida o muerte, tal vez no en un sentido literal pues les necesitaban con vida; pero el círculo acabaría absorbiéndoles cada pequeña parte de ellos hasta convertirles en lo que tanto anhelaban.

Ni si quiera la verja les detuvo, Kendra volvió la materia invisible una vez más y siguieron corriendo sin descanso. Los dos muchachos estaban cansados pero eran fuertes, no obstante Kendra era apenas una niña, y tuvo que detenerse cuando se sintió agotada. Alex la tomó en sus brazos y aunque no pudo correr a la misma velocidad de antes siguió haciéndolo, viendo a Jax delante de él ahora. ¿Sería posible? Lo estaban logrando. Ya divisaba las densas colinas, los primeros árboles levemente azotados por la suave brisa invernal.

-Parad -exigió dando casi un grito. Necesitaba tomar aire, y hacer algo más.

Se tiró en el suelo, cerca de un charco y no por casualidad o azar. Con un dedo mojó el barro y lo acercó manchado hacia la cara de Jax.

-¿Qué haces? -se defendió él, alejando el rostro con el ceño fruncido.

-Solo déjame hacerlo, esto nos protegerá.

Él lo llevaba prácticamente tatuado en la piel, algo que se vio obligado a hacerse hacía mucho tiempo. No sería lo mismo con el barro, pero tan pronto tuviese un cuchillo o una aguja podría hacer un mejor trabajo. En la mejilla del moreno dibujó un símbolo marrón, parecía la estrella de David, salvo que tenía algunas modificaciones. Cuando terminó asintió hacia Jax e hizo lo mismo con Kendra, quién también se había sentado y a diferencia del moreno parecía resultarle divertido, otro juego más al que no dudaba en participar.

-¿Jugamos a los indios y los vaqueros? -preguntó queriendo acercarse la mano para tocarse el dibujo y sentir como era el tacto.

-No lo toques -la regañó Alex, levantándose y levantándola a ella -Servirá para que los hombres malos no puedan encontrarnos. Tenemos que seguir.

Jax se puso en pie nuevamente para reanudar la marcha. Creía que el rubio estaba pirado, pero a fin de cuentas, pirado o no, había conseguido sacarle de esa prisión y de esa forma volvería a casa, por lo que se guardaría su opinión personal para si en vez de compartirla.

La noche cayó sobre uno de los bosques más densos de Pennsylvania, en las montañas de pocono. La hoguera les daba el calor que necesitaban y los altos árboles les protegían de aquella nieve que había empezado a caer hacía unas horas y no se había detenido ni con el caer de la noche, todo lo contrario, parecía avecinarse una tormenta.

Alex tenía la teoría de que el círculo ya sabía a esas alturas de su huida, y que esa tormenta no era más que la manifestación de su ira, como si fuese la misma furia de los conocidos titanes.

Los escasos peces que había podido sacar del lago les habían servido de alimento a los tres, y con la mirada perdida en las llamas Jax decidió mirar a la niña que dormía abrazada a su oso de peluche, cubierta por la chaqueta que Alexander le había prestado.

-¿Como vamos a seguir ahora? -preguntó curioso el de Wyoming. El rubio le miró.

-Seguiremos hacia el norte. No estoy seguro de cuantas horas o días tengamos de viaje pero sé que estas montañas llevan hasta Nueva York. Es una ciudad grande, allí pasaremos desapercibidos y podré ponerme en contacto con personas que nos ayudarán.

-Entonces estamos cerca de Delaware -Jax tragó y sus ojos se iluminaron -Yo vivía allí. Vayamos, mis padres os acogerán, os darán ropa y-

-No -Alexander negó rotundamente y con fuerza -Delaware está hacia el sur, y tendríamos que pasar muy cerca de la zona del castillo. Seguiremos al norte.

-Daremos un rodeo, dices que conoces las montañas -discutió Jax -Ellos me están buscando -suplicó.

-Por esa misma razón no debemos ir, el círculo sabe de tus padres, sabe de ti, más que nadie.. -negó -Créeme, no harías mal en pensar que quizá ellos…

-¿Qué? -Jax frunció el ceño y pareció volverse su mirada peligrosa en un instante, una mirada furiosa.

-Nada -sentenció Alex.

No quería hacerlo, no quería decirle a ese chico que probablemente sus padres estaban a esas alturas muertos, que nadie estaría buscándole. Ni si quiera parecía saber qué era, o porqué había estado en esa prisión ni quienes eran los que le tenían cautivo. Mucho menos la clase de seres que eran.

-Seguiremos al norte -se frotó las manos antes de acercarlas más al fuego -Es una zona turística, debemos evitar ser vistos y seguir camino, detenernos lo justo y necesario. Puedes llamar a tus padres cuando lleguemos a Nueva York.

-No tengo dinero, y tu tampoco llevas nada encima que se diga -Jax enarcó las cejas -¿Te das cuenta de lo estúpido que es todo esto?

-No es la primera vez que viajo con los bolsillos vacíos. Nos las arreglaremos.

Conseguir una tarjeta de crédito falsificada no iba a ser el mayor de sus problemas ¿Cierto? El mayor de sus problemas era otro: ¿Por qué Zeon no había movido un solo dedo para detenerle? ¿Qué había sido más importante que ellos? ¿Qué les había distraído tanto?

END OF CHAPTER 8




Jan/11/13
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nobloodxnoglory:

CHAPTER 7: THE MESSAGE (LONDRES, INGLATERRA)


Las cosas cambiaban bastante cuando tenías un ángel de tu lado. Ahora Angela se lamentaba enormemente que Alice no hubiera aparecido en el camino de ella y Garett mucho antes de que tuvieran que pasar por lo menos dos Estados a pie para llegar a Canadá; definitivamente hubiera hecho las cosas muchísimo más fáciles, les hubiera evitado los cayos en los pies, y las noches mal dormidas. Pero el positivismo y mirar para delante siempre habían sido parte de Angela Toulson, así que dejó todo eso atrás para concentrarse en lo que ahora verdaderamente importaba: llegar a Inglaterra. Y, con Alice bajo la manga, hacerlo significaría no tener que sobrevolar el Atlántico con el terror de que pudieran derribarlos en cualquier momento.

La noche en que Charlotte apareció en el motel en Canadá, se aclararon varios puntos, y todos estuvieron de acuerdo en que era tiempo de dormir para renovar las energías antes de viajar al país del que Angie provenía, así que eso hicieron. Pegar ojo era mucho menos complicado cuando sabías que un ángel que no dormía te cuidaba la espalda.

Como no podían aparecerse en la OCGB y ya, porque éstos tenían protección contra todo ese tipo de apariciones mágicas, al igual que en su momento la OCEU, Alice no pudo hacer más que dejarlos en Londres, lo más cerca posible de la sede principal de la organización de cazadores ingleses. A partir de allí, volvían a caminar. Y a quejarse de los cayos; ya tenía Angela algo para quejarse con su padre esa vez: que quitaran ese sistema de seguridad que no la permitía aparecerse y la obligaba a sufrir dolor en sus pies una vez más.

Fueron apenas un par de cuadras, pero ninguno estaba en su máximo potencial, incluso aunque hubieran dormido bien la noche anterior, así que se hizo bastante largo el recorrido. Finalmente, llegaron al edificio de arquitectura antigua, donde no paraba de entrar y salir gente.

-La coartada es el banco central inglés –comentaba Angela, haciendo referencia a todas las personas que entraban y salían; ahora que volvía a su hogar, dejaba que su acento se hiciera de todas y cada una de sus palabras. Había tenido que mantener las formas en Estados Unidos, pero ya no más.

Se abrieron paso hasta los ascensores, pasando por recibidores que cubrían prácticamente toda la superficie de la planta baja, con empleados corriendo, yendo y viniendo, haciendo su trabajo para que el sistema bancario inglés no tuviera ningún traspié. Las pantallas enormes en las paredes antiguas dejaban ver cómo subían y bajaban las acciones, y otra que marcaba específicamente cómo iba la bolsa.

-Muy pocos de estos empleados son cazadores; la mayoría son civiles que no tienen idea lo que se gesta en los pisos de arriba –explicó Angie una vez estuvieron en el ascensor número cinco, aquel que no era controlado por ninguna cámara de seguridad porque era exclusivo, sólo para muy pocos-. Y los de abajo –recordó la castaña cuando se abrieron las puertas, dejando ver el piso quinto.

Garett Collins escuchaba atentamente la información que su hermana les facilitaba mientras seguía cuidadosamente los pasos de ella para no cometer ningún error. Estaba seguro de que la base de la OCGB no sería tan diferente como la que una vez tuvo la OCEU, y a decir verdad no estaba allí para decidir qué arquitecto se había esmerado más en una o la otra, estaba allí para ayudar a una tal Sanders y aportaría su grano de arena en ese trabajo, aunque fuese hacer acto de presencia e intimidar al hermano de Angela. De alguna forma sentía que aquello era importante.

De reojo miró a Charlie; sentía estar asi de distante con ella, pero no podía con su rencor. Quizá no fuese eso, sino dolor. Cual fuese la razón de una mentira no hacía que dejase de ser una, y aquella había sido tan duradera y tan evidente que no sabía ni como ella había podido mantenerla, ni como él pudo ignorarla.

-Tengo que decirte que ese acento te queda de maravilla, hermana -sonrió a Angie, ladeando la cabeza hacia ella -¿Ya has pensado qué vas a decirle a tu hermano?

La aludida sonrió de lado a lado ante el halago, meneando la cabeza luego a modo de respuesta a la pregunta.

-¿Pensar, yo? -Inquirió, alzando una ceja por sobre la otra mientras seguían andando-. Primero que nada, recriminarle que no me ha llamado en tanto tiempo.

Miró por encima del hombro a Charlotte, y luego al frente de nuevo. Le daba lástima la de ojos saltones, aunque entendía completamente por qué su hermano estaba enojado con ella; una relación se crea siempre a base de confianza, y Charlie había ido en contra de eso, lo que haría que a Garett le costara mucho volver a confiar en ella, probablemente.

-There -señaló la joven Toulson con un dedo índice a lo lejos. La puerta llevaba un cartelito arriba con el apellido y el rango de su hermano mayor.

Entonces, Angela le dio un par de golpes a la puerta con los nudillos de los dedos. Siempre le había gustado más pasar sin que le dieran permiso, pero en ese lugar nunca se sabía. Y con su hermano menos.

Al no recibir respuesta del otro lado, insistió con los golpes.

-Just a second! -Se oyó una voz masculina del otro lado. Angela frunció el ceño.

-Just a second, he says -murmuró por lo bajo, volviendo a golpear mientras intentaba hacer girar el pomo de la puerta, pero ésta estaba con llave-. Bastard -dijo por lo bajo-. Open up!

-Who’s there?

-Your sister!

-Angela?!

-How many sisters have you got, moron?!

-Oh come on -Garett puso los ojos en blanco y abrió la puerta girando con prisa el pomo, adentrándose en el despacho abierto a todas las posibilidades de lo que pudiese encontrarse adentro. ¿Celoso? ¿Porque Angie tenia otro hermano además de él que no conocía de absolutamente nada? No. Para nada. Quizá un poco.

La primera que ingresó detrás de Garett, de manera casi atropellada, fue Angie, quien estiraba el cuello para ver por encima de los hombros de su hermano, a su otro hermano. Hasta que finalmente pudo rodearlo y quedarse a su lado.

Sonreía de lado a lado al ver a un alborotado Ashton, quien estaba bastante desalineado y parecía no salir de su encimamiento. Luego, sus ojos fueron hasta la joven que estaba del otro lado del escritorio.

-¡Lydia! -Saludó a su amiga al reconocerla, ampliando incluso más la sonrisa. Estiró los brazos para acercársele y rodearla con ellos, cuando comprendió que su hermano no era el único que iba desalineado-. Oh. -Murmuró, frunciendo el ceño.

Primero miró a Ashton, luego a Lydia, y finalmente a Ashton de nuevo.

-Ew -fue lo único que pudo decir, asqueada por completo por las imágenes que se hicieron de su cabeza.

-Double ew -murmuró Garett con las cejas enarcadas. Ladeó la cabeza obligándose a reaccionar y dando unos pasos al frente tomó de los hombros a aquella tal Lydia, levantándola de dónde estaba sentada para guiarla hacia la puerta del despacho -Ha sido todo un placer, pero no se tienen relaciones extra laborales con un directivo en horario laboral muchachita, think about that, no creo que santa claus vaya a traerte nada este año. Bad girl -la sacó de un empujón del despacho y cerró de un portazo la puerta.

Quizá estaba algo histérico y nervioso, pero tenía sus razones. Quería hacer lo que tuviesen que hacer y volver a casa, centrarse en su hijo, en los demonios que Charlie tenía, en el tema de ese círculo de sahed, en todo lo que concerniese a su pequeño o pequeña. Pasar esa página y volver a su historia.

Angela fulminaba con la mirada a su mejor amiga mientras Garett la obligaba a irse, y Charlotte veía la situación un tanto pasmada; parecía no haber caído en cuenta de lo que Garett y Angie ya daban por sobreentendido.

-Hey, you! ¿Qué te crees que haces? No-no hagas eso -le decía Ashton a Garett. Estaba rodeando el escritorio para dirigirse al encuentro de Lydia cuando la mirada de su hermana lo detuvo-. That was one time…

-We need to talk -le cortó Angie, alzando ambas manos para que dejara de hablar. Se le quedó mirando por un momento, y no pudo hacer más que abrazarlo.

Y luego le golpeó la cabeza.

-That’s for not calling -y lo golpeó de nuevo- and that’s for Lydia.

Garett pensó que aquél sería un momento de hermanos, así que aprovechó ese inciso para mirar a Charlie y acecarse a ella.

-Hey -susurró, firme, serio, incluso frío, pero solo eran apariencias -Todo saldrá bien -dijo después, en un tono más suave esta vez, casi dulce -Nuestro hijo estará bien… Eres lo que más amo Charlie. Lo que más temo perder, a ti y ahora a nuestro bebé -buscó su mano con una de las suyas y le dio un apretón -Solucionemos esto y volvamos a casa ¿Si?

Eso era lo que realmente quería. No conocía a esa Zane Sanders, no sabía qué estaba haciendo en inglaterra mas que cuidar de su hermana. Esa misión era una de las tantas que aceptaba por pura obligación de su moral, por primera vez su vida parecía seguir un hilo que llevaría a un buen final, una familia, y quería esa familia.

Los ojos grandes y saltones de Charlie estaban clavados en la escena de los hermanos, pero cuando Garett estuvo junto a ella, se volvieron hacia él, y a medida que éste hablaba, se iban volviendo más y más cristalinos de a poco.

Asintió con la cabeza, apretando los labios y envolviéndolos, metiéndolos hacia adentro. Sonrió de medio lado y entrelazó los dedos de su mano con los del joven Collins.

-I’m so sorry -le dijo en voz baja, para que sólo él pudiera oírlo.

-Okay, here’s the thing -pronunciaba Angela, quien caminaba por el despacho de su hermano para tomar asiento frente al escritorio, en una de las dos sillas dispuestas allí. Subió los pies al mueble, como siempre hacía cuando su padre no estaba cerca-. Necesito que envíes un mensaje a tu otro yo en una dimensión paralela -dijo con total normalidad, a lo que Ashton se le quedó mirando como si estuviera loca.

-¿Y cómo voy a hacer eso? -Habló luego de un rato, sin entender.

Angie se encogió de hombros.

-No tengo idea.

Garett se giró después de asentir a Charlie y con el ceño fruncido chasqueó la lengua, acercándose a su hermana.

-¿La persona que te pidió que hicieras esto no te dio más información? Más detalles -preguntó -Si te ha hecho hacer un viaje como este es por algo importante, y ese algo importante necesita venir con más detalles -miró a Ashton, tendiéndole entonces la mano -Soy Garett, el hermano de Angie. Parte de madre. Ya sabes.

El joven Toulson tenía los ojos un poco más abiertos de lo normal ahora que sabía quién era el pirado que había sacado a Lydia de su despacho. Sorprendido, estiró el brazo para estrecharle la mano.

-Ashton Toulson. El hermano adoptivo. Ya sabes.

-You look cute together -comentó Angie sonriendo- I mean, not like ‘together’ together, but y’know -se encogió de hombros y rodó los ojos-. Whatsoever. Ash, tú haces esa cosa rara -hizo ademanes con las manos, como si estuviera fingiendo explosiones.

-Teletrasportación.

-Eso. Me apuesto el culo a que a Johanna la trajo el otro yo de mi hermano -le hablaba ahora a Garett. Había estado dándole muchas vueltas al tema-. Quizás si puedes hacerle llegar un pequeño mensaje…

-¿Un mensaje? ¿Estás loca? Eso nunca me sale bien; no lo controlo, y nunca sale como quiero.

Angie se quedó mirándolo.

-No te recordaba tan quejica. Haz un maldito papel y envíaselo al otro Ashton, no me jodas.
-¿Y cual es el mensaje? -Garett abrió los brazos en un gesto inquisitivo y casi histérico; acababa de darse cuenta de que en todo el viaje, no había hablado de ese asunto con su hermana y que, de hecho, no tenía ni idea de lo que les había llevado hasta allí -¿Qué sabemos de esa Sanders? Nada. ¿Le ponemos a ese Ashton en un mensaje que la busquen? ¿Así de simple? Joder -espetó, sentándose en la segunda silla libre, dejando caer todo su peso, agotado -Una cosa es perderse en el supermercado, pero perderse en otra dimensión.. Eso si es desviarse del camino.

Angie frunció los labios y arrugó la nariz. Garett no tenía un punto errado, lo que hizo que se quedara ella pensando un buen rato sin decir nada, y con los ojos de su hermano Ashton clavados en ella, analizándola. No la veía hacía prácticamente medio año, y cuando lo hacía era exclusivamente por trabajo; extrañaba las épocas en las que las responsabilidades no existían, y todo era muchísimo más fácil.

-Demos un salto a ciegas -propuso Angela, desviando su mirada de Garett a su otro hermano.

Estiró un brazo, tomando un anotador y una lapicera del escritorio, y comenzó a escribir. Cuando terminó, la dobló a la mitad dos veces, y la dejó frente a Ashton-. Trata enviarla a nuestro departamento afuera de Londres, al 29 de marzo de 2008, a esa dimensión. Que quede guardada en tu caja fuerte.

A su hermano se le salían los ojos. ¿Lo estaba jodiendo?

-Johanna dijo que se había venido todo abajo con la batalla de la Atlántida -le explicó a Garett, ahora mirándole a él-. La última vez que estuvimos en nuestra casa de veraneo antes de esa fecha, fue el 29 de marzo de 2008.

-Qué memoria -dijo Ashton por lo bajo.

Charlie se pronunció por primera vez, tomando asiento entre Angie y Garett.

-Son dimensiones paralelas; ¿qué si nunca existió ese viaje?

Angela arrugó la nariz, y antes de responder, su hermano le quitó las palabras de la boca.

-Demos un salto a ciegas.

-Todo esto me tiene tan estresado -susurró Garett; y como su silla estaba justo al lado de la de Charlie, si se estiraba podía alcanzarla a ella, así que eso hizo. Dejó la cabeza contra su hombro y la ladéo como si fuese un cachorro, dejando un beso en su cuello -Yo solo pido dormir veinte horas al día, enseñar a mi bebé a jugar futbol sea niño o niña, ver toda la saga de Star Wars contigo mientras comemos palomitas… Pero no, estamos en Londres porque una don nadie se ha perdido en el supermercado y ha terminado en otra dimesión -su tono era cansado, como si estuviese quejándose un niño de cinco años después de haber hecho muchas actividades en la escuela -Y tu eres tan bonita -dejó otro beso en su cuello.

Charlie sonrió de medio lado, queriendo cerrar los ojos y abrazar a Garett hasta que se acabase el mundo, pero lamentablemente no podía hacer eso, así que se limitó con alzar una mano que depositó en la mejilla de él para acariciarla con la yema de los dedos mientras apoyaba su cabeza sobre la de Garett.

Ashton seguía sorprendido.

-¿Vas a ser tía? -Inquirió, abriendo los ojos a más no poder, señalando a su hermana-. Alguien te hará tía y no seré yo, that’s not cool, man -le decía a Garett cuando Angie le fulminó con la mirada.

-Get to work -señaló el papelito, así que el joven Toulson se quedó mirándolo, intentando hacerlo desaparecer.

-Niño -murmuró Charlie a Garett-. Será un niño, me lo dijo Alice -le dijo bajito para que nadie más que él la oyera.

Rápidamente Garett miró a los ojos de Charlie. La sorpresa no le cabía en la expresión. Un niño. ¿Iba a tener un niño? ¡Iba a tener un niño! La sonrisa fue posándose cada vez más notable en la comisura de sus labios hasta expanderse completamente, y con euforia y emoción se acercó más a ella para poder besar sus labios una vez, y dos. Y una tercera, dejando una mano en su nuca.

-Te quiero.

Curioso, había hecho todo el viaje sin dirigirle la palabra y ahora, no parecia poder prestar atención a nada más de lo que pasara a su alrededor que a ella. Por mucho que lo intentase no lo lograría, estaba perdidamente enamorado de Charlie, y nada que ella hiciese, nada que el mundo le hiciese podría hacer que la quisiera menos.

La castaña sonreía de lado a lado tan ampliamente que sentía que comenzaban a dolerle los músculos faciales; veía a Garett e imaginaba a un mini Collins y no podía evitar que le brillaran los ojos y se le llenara el alma. Sí, las cosas no iban a ser para nada fáciles para ninguno de ellos, y los tiempos que se avecinaban serían complicados, pero eso no significaba que no tuviera el valor necesario para afrontarlo. Ella siempre había sido muy decidida, frontal y no le tenía miedo a casi nada; pero con su bebé sí había cambiado eso, porque ahora temía por él. Pero eso no pasaba cuando estaba con Garett. Era como si la esperanza se hiciera de Charlie; como si el sólo hecho de mirarle le hiciera saber que todo saldría bien.

-Yo también te quiero -dijo antes de abrazarlo con fuerza como si se tratara de un oso de peluche.

-Awww -se oyó que decía Angie.

Ashton también se quedó mirando la escena, así que su hermana le hizo señas para que siguiera trabajando. El papel no se movía.

Collins sonrió una última vez a Charlie, solamente a ella, antes de girar la cabeza para ver a Angela y Ashton. El dichoso pedazo de papel seguía ahí.

-¿Tan difícil es lograr esto? -inquirió enarcando una ceja. No lo entendía, se suponía que el tiempo apremiaba ¿No? ¿A qué esperaban? Aunque él no era el más indicado para hablar, le costó tiempo entender su habilidad y poder controlarla, los poderes son como un sexto sentido, algo ajeno a ti que a la vez es tuyo. Está, pero a veces no se muestra. Y cuando menos quieres que se muestre, está. Definitivamente, un tema complicado -¿No puedes hacerlo? -preguntó temeroso de que la respuesta fuese “no”.

Angie giró la cabeza, para volverse a Ashton y esperar la respuesta de éste. Lo cierto era que, aunque no pudiera hacerlo, su hermano nunca iba a decirlo; era de los que lo lograban, o morían intentándolo, pero nunca diría que algo pudo con él, no iba a darle esa satisfacción a nadie, y menos a un puto papel.

Como siguió sin responder, y los segundos de silencio se convirtieron en minutos, Angela comenzó a impacientarse. Los ojos de su hermano estaban fijos en el papel, y pudo jugar que la vena de su frente iba a explotar en cualquier momento. ¿Tanta concentración requería mover un maldito papelito? Se imaginó a Garett, dibujando y haciendo aparecer cosas de la nada. ¿Le habría sido tan difícil a él también, o las cosas simplemente aparecían?

-Fuck this shit -bufó Ashton, dejando caer todo su peso muerto en la silla que estaba contra la pared, al otro lado del escritorio. Puso ambos pies sobre el mismo, y Angie al mismo tiempo bajaba los propios, dejándolos sobre el suelo para incorporarse y estirarse para alcanzar el papel.

-¿Quieres que probemos con uno más chico? -Inquirió, intentando incentivar a su hermano. Lo miraba fijamente a los ojos, por lo que no pudo notar que había algo anormal en el papel blanco. Estaba caliente, como si recién hubiera salido de un horno.

-What the… -Ashton se incorporó, quitándole el papel de la mano a su hermana.

La parte que había estado sobre el escritorio, aquella que no podía verse hasta que Angie lo había tomado, se encontraba chamuscada, rasgos de que había estado cerca de ser quemada. El Comandante Toulson frunció el ceño, estiró rápidamente el papel, y empalideció.

Lo próximo fue estirar la mano para tendérselo a su hermana.

-Holy shit -musitó Angie, tendiéndoselo entonces a Charlie y, por tanto, a Garett.

Debajo del mensaje que la joven Toulson había escrito, había una simple respuesta: “I’m on it”.


Garett seguía sintiéndose como un tiesto, realmente todo en aquella misión era nuevo para él. Todos parecían saber lo que estaban haciendo, excepto él. Su única labor había sido desde el principio acompañar a su hermana y cuidar su espalda, porque si bien durante años no había tenido ni conocido familia alguna, eso no significaba que no supiese sus obligaciones como hermano mayor; y entre ellas, se encontraba la de cuidar a Angie.

Si ella necesitaba estar allí, si ella necesitaba hacer ese trabajo, él no tendría voz ni voto en el asunto, se limitaría a asentir y tener los ojos bien abiertos.
Conocer al otro hermano de Angie era más que extraño, pero después de todo podría hacerse una nueva alianza de ese encuentro, Ashton parecía un buen tipo que además, tenía una habilidad envidiable. En tiempos de guerra, era mejor hacer amigos que enemigos.

Sonrió a Angie y asintió; el plan se había puesto en marcha, todo lo que restaba ahora… Era esperar a que el Ashton de la otra dimensión enviase a la tal Sanders de regreso a casa.

Francia, dimensión paralela, años atrás…

El mes de Julio había sido toda una ganga para los comerciantes en Francia. El calor abrumador se había probado capaz de atraer a extranjeros a vacacionar al país, y todos los días de la última semana del mes prometían ser tan soleados como los primeros.

Los Toulson habían llegado al comienzo de la segunda quincena de Julio a pasar un par de semanas en su casa cercana a las playas francesas; aunque esa era la excusa, porque lo cierto era que el General de la OCGB, Graham Toulson, tenía un compromiso con el General de la OCFR. Las vacaciones eran sólo una excusa para que Angela dejara de preguntar por qué su padre pasaba tanto tiempo alejado de ella y su hermano Ashton, quien en realidad sabía sobre el secreto familiar que más tarde le sería develado a su hermana pequeña: ellos eran parte de la familia que durante generaciones había estado a cargo de la Organización de Cazadores de Gran Bretaña.

Aquel sábado por la mañana, Graham y su esposa habían salido hacia el centro; la excusa, claro. El único que sabía que el General tenía la tan importante cita con la OCFR ese día era Ashton porque, una vez más, era muy temprano para comenzar a alarmar a Angie con problemas que ya le llegarían cuando fuera el momento oportuno. Para ese entonces, lo único que tenía que saber era que sus padres no estaban, la casa había quedado para ellos solos, y la playa estaba apenas a un par de metros, así que no había mucho que pensar en realidad.

Se alistaron tan rápido como pudieron, y Ashton retó a una carrera a su hermana hacia la playa. De manera inconsciente, siempre se había preocupado por hacer cosas que mantuvieran activa a Angie; corridas, entrenamientos en el gimnasio, e incluso la había incentivado a practicar kick boxing. Cosas que, llegado el momento, le facilitaran un poco el camino, ayudándole a ocupar el lugar que por derecho le pertenecía como hija del General.

Pero, claro, Angela siempre había sido muy diferente a su hermano.

-Ésta es la última vez –había dicho apenas pudiendo con su alma mientras corría detrás de él, pues le costaba horrores respirar, como si alguien de repente hubiera reemplazado el aire por plomo. Aunque la única explicación era que ella no estaba en forma, y su hermano era el rápido, ágil y fuerte, no ella. Así de simple.

En efecto, él ganó esa carrera, tal como había ganado tantas otras.

Le siguieron a eso horas y horas en la playa. La rutina era, básicamente, adentrarse tanto como pudieran en el mar mediterráneo, ser lo menos aporreados posible, no tragar tanta agua salada, y salir antes que el sol comenzara a quemar sin que ellos pudieran notarlo. Luego venían los minutos en la arena, esperando a secarse mientras los granitos competían con los fuertes vientos para poder quedarse apegados a los cuerpos de los Toulson y, finalmente, la caminata por la playa, que casi siempre se hacía más larga que la de la vez anterior, y aquella no fue la excepción. Sin embargo, cuando estaban emprendiendo la vuelta con el propósito de comenzar a cocinar el almuerzo, un muchacho no tuvo mejor idea que comenzar a hablar con su hermana, y Ashton, que el tema del proteccionismo irracional sobre Angela ya lo había superado varios años atrás con el primer novio de su hermana, no pudo hacer más que seguir su camino. Después de todo, lo único que Angie odiaba más que el hecho de que su hermano fuera un entrometido, era cuando su padre era el entrometido.

De camino de vuelta a la casa nada le llamó la atención. Sólo se limitaba a quedarse parado de a ratos mirando el mar, y haciéndose el tonto esperando que su hermana lo alcanzara, pero Angela no aparecía. Había dos opciones: o se trataba de un asesino serial que iba a acabar con su hermana, o realmente le había gustado el chico, y seguramente habrían ido a beber algo por ahí. Así que, quedándose con la segunda opción pues la primera era muy poco probable, Ashton seguía con su camino.

Solía encontrar algo en la playa que él considerara que valía la pena atesorar. Restos de fósiles marinos, caracoles de mar, de tanto en tanto piedras preciosas… E incluso una vez había encontrado una botella con una carta adentro, una que no se había atrevido jamás a leer, porque lo sentía invasivo para la persona que la hubiera escrito. Todo lo que encontrara, lo guardaba en una caja que su hermana le había regalado años atrás, apenas siendo ellos unos críos; iba debajo de la cama, escondida donde las tablas del piso pudieran taparla, y dentro no había más que cosas que para otra persona no tendrían demasiado sentido, pero no para él. Indefectiblemente, cualquier cosa que encontrara en esa casa le recordaba a algo en particular, algún momento que había decidido atesorar en su memoria para siempre; donde él veía todo un recuerdo con lujos de detalles y enseñanzas de vida, otros veían un objeto sin valor. Incluso guardaba su primer sueldo, ese que le habían dado por su primer mes de trabajo en las vacaciones de sus dieciséis años allí en Francia.

No supo por qué, pero en lo único que pudo pensar durante esa vuelta a la casa de la playa, era en su caja. No recordaba con exactitud qué había atesorado y qué no, y eso le tenía bastante consternado. ¿Cuál había sido su última adquisición? Siempre había llevado un recuento exacto de todos sus recuerdos importantes en esa caja, y ahora simplemente le faltaban casi todos, como si los hubiera olvidado; y el objetivo de esa caja era no olvidar.

Admitiendo completamente que Angela no iba a volver pronto cuando pasó una hora desde la última vez que la había visto, Ashton decidió ingresar por fin a la casa, dirigirse hacia su habitación, cerrar la puerta detrás suyo, y quitó los tablones que habían debajo de su cama, para tomar su caja.

Allí estaban, a primera vista, pero tenía que cerciorarse de recordarlos a todos, así que comenzó con los que le resultaban más fáciles, que no eran precisamente los más recientes. Ahí estaba el dinero de su primera paga, la camiseta que Katherine Ames le había regalado en el primer año, la pelota de beisball que había hecho autografiar cuando su padre le había llevado de pequeño a los Estados Unidos, un papelito firmado por Angela Toulson admitiendo que se había copiado en un examen, lo cual le había dado por todo un año a él la posibilidad de chantajearla hasta que su hermana finalmente se lo dijo a sus padres. También estaban las rocas preciosas, caracoles marinos, retos fósiles, y la botella con la carta adentro que aún no se atrevió a leer, dejándola de lado. El certificado médico que le anunciaba a su madre que tenía cáncer; uno que ella había tirado a la basura, pero que él había guardado porque, así como atesoraba las cosas buenas, también recordaba las malas.

Frunció el ceño notoriamente cuando encontró en una cajita la piedra que le habían extraído el año anterior cuando tuvieron que extraerle la vesícula; había deseado que con el tiempo se encogiera, para que ese recuerdo se hiciera menos doloroso pero, por el contrario, cada vez le parecía que estaba más grande. El tamaño de una frutilla pequeña, quizás.

Seguía indagando entre sus cosas cuando encontró un papel doblado por la mitad dos veces que no le trajo ningún recuerdo en lo absoluto. Eso era extraño. ¿Había perdido la caja su efecto? Si justamente estaba para ayudarlo a recordar… Pero no había caso: no recordaba haber visto ese papel en toda su vida.

Lo desplegó. Eso no era como el papel dentro de la botella, que él sabía que algún náufrago alguna vez lo había enviado al mar para que alguien a quien quería –u odiaba, cabía la posibilidad- lo leyera; no, era diferente, porque ahí no había indicio de que se tratara de un secreto. Si había aparecido en su caja, era porque él tenía que leerlo, ¿no? Qué importaba, la curiosidad le podía más.

“D.D:”.

Así comenzaba la carta, y por el rápido pantallazo que le dio al resto del papel, supo que era la caligrafía de su hermana. Quizás un poco menos prolija que otras veces, pero se entendía como suya de todas formas. Además, la manera de referirse a él la delataba por completo. “D.D:”, (“Dear Dumbass:” en el diccionario de “abrevio las palabras porque rockeo” de Angela Toulson). Así que de más estaba decir que le atrajo por completo esa carta, toda su concentración enfocada en esas líneas, porque tenía que saber cómo Angela se las había arreglado para saber sobre su caja y su secreto. ¿Le habría dado al cuchillo mata-demonios que había utilizado para su entrenamiento y primer asesinato y aún guardaba algún especial significado? Esperaba que no. De todas formas, ¿cómo podría? Intentaba convencerse de eso, pero a medida que leía cada vez le resultaba menos comprensible; nada parecía salido de su hermana en realidad.

Excepto de la caligrafía, las abreviaciones absurdas, y la forma en que firmó al final: “Love, S” (aka “Love, Smartass”). Así se llamaban, D&S Toulson, Dumbass&Smartass. Su padre lo odiaba, pero a ellos les importaba un cuerno.

Tuvo que releerla. ¿Cómo no hacerlo si todo parecía ahora tan engorroso? Pero tenía la sensación de que por cada vez que la leía, menos comprendía. O quizás era al revés, porque más entendía y entonces más se enredaba. Fuera como fuera, no podía ser cierto.

¿No?

Tenía que ser una broma de mal gusto.

-What the hell, Angie –fue lo único que logró decir antes de hacer un bollo con la carta y revolearla tan fuera de su alcance como pudiera, en una esquina de la habitación, donde recuperarla supusiera un gran trabajo que en ese momento no estaba dispuesto a hacer. Al fin y al cabo, podía jurar que ya se sabía esas líneas de memoria.

No supo cuánto tiempo estuvo dándole vueltas al asunto. Se olvidó de comer, y de hacer la cama luego de recostarse y revolverse en el colchón como si ahí pudiera encontrar respuestas. De tanto en tanto se le olvidaban algunas palabras exactas, así que recuperaba la carta, la releía, y recordándolo todo se tiraba de nuevo a pensar; en la cama, en el piso, en el umbral de la ventana. Horas y horas se había pasado en otro momento mirando hacia afuera el mar, pero esa vez miraba sin ver realmente, porque su mente divagaba en un mundo completamente distinto.

Hubo frente a él un abanico de posibilidades diferentes. Podía ignorar la carta, quemarla y fingir que nada había pasado; esa no era la más sensata de las posibilidades, pero sí quizás la más inteligente, de momento. Podía elegir creer en esa carta, lo que definitivamente le iba a martirizar por el resto de sus días. Aunque también podía patear el problema; ahora que conocía el futuro, no era necesario que buscara a la tal Sanders, sino que utilizara a su favor los datos importantes, y olvidara los que pudieran traerle problemas.

Pero él no era así. Huir y olvidarse lo convertían en un cobarde. Desinteresarse por Sanders, en un ruin. Por lo tanto, no siendo él ni cobarde ni ruin, no tenía muchas más opciones que manejar: tenía que afrontar la situación tal como se la habían planteado.

Un mundo nacido del odio hacia la raza humana, y alimentado por la violencia y la destrucción. Un mundo de caos, en el que la mejor esperanza de la humanidad era esperar a que alguna dimensión paralela pudiera prestarle ayuda, portadores que en otro lugar del infinito universo de las probabilidades no hubieran muerto en la batalla de la Atlántida.

La Atlántida. ¿Qué mierda era eso? Tendría que hacer muchas investigaciones.

Un mundo en el que vivirían bajo tierra, y el único propósito de los hombres sería convertirse en soldados para proteger a sus mujeres y a sus hijos de una muerte segura.

¿Cómo era eso siquiera posible? No le gustaba para nada eso que pintaba la Angela del futuro y dimensión paralela –qué engorroso sonaba-.

Su primera suposición fue que tenía que advertirle a su padre, para poner en marcha un plan de defensa y ataque a futuro, porque si la pérdida de la batalla de la Atlántida estaba tan marcada a piedra como Angela decía, eso significaba que desde ya tenían que comenzar a prepararse para los días que vendrían. ¿Alertar a las demás potencias quizás?

Estaba pensando en ese plan, ideando futuras bases subterráneas que fue lo que le pareció más seguro para contrarrestar el ataque enemigo, cuando alguien irrumpió en su habitación.

-Me casaré con éste tío –oyó decir a Angie, quien sonreía de lado a lado de una manera un tanto tonta.

Venía inmersa en su burbuja, pero ésta se pinchó al ver a su hermano despatarrado en el piso, con doscientos millones de todas a su alrededor, la cama corrida fuera de lugar, una caja dada vueltas, una botella, piedras, maderas del piso salidas… Entonces, señaló a una de las cosas en particular. ¿Era eso un maldito fósil?

-Ew –fue lo único que dijo, abriendo los ojos un poco más de lo normal por un momento, aunque frunciendo el ceño y empequeñeciéndolos luego-. Eso es asqueroso –le dijo a su hermano. Curioso, cuando ella era la futura estudiante de medicina que tendría que abrir personas y estudiar sobre el tema, ¿no?

Ashton también salió de su burbuja personal, sobresaltándose y volviendo en sí con rapidez, pudiendo luego de varios intentos fallidos sentarse. Hizo a un lado la mayoría de las cosas sentadas.

-We need to talk –fue lo único que le dijo a su hermana, determinante y autoritario, como siempre que no bromeaba.

Anotó en su lista mental: trabajar en sus habilidades de teletrasportación, hablar con su padre y crear un plan patea-traseros, crear bases subterráneas en los puntos más importantes y críticos del mundo, educar a su hermana en demonología y el arte de la guerra, y buscar a la tal Sanders dentro de veinte años, cinco meses y nueve días.

Y contando.


Dimensión desconocida, Coordenadas inciertas

Días desde su llegada 721 

El astro rey brillaba en lo alto, presenciando el incansable cantar de los pájaros acompañado de la música salvaje. El flujo del río, el caer del agua de la cascada, el leve soplar del viento.

Acomodada sobre una roca lisa y cómoda cerca del pequeño lago, calmo en esa zona lejos del caer brusco del agua que bajaba de la cascada, Zane Sanders miraba su propio reflejo en el agua.

Había pasado mucho tiempo, por razones que no alcanzaba a comprender el haber sido despojada de su inmortalidad y su poder conseguía que viese pasar el tiempo de otro modo. La esperanza de volver a casa, de volver a su mundo ya había sido eclipsada por la necesidad de aprender a sobrevivir en aquél otro. La ropa no había podido soportar casi dos años de lucha constante para la supervivencia, rasgada y habiendo perdido su color sin embargo seguía guardándoles del frío que azotaba esa dimensión para aquellas fechas, así como el intento de abrigo de piel que cubría su espalda.

Aquél pasaje de características preciosas y calma insuperable les había protegido durante mucho tiempo, sin embargo habían tenido que salir en busca de alternativas para volver a casa, debieron cazar, luchar contra las criaturas que plagaban cada zona espesa de la jungla. Tanto ella como Philipp, habían aprendido muchísimo. Zane nunca había sido la princesa que debió ser, jamás se dejó engatusar por los placeres del reino de su padre, nunca se había aprovechado de sus sirvientes, así que no fue la doncella en apuros que otros pensarían había sido.

Sin embargo ya no se leía la misma fortaleza en esos ojos grandes y azules, había melancolía en ellos, añoranza por su hogar, los amigos y personas que le importaban que había dejado atrás.
Pensaba en ellos todos los días, cada uno de ellos, para no dejar que el tiempo le robase algo tan preciado. Después de haber vivido durante dos años antes de conocer a Layla Lake y Joshiel Stevens como una cazadora solitaria, tras haber descubierto los oscuros planes del Rey Salomon y conocer con certeza que no quedaba atisbo de bondad en el alma de su padre, se había acostumbrado a la soledad. Sin embargo volvió a abrir su corazón y a dejar entrar a otros en él, solo para verse después despojada de esa compañía y sentir impotente como un vacío volvía a hacerse dentro de ella, un vacío que Philipp no tuvo problemas ni inconvenientes en llenar. ¿Quién lo hubiese podido decir? Que su intento de liberar al mundo de un virus la llevaría a conocer al chico más maravilloso, valiente y dulce del mundo.

Los primeros días, las primeras semanas intentó negarse a aquello, intentó no caer en los enredos del amor porque sabía como aquello acabaría. Pero a medida que el tiempo hacía su trabajo, ella fue convenciéndose de que ya no habría una vida inmortal para Zane Sanders, y que no había acierto alguno en evadir lo que sentía, que quizá por fin viviría una vida mortal como cualquier hombre, y moriría a sus ochenta años como el ciclo de la vida exigía que sucediese.

-Tengo dudas de si seguirán esperándome -habló con su usual voz aguda y dulce Sanders, aparentemente dirigiéndose al agua, pero no era así. A su lado, se encontraba un conejo que olisqueaba todo a su alrededor -Ha pasado mucho tiempo -apartó la mirada de su reflejo y observó al pequeño animal -Quizá todo haya cambiado y con mi desaparición haya hecho algo bueno, después de todo sin mi no hay libro, sin mi no hay reinado de Salomon y sin mi el apocalipsis no avanzará ¿Cierto? -enarcó las cejas y con una media sonrisa posó una mano tras las orejas del conejo, acariciándole -Tienes razón, nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que si Philipp vuelve a verme hablando contigo va a dejar de tener dudas y a encerrarme definitivamente en esa cueva en la que hemos estado tantas veces con una etiqueta de demente. ¿Sabes que hoy es mi cumpleaños? -añadió con el ceño fruncido y tomando al pequeño animal en sus brazos para posarlo en su regazo -105 años. No puedes negarme que me conservo bien para mi edad… -su mirada volvió a perderse en el agua -Me pregunto si Johanna me habrá perdonado. O si se acuerdan de mi, al fin y al cabo soy un maldito dolor en el culo. Ian te lo confirmaría, incluso tu lo sabes -alzó al animal para ponerlo en frente de ella, a la altura de su rostro -Tranquilo, nunca dejaré que te cocinen, eres la mascota oficial del team lost. Se me ocurrió por una serie de televisión, el protagonista estaba para comérselo -arrugó levemente el ceño -No le digas a Philipp que he dicho eso.
Todo aquello que conocían se había ido al aparecerse en esa dimensión y, en el caso de Zane y Philipp, también habían perdido a las personas que querían en el camino. Ese aspecto era distinto para Emily e Ian, puesto a que todas las personas que alguna vez se habían involucrado con ellos habían muerto en manos del demonio que había maldito a su familia generaciones atrás, así que sólo se tenían a ellos mismos. Ellos llevaban años ya en esa dimensión perdida y completamente desconocida cuando Zane y Philipp aparecieron, por lo que habían aprendido a dejar el pasado y el dolor atrás, para concentrarse en el futuro que, si bien no se veía demasiado alentador, era uno mejor del que tenían años atrás.

Emily había logrado, con el tiempo, superar la muerte de su esposo y de su hijo, de sus padres, sus tíos, sus hermanos… Ian fingía haberlo hecho, casi logrando convencerse a sí mismo a veces de eso, pero lo cierto era que muy dentro suyo, en lo más profundo de su ser, aún habitaba dentro suyo ese deseo de venganza, la sed de ver acabado a aquel que les había hecho el mal a él y a su familia.

Philipp, por el contrario, no extrañaba la dimensión de la que venía. Sí pensaba en con más regularidad de la que le hubiera gustado, y todos los días deseaba que su hermano no hubiera muerto en manos del enemigo, pero para luchar le habían entrenado su vida entera, así que se podía decir que ya había dejado el pasado donde tenía que estar: en el pasado. Además, hacía tiempo su hogar no era un lugar o una localidad en especial, sino una mujer de carne y hueso que, a ojos de muchos, podría parecer una común, normal como cualquier otra, pero él había sabido desde el momento en que la había conocido que era distinta, diferente. Especial. Una mujer que se había convertido en la luz de sus ojos, y en el centro de su Universo. Su hogar era Zane Sanders, no la cueva que habitaban, ni el paraíso terrenal en el que vivían, sino ella. Ella, y su pequeño niño que estaría en poco cumpliendo los trescientos sesenta y cinco años de vida.

-¿Crees que alguna vez vaya a responderte? –inquirió Emily a Zane, tomando asiento a su lado con cuidado, sonriendo de medio lado y observando al conejo. Bien sabían las fuerzas superiores que ella ya había probado hablándoles, y no había obtenido respuesta; pero nunca se sabía en ese extraño mundo en el que ahora vivían.

Los hombres habían salido a reponer las provisiones de comida, y Emily, que había quedado a cargo del niño tras insistirle a Zane, acababa de lograr hacerle dormir.

Zane sonrió a Emily al mirarla de reojo y negando, dejó al conejo sobre la roca de su izquierda para que se marchase si así lo deseaba.

-A estas alturas lo dudo, pero oye, si el conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas podía hablar, no veo porque no éste -le echó un ojo al animal y enarcó una ceja -Claro que este no es blanco… -se encogió de hombros.

Volver a ser madre había supuesto recordar el abandono de Kahlan y como no supo cuidar de ella. Durante los primeros meses de embarazo lo sintió como una condena, no obstante cuando tuvo al niño en sus brazos y escuchó silenciar su llanto todo aquello desapareció. Era una nueva oportunidad, lo haría bien con él.

-¿Se ha dormido? -preguntó haciendo referencia a su hijo, y poniéndose en pie. Entrecerró los ojos intentando ver más allá de la entrada de la cueva que llevaba tras un largo trecho al otro lado de la jungla, al lado salvaje y peligroso, al menos agradable. Cada vez que Ian y Philipp se marchaban la espera se hacía eterna hasta su regreso -Será mejor que volvamos a la cabaña, el sol se pondrá pronto y si para ese entonces Philipp e Ian no han regresado saldré a buscarles -tendió la mano a Emily para ayudarla a levantarse.

Dos años habían sido, dan para mucho. Aprendes a aceptar como amigo al que al principio creíste enemigo, no les había quedado otra opción que confiar los unos en los otros.

Emily miró la mano de Zane, y estiró la propia para tomar la de la otra a regañadientes; no porque tuviera algo contra la castaña de ojos grandes y azules, sino más bien que el hecho de que acababa de sentarse y ahora tenía que ponerse en marcha de nuevo le molestaba.

-De eso nada -habló Emily, quien se sacudía las ropas con las manos para limpiárselas; quizás sí extrañaba un lavarropas como la gente-. ¿Tengo que mencionarte que tú debes quedarte, cuidar de tu hijo, y yo ir a buscarlos en tal caso? -Alzó una ceja por sobre la otra, comenzando a andar-. Pero no pensemos en eso, que seguro nada les pase.

Aunque Zane volvía a estar en lo cierto. Cada vez que Ian y Philipp se iban, ellas no hacían más que quedarse con el corazón en la garganta a la espera de que volvieran, y aquellas horas habían demostrado que podían volverse interminables. La incertidumbre era lo peor. En una ocasión, antes de que el niño naciera, habían ido ambas a buscarles, tardando incluso más que ellos en volver a la cueva y, cuando lo hicieron, resignadas y temiendo haberles perdido para siempre, se encontraron con que ellos ya habían vuelto hacía rato, siendo Philipp e Ian los que habían tenido el corazón en la boca. Ironías de la vida; cosas que pasan.

-Necesito un cigarrillo -comentó la mujer de cabellos rubios como quien no quiere la cosa. Hacía años que los añoraba.

Zane arrugó la nariz; a decir verdad, ella también echaba de menos esas cosas. Ventajas de haber sido inmortal, por mucho que fumara o bebiese, nunca se emborrachaba lo suficiente y nunca inhalaba el humo suficiente para morir. Su cuerpo era su defensa más poderosa. Lastima que ya no fuese así.

Cuando entraron en la cabaña se sacó el abrigo dejándolo sobre la mesa, y no perdió tiempo en acercarse a la habitación pequeña que debieron alzar antes de que el bebé naciera. El espacio no era envidiable, pero era suficiente para la comodidad y calentor del niño, no pasaría frío en las noches de invierno.

Acercándose a la improvisada cuna de madera sonrió al verle con los ojos abiertos como dos platos.

-¿Has vuelto a engañar a tía Emily, enano? -acarició por sobre la manta su tripa, dejando que el niño le agarrase la mano e intentase llevársela a la boca -Eso no está bien, Thunder. Nada bien… Pero quién podría regañarte a ti ¿Eh? -suspiró y soltándose de su agarre estiró los brazos para tomarle, besándole la cabeza cuando lo tuvo aupa -Nadie puede. Tienes la mirada de cachorro de tu padre.
Desde lo que podría llamarse el umbral de la puerta, Emily observaba la escena, con los brazos cruzados sobre su pecho, apoyada sobre la madera, y los ojos levemente entrecerrados, contagiados por la leve sonrisa que habían formado las comisuras de sus labios. Era increíble cómo había pasado de conocer a una Zane Sanders completamente despreocupada y hasta podría decirse que infantil, para ver a esa mujer fuerte y tan amante de su hijo que estaba dispuesta a hacerlo todo por él.

Los ojos de la joven Hamilton se cristalizaron de repente, recordando cómo ella misma hacían aproximadamente doce años atrás había tenido por primera vez a su pequeño Eames en brazos. Qué cruel e injusta había sido la vida con ella, arrebatándole a quienes más quería en un par de golpes despiadados. Había logrado criar a Eames, siendo una madre adolescente, sabiendo ella sola lo mucho que le había costado mantenerle a salvo… Pero, al final de cuentas, no había podido mantener esa promesa de protegerlo sin importar qué pasara; le había fallado a su pequeño, y algo dentro suyo latía con furia cada vez que veía a Zane junto a Thunder. No hacia ellos, no. Furia hacia el enemigo, cualquiera ese fuera. No iba a dejar que nadie le hiciera a Zane lo que le habían hecho a ella. Eran una familia, por loco que pareciera, y se cuidaban entre ellos.

Estaba Emily inmersa en sus pensamientos hasta que un sonido la trajo a la realidad, haciéndola sobresaltarse y separarse de manera inmediata de la pared.

-¿Qué mierda…? -alzó las cejas al principio, pero frunció el ceño después, viendo primero a Zane, y luego a Thunder, se giró sobre sí misma para salir a ver qué pasaba, tomando uno de los machetes de Ian en el camino-. Quédate adentro -ordenó a su compañera, bien sabiendo que nunca le hacía caso.

En realidad, si se ponía a pensárselo, ninguno le hacía caso. Ni siquiera el pequeño Thunder.
El ruido no había pasado por alto para Zane, aunque su hijo llegase a distraerla muchísimo jamás lo hacía al cien por cien, precisamente porque su seguridad era lo más importante.

Con el ceño fruncido miró hacia el umbral por el que Emily había desaparecido. Mal asunto. Se acercó a la pequeña ventana de la habitación y apartando la cortina aún con Thunder en brazos miró hacia afuera. El sol ya se había puesto tras las colinas y la oscuridad comenzaba a caer.

-Maldita sea -susurró para si, dándose la vuelta para acercarse a la cuna y dejar allí a su pequeño, negando cuando escuchó su primer sollozo -Calma, calma.. Todo estará bien.

Decidió acercarse una vez más a la ventana, quizá viese a Emily. Estaba claro que no podía salir y dejar a su hijo solo, pero tampoco quería dejar a Em sola ante el peligro. A pocos centímetros de la ventana tuvo que retroceder por el susto y la impresión cuando el cristal se reventó, los cristales salieron disparados y Zane alcanzó a ver tras parpadear varias veces una enorme pata con largas garras. Habían tenido mucho tiempo para apreciar la fuerza de toda clase de criatura en aquél mundo, y en pocas ocasiones era una fuerza inferior a la de ellos. Por suerte, los machetes y las balas y armas que un año atrás recogieron del bar en el que ella y Philipp habían llegado habían ayudado a su supervivencia, y a darles una ventaja extra.

Cuando el “animal” retiró la pata Zane cogió aire. ¿Se marcharía? Pero algo impactó contra la madera de la habitación y la sintió temblar. No, no se había marchado.

Reaccionó deprisa y buscó entre los muebles improvisados una de las armas, encontrándola y apuntando hacia la ventana. La madera cedió y las astillas salieron disparadas como anteriormente habían hecho los cristales, y la criatura se lanzó sobre Zane al ser lo primero que vio como una amenaza. Y más carne para comer, claro.

Ella intentó no perder el arma al caer y usando el brazo para alejar el cuello de la bestia y evitar así que le arrancara la cabeza de un mordisco intentó colocar el cañon en el lomo para apretar el gatillo. Aunque se estaba llevando algún que otro arañazo de aquellas garras, el disparo se oyó.
Y tres más, hasta que Zane pudo sacarse a la bestia negra de encima.
Afuera, la cosa pintaba bastante más complicada en realidad, pues cuando Emily logró salir por la puerta principal de la casita que habían montado, varias criaturas como las que acababan de atacar a Sanders revoloteaban el lugar, tan amenazantes como esas criaturas carnívoras depredadoras podían ser.

Cómo habían llegado ahí no lo sabía, y tampoco iba a detenerse a preguntárselo, porque sólo querían su cabeza o, peor aún, la de Zane y el pequeño Thunder.

Esperando que hubiera tiempo más tarde para preguntas y para arreglar cualquiera fuera la falla que había tenido ese lugar dejando entrar a esos intrusos, Emily no tardó en esquivar a la primera criatura que había pretendido acabar con ella de un zarpazo. Ella no tenía la fuerza y la destreza física de Ian o de Philipp, y mucho menos la técnica de Zane, pero sí había aprendido a ser rápida y escurridiza, lo que le permitía esconderse cuando no quería ser vista, y alejarse del enemigo en el momento justo antes de convertirse en cazada.

Al primero le incrustó el machete en la espalda, donde Ian le había enseñado que más abajo estaría el corazón de la bestia. Al segundo lo esquivó para cortarle la cabeza; pero aunque era rápida, no lo fue tanto, y cuando intentó siquiera ir a por el tercero, éste ya había logrado arañarle la espalda en su totalidad, obligándola a soltar un grito que desgarró su garganta. Pero, aún así, se giró y clavó el machete en la cabeza del bicho.

-¡¿Zane?! -la llamó Emily-. ¡Vete ya! -estaba claro que si una de las dos podía huir de esas bestias, tenía que ser la madre del pequeño, la que más experiencia en supervivencia tenía. La que mejor iba a arreglárselas ahí afuera y, bueno, la que no tenía una herida en la espalda que le imposibilitaría la carrera.
Sanders ya se había puesto en pie y el grito de Emily, no con el que la llamó por su nombre sino el primero, el doloroso, la despaviló. Ignoró el dolor y sacó la manta de la cuna para pasársela por encima a su hijo, cubriéndole incluso la cabeza como si fuese una capucha. Después lo tomó en brazos y calmándole con un susurro se dispuso a salir de la habitación y también de la casa, no sin antes tomar lo que necesitaría para luchar y defender a Thun.

En cuanto salió, la luz de la luna alumbró claramente a dos criaturas más que se acercaban desde la cueva, además de aquella que estaba preparada para montarse un festín con Emily. Zane lanzó el machete horizontalmente, con fuerza, dándole el envión suficiente para que la cuchilla pudiese cortarle la cabeza a la bestia sin problemas. Funcionó.

Cambió a Thunder de brazo para sostenerle con el otro y desenfundó una granada, no dudando en usarla. La lanzó hacia las dos que venían y dio la espalda a la escena solo para proteger a su hijo, cerrando los ojos cuando la explosión hizo eco. Estaban perdidas… Vendrían más, esas bestias se movían en manada, y no había rastro de Philipp ni Ian. ¿Habrían caído de regreso a casa?

La rubia, que había cerrado los ojos esperando que al menos su final no fuera tan doloroso como el que había imaginado en sus tantas pesadillas, abrió los ojos sin poder creerse lo que veía. Era Zane, obviamente; ella nunca paraba de sorprenderla.

Incorporándose como pudo, se estiró para recuperar el machete, y comenzó a andar hacia donde estaba la Sanders, intentando caminar tan erguida como podía, que no era mucho en realidad.
-¿No te cansas de salvarme el trasero? -preguntó Emily, aunque claro que era una pregunta retórica. Mientras andaba, se cercioró de que Thunder iba con su madre, y que Zane no estaba gravemente herida, lo cual era algo muy bueno.

Iba a decir la rubia algo más cuando algo le hizo girar la cabeza y ver hacia la cueva. En la tranquilidad de la noche, se podía oír que algo sonaba ahí adentro, aunque Emily no fue capaz de distinguir de qué se trataba y, como si eso fuera a ayudarla a ver, frunció el ceño y dio un par de pasos hacia delante, girando la cabeza, a la espera de cualquier cosa mientras se aferraba al machete y se maldecía por no haber tomado alguna de las armas de fuego que habían dentro de la casa.

Su ceño contraído volvió a la normalidad al igual que los músculos tensados de su rostro cuando logró percibir que de la caverna no salía otro que no fuera Ian. Emily sonrió de lado a lado, pero conforme pasaban los segundos comprendió la gravedad de la situación. ¿Dónde estaba Philipp? ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué Ian cojeaba tanto, y por qué los ruidos no cesaban dentro de la cueva? El estado de su primo era calamitoso, y siendo que acababan de ser atacadas por bestias minutos atrás, era fácil comprender a qué se debía eso.
Zane dibujó la misma sonrisa de alivio de Emily al ver a Ian, pero poco tardó en borrársele. Allí faltaba uno, en esa escena faltaba uno y muy importante. Esperó, por instantes no se movió, ni si quiera respiró, tan solo miró hacia la cueva a medida que Ian se acercaba más y más sin que ella se diese cuenta, a la espera de que Philipp se dejase ver. Pero no aparecía, los segundos se hacían eternos y no veía a su chico.

Su pecho se encogió tanto que sintió su corazón aprisionado, el sabor amargo de la preocupación atascado en su garganta y sus ojos empañándose.
Los labios le temblaron apenas cuando los posó sobre la cabeza, cubierta con la manta, de Thunder. Dejó que sus párpados cayeran y sin darse cuenta aferró al pequeño con más fuerza, el que no había parado de lloriquear ni un instante, solo para sollozar y coger aire.

-It’s okay Thun. It’s okay… Dad’s fine, he’s coming.. You’ll see. Sh..

Ian corría tanto como podía, aunque bien podría haber estado arrastrándose con las pintas que llevaba. Emily vio alivio en los ojos de su primo al verlas a las dos sanas y salvas, en el más lineal y no tan estricto sentido de esa frase, y oyó a Zane hablar al pequeño Thunder. Le hubiera gustado abrazarla y darle fuerzas, decirle que todo iría bien, pero ella ahora compartía los mismos miedos que la castaña: ¿dónde estaba Philipp?

-¿Dónde…? -comenzó diciendo la rubia, que fue cortada en seco por la voz tajante y autoritaria de su primo.

-Deben irse, ocupar la salida alternativa del río, allá por la colina -hablaba aún acercándose a ambas-. Corran y llévense a Thunder -tomó a su prima por los hombros, para cerciorarse que estuviera bien. Él estaba de acuerdo con que cuatro podían mejor que dos, pero en ningún momento su prioridad había dejado de ser Emily-. Has lo que te digo -pidió Ian, más que en una orden, aquello había sido un ruego, al notar que su prima comenzaba a negarse.

-¿Qué ha pasado con Philipp? -habló Emily con urgencia, preguntando eso que las dos querían saber.

Ian pareció dudarlo. Fue apenas un segundo; uno que Emily y cualquiera que le conociera no dudaría en notar.

-Bien -dijo, tajante de nuevo- él está bien. Ahora márchense. -Empujó a Emily, y se oyeron rugidos provenientes de la ya mencionada cueva.

-No -la voz de Zane se impuso sobre la de Emily e Ian, dirigiendo ésta la mirada al segundo mencionado -No dejaré a Philipp atrás. Él vino a esta dimensión por mi, no huiré y salvaré mi vida sacrificándole de nuevo. Thunder le necesita -acabó de decir.

Inspiró aire y besó otra vez la cabeza de su hijo, y su frente, y sus labios.

-Mamá volverá. Te lo prometo -no podía alargar aquello más, no había tiempo. Le tendió el niño a Emily sin darle demasiada opción -Vayan hacia el rio, los dos. Les alcancaremos antes de que se den cuenta.

Siempre tenían una salida alternativa de aquél “paraiso”, y conocían el camino muy bien. Se alejó de ellos sin volverse a ver a su hijo y recuperó su machete, el que había usado para cortar la cabeza de una de las bestias y se abrió camino campo hacia arriba, hacia la cueva. Ya era tarde para marcharse sin él, ya estaba irrevocablemente enamorada.

Entonces, ambos primos clavaron su mirada uno en la del otro, obviamente discutiendo con su fuero interno sobre qué era lo que debían hacer. Emily por supuesto que quería correr detrás de Zane para ayudarla, pero había una realidad, y era que alguien tenía que cuidar de Thunder porque él mismo no podía hacerlo, así que en realidad no tenía elección. Quien sí la tenía era su primo, a quien no le quitaba los ojos de encima. Le hubiera encantado tomarle de los pelos si era necesario, y arrastrarlo con ella, fuera del peligro, a donde las criaturas no pudieran alcanzarles; pero Zane estaba sola, y…

-Ve -dijo Emily resignada. El alivio se hizo de los ojos de Ian, quien desde el inicio había debatido entre ayudarlas a escapar a ellas, o quedarse en el frente protegiendo lo que tenían.

El hombre terminó asintiendo con la cabeza.

-No hagas nada estúpido -fue lo único que dijo antes de salir corriendo detrás de Sanders.

Emily se le quedó mirando por un momento, sin saber de dónde sacaba él tanta fuerza, y Zane su convicción. Ella sentía que había perdido ambas. Pero luego recordó que

Thunder acababa de quedar a su disposición completa, y ella tenía que procurarle un refugio, así que eso hizo, desapareciendo entre las colinas que rodeaban ese paraíso terrenal.

Zane sintió el caminar de Ian detrás de ella, la estaba alcanzando.

-Los Hudson sois muy testarudos -sonrió para si y alzó el machete cuando estuvo a solo dos metros de la entrada de la cueva. Había llegado el momento de la verdad, de enfrentarse a lo que fuese a encontrar allí a dentro; pero una cosa estaba clara, con vida o sin ella, se llevaría a Philipp con ella. No le dejaría tirado en una cueva mugrienta por el resto de la eternidad, sin nadie que le velase, sin nadie que le llorase, sin nadie que se acercase a llevarle flores. Él era un héroe, un guerrero, merecía una muerte honorable y sin duda, un recuerdo mejor que la incertidumbre de no saber qué habría sido de él.

-Por Pocahontas -susurró para si Zane, echándole una mirada a Ian después para, finalmente, adentrarse en la cueva a zancadas. No tardó en cortar la primera cabeza, y agachándose para esquivar unas garras cortó la segunda, conteniendo el aliento. Sus ojos urgían verle, le buscaban encontrando solo enemigos -¡Philipp!

-¿Pocahontas? -se oyó inquirir a Ian, quien aunque sabía quién era la aludida, no lograba entender qué tenía que ver ella con todo eso.

Mientras cortaba cabezas, se encontró a sí mismo pensando en las mil y una veces que Zane había hecho comentarios sobre los personajes de Disney. Siempre había comprendido las alusiones a Tarzán y Jane cuando se refería a ella y Philipp, pero… ¿Cuando hablaba de John Smith, Pocahontas y compañía? Había uno al que no conocía, sin embargo; un tal Stitch. Jamás había oído del tipo, pero Sanders solía referirse a las criaturas azules que andaban en cuatro patas parecidas a perros como eso: stitches.

Ian volvió en sí cuando tuvo que esforzarse para que una bestia no le tocara la espalda a Zane, y luego siguió su camino. La cueva era oscura, y tenía muchos brazos que se habrían y en los que cualquiera que no la conociera podría perderse, pero no era su caso, pues Ian había tenido meses y años para conocer esas cuevas como a la palma de su mano.

-El plan era distraerles -explicó a Zane mientras seguía cortando cabezas- hacerles perder en las cuevas para que no llegaran a donde ustedes, pero encontraron el camino de todas formas.

Ian siguió andando, ahora por delante de su compañera. Philipp también tenía un mapa mental de esas cuevas, en realidad los cuatro lo hacían; y tenía una idea aproximada de dónde se encontraría, hacia dónde les habría llevado.

Había un pasillo que era el favorito del rubio, uno que llevaba hacia la luz entre tanta oscuridad. Un pasillo por el que, si seguías andando, te caías a un precipicio que no era más que una cascada de agua que helaba como el crudo invierno del sur. Uno que, si era bien utilizado, haría que muchas criaturas estúpidas cayeran al agua.
-No es un mal plan, salvo que él se ha quedado con el culo al aire y enfrentándose a todas las criaturas solo, le veo alguna que otra pega -comentó Sanders, con el machete en alto. Ahora escuchaba demasiado silencio, y no le gustaba en absoluto.

Dobló a la izquierda y frunció el ceño al percibir el olor de sangre. Miró al suelo rocoso y efectivamente, había un rastro rojo que sin duda seguiría.

-¿Philipp? -volvió a llamar, con cierto temor antes de girar ahora a la derecha. Estaban cerca del acantilado, y no podía pensar en otra cosa que en si él estaría aún en pie, o en su intento por deshacerse de las criaturas habría caído también al vacío.

Ya no les quedaban frascos azules, se terminaron hacía ya mucho tiempo. Y ella no tenía su magia para poder hacer milagros. Solo podía aferrarse a la fe.

Ian seguía siendo quien iba por delante de los dos. Ya no había más bifurcaciones en aquel pasadizo, y la sangre seguía dirigiéndose hacia el precipicio, lo cual era un indicio terrible. De todas formas, el hombre siguió hasta el final. Había arañazos en las paredes de piedra, de esos que sólo las garras de las criaturas de ese mundo podían dibujar; y sangre, ya ahora no sólo en el piso, sino también en las paredes, en las mismas marcas de las paredes.

-Bloody hell -fue lo único que murmuró Hudson antes de acercarse al acantilado.

No vio nada más que el agua de las cataratas creando una espesa bruma en la superficie de la oya de agua que se formaba al fondo. La ahora luz tenue de la luna no le permitía ver mucho en realidad, así que su cabeza al instante imaginó lo peor: le habían perdido en esa caída, era evidente.

O no tanto, porque vislumbró algo en las rocas.

-¿Eso es…? -comenzó diciendo Ian, frunciendo el ceño y arrugando la nariz, intentando agudizar la vista.

En efecto, eso era. Philipp, colgando de un brazo de una de las rocas que sobresalían de la superficie rocosa que sostenía las cuevas.

El rubio alzó las cejas, y soltó una carcajada que a Ian se le hizo extraña, casi demente.

-It was about fucking time, man -gritó el rubio, mientras el otro se ponía en marcha para buscar algún camino por las rocas que le ayudase a llegar a Wade; uno que significara que ambos volverían a subir sanos y salvos.

La sonrisa de Zane fue de aquellas naturales y plenas, de alivio. Su corazón volvía a latir.

-Damn you -le maldijo cerrando los ojos e inspirando profundamente. Eso había estado cerca -I go -le dijo a Ian antes de acercársele, él podía ser un experto en escalada, pero no tenía tantas ganas de llegar a Philipp como ella. Eso seguro.

Con cuidado se apegó a la pared rocosa y avanzó procurando que sus pies no se resbalaran hasta que pudo dar un salto hacia la próxima roca, descendiendo.

-¿Pensabas dejarme sola con el niño? Ya hablaremos tu y yo más tarde a solas. Puede que haya sexo de reconciliación, pero de los gritos y bofetadas al estilo west movie no te salvas, dumbass -con otro salto llegó a la próxima piedra, ya a punto de alcanzar a su chico. Avanzó con cautela y le tendió la mano para que él se la tomara y se ayudara a subir. Le hizo un estudio físico con la mirada mientras tanto; no se veía bien, pero tampoco se veía tan mal. De estarlo, no hubiese podido sostenerse.
Al rubio no le había hecho ni pizca de gracia que Ian dejara bajar a Zane en vez de hacerlo él mismo. ¿Qué si le ocurría algo a ella mientras intentaba rescatarlo a él? Jamás podría perdonarse eso, o mirar a Thunder a la cara y decirle que su madre había muerto rescatándole. Las cosas no eran así, él tenía que protegerla a ella, y no al revés.

En un principio, cuando vio a Zane intentando tomarle, se imaginó a sí mismo quedándose como estaba, que no sería tan doloroso; pero como no podía hacer eso, obligó al brazo que no se sostenía a la roca a estirarse y tomar la mano de su chica. Puta que dolía, y tuvo que apretar la mandíbula para no chillar como una niña. Se preguntaba si se lo había desgarrado, quebrado, o qué demonios.

-Por favor, no las bofetadas -pidió a Zane cuando estuvo mejor parado. Le hubiera gustado besarla y abrazarla, pero tenían que seguir subiendo, así que eso hicieron, procurando no matarse en el camino.

El silencio le llamó la atención. Miró hacia arriba. Ni rastros de Ian.

-Awesome -se escuchó decir a Zane mientras se colgaba de otra roca para llegar finalmente arriba y pisar suelo firme. No liso y seguro, pero firme. Ayudó a Philipp a terminar de subir y si bien que Ian no estuviese allí le preocupaba, necesitó abrazarse de inmediato al rubio, con tanta fuerza que bien pudo asfixiarle -No vuelvas a hacer eso. Ahora no soy inmortal, podría darme una de esas paradas cardíacas que os dan a los humanos -negó, dejando un beso en su cuello y otro en su mejilla antes de separarse, sin importarle cualquier mancha de sangre o lo que fuese que le ensuciaba, su amor estaba por encima de esos detalles -No digas nada que te pones meloso y romántico. Vamos a buscar a Ian -se dio la vuelta adentrándose en la cueva -Una no puede celebrar un cumpleaños en paz, tener una charla con su conejo mutante y ver a su hijo gatear por el campo hasta quedarse dormido del cansancio, no. Una tiene que pasársela persiguiendo monstruos viscosos y desagradables creyendo que va a perder a las personas que quiere porque es más divertido. Of course it is -iba diciendo mientras avanzaba

-¡Ian! -gritó autoritaria y enfadada. No escuchaba ruido alguno, no había rastro de las criaturas; entonces ¿Dónde diablos se había metido?

Philipp se le quedó mirando mientras caminaban.

-Cuando te pones mandona eres tan sexy -dijo con total naturalidad el joven, apenas alzando las cejas y sonriendo de medio lado. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para recordar que estaban en el medio de una emboscada, y necesitaban volver a Ian de inmediato, así que agachó la mirada, y se concentró en las pisadas que las manchas de sangre conformaban.

Cuando le dieron la vuelta a una de las bifurcaciones, siguiendo los pasos ensangrentados, se observaron dos figuras en vez de una; y la segunda no era un bicho ni un monstruo, a no ser que hubieran aprendido a mutar y convertirse en humanos.

-¿Ian? -inquirió Philipp con suma desconfianza, llevándose las manos al cinturón sin conseguir más que una cuchilla; había perdido el resto de las armas en el enfrentamiento, por lo que no pudo evitar sentirse desnudo.

Ahora comprendía por qué a Emily no le había gustado ni pizca que dos humanos se encontraran con ellos dos años atrás: la desconfianza, el miedo a que vinieran a quitarte lo que era tuyo.

-Zane -habló Ian con fingida tranquilidad- ¿Conoces a éste tipo? -y sin más preámbulos alzó su arma de fuego, apuntándole a la cabeza. ¿Quién se creía para llegar y preguntar por Zane?

El hombre instintivamente alzó ambas manos, en una muestra de pacifismo.

-Mi nombre es Ashton Toulson, y vengo a llevarte a casa -habló a la que Ian había llamado como Zane; si era Zane, entonces era Sanders. Si era Sanders, la había encontrado.

Sin olvidarse de fruncir el ceño Zane repitió aquél nombre en su cabeza. Toulson… ¿Como Angela Toulson? ¡Claro, él era el hermano de Angela! El otro gran líder de otra gran base. ¿Pero cómo había sabido él que estaría allí? ¿Como había sabido dónde encontrarla?

-¿Quién te envía? -preguntó y después miró a Ian -Es de fiar, todos los Toulson lo son. Conozco a su hermana.

Seguramente ella le había enviado. “Vengo para llevarte a casa”, había dicho él. ¿Sería posible? ¿Después de casi dos años allí, volvería a casa?

Ian pareció pensárselo, desconfiando completamente de ese hombre que había aparecido de la nada y que Zane parecía conocer, pero finalmente bajó el arma y lo guardó en su pantalón, manteniéndose alerta de todas formas; nunca se sabía cuándo el amigo podía convertirse en enemigo.

-Me envía mi hermana -respondió el hombre.

Se quedó mirándola por un momento, analizándola con la mirada. Era ella.

-La de tú dimensión y tú tiempo -aclaró, sabiendo que lo de las líneas temporales y ni que hablar dimensionales podía volverse un poco engorrosa a veces-. Quien, al mismo tiempo, fue enviada por Johanna Darson.

Ashton alzó una ceja por sobre la otra, esperando cualquier tipo de reacción por parte de Zane. Ahora, con casi veinte años pasados luego de haber leído aquella carta en su habitación en esa casa de playa en Francia, todo tenía total y absoluto sentido.

Philipp, boquiabierto, alzó la mano como quien pretende que le presten atención para preguntar algo.

-¿Cómo mierda llegaste aquí? -quiso saber, porque le urgía esa duda. Pero Ashton no respondió; su misión no era responderle preguntas a Philipp.
-¿Johanna? -los ojos de Zane se iluminaron como si fuese una cristiana que acaba de escuchar el nombre del mesias. Amplió su feliz sonrisa y se volvió hacia Philipp para tomarle las mejillas entre sus manos con energía -¡Johanna! No me ha dado por perdida, vamos a salir de aquí Philipp. Sabía que llegaría este día -añadió cuando le soltó y avanzó hacia Ashton -No podemos marcharnos todavía, hay dos personas más a las que debemos encontrar antes de salir. Será mejor que nos pongamos en marcha antes de que otra manada de stiches rabiosos vengan a vengar a sus iguales -alzó el machete demostrando que estaba preparada para seguir -Adelante team lost -y se puso en marcha, encabezando al grupo.

Quien primero le siguió fue Toulson, casi pisándole los talones, bien alerta porque en su corta estadía en ese lugar, ya había entendido qué tan hostil era, y su misión era proteger a Sanders y llevarla a casa, así que eso debía hacer.

Philipp, por su parte, caminó con cierta dificultad hasta Ian, quien veía a Ashton y a Zane caminando con la misma desconfianza de siempre.

-Qué mujer -le dijo al rubio, quien soltó una carcajada por lo bajo, negando con la cabeza y siguiendo su camino con Ian cerrando la marcha.

Encontrar la salida de la cueva ahora que no habían criaturas esperándolos para asesinarlos no fue tan difícil. Todos allí sabían hacia dónde llevaban los túneles, y Ashton simplemente seguía al resto, así que en cuestión de minutos estuvieron de nuevo en el prado que durante años había servido como refugio.

Ian fue quien se adentró en el valle que había entre las colinas para buscar a Emily. Allí no encontraría peligro, así que había insistido en que iría más rápido si iba solo. Philipp no se quejó; si era por él, se hubiera echado al piso y no lo hubiera movido nadie pero, en lugar de eso, tuvo que conformarse con tomar asiento sobre una roca y descansar un poco las piernas.

Ashton, por su parte, no le perdía el rastro a Sanders.

-Cuando salgamos de aquí te conseguiremos ayuda -prometió Toulson a Wade luego de examinarle con la mirada. Se volvió hacia Zane-. Mi hermana te manda saludos -comentó con calma.

-Sabía desde el principio que Angela no se sentaría de brazos cruzados y dejaría que uno de sus soldados desapareciese sin más -sonrió Sanders, ahora agachándose frente a Philipp, dejando una mano sobre una de sus piernas y acariciando su rostro con la otra, subiéndola hacia su pelo. El pobre estaba hecho un cromo -Aguanta un poco superman, ya has oído a Toulson, en cuanto salgamos de aquí te recuperarás.

Frunció el ceño ante una duda. Se giró para mirar a Ashton. ¿A dónde les llevaría? ¿A la dimensión de él, o a la suya?

-¿A dónde vas a llevarnos? -preguntó ladeando apenas la cabeza -Yo no soy de tu dimensión, necesito regresar a mi hogar, donde Johanna se encuentra.

Y mientras esperaba una respuesta miró hacia las colinas del bosque, esperando ver a Ian y Emily pronto. Necesitaba saber que tanto ella como su bebé estaban bien. Era la primera vez que se separaba de su hijo desde que nació, y se le estaba haciendo cuesta arriba.

Philipp alzó la cabeza para ver a Ashton, también queriendo conocer la respuesta de ese hombre. Su dimensión, la de Zane, esa en la que estaba… Para él no habría diferencia siempre que estuviera con ella; tan simple como eso.

Ashton se volvió hacia la mujer con las cejas alzadas, levemente desconcertado.

-Por supuesto, ese es tu lugar -respondió, sin comprender por qué ella había llegado a pensar que la obligaría a volver a otra dimensión que no fuera aquella de la cual venía.

Eso decía la carta de la otra Angela al menos, y hacía años había hecho una promesa que ahora había llegado el tiempo de cumplir.

-Te llevo, te dejo, me aseguro que estés bien, y me vuelvo -explicó Ashton, resumiendo en una corta oración aquello que le había llevado años diagramar.

Había separado los labios para volver a hablar, pero las palabras se quedaron en su boca porque Philipp se incorporó de un salto y salió corriendo; no fue hasta que giró la cabeza para ver hacia dónde se dirigía que comprendió que se trataba del tal Ian, una mujer y un bebé, porque no encontraba otra explicación sino a qué era esa manta que llevaba la mujer consigo.

Aunque bien le hubiera gustado, Philipp no le quitó a Thunder a Emily, porque estaba ensangrentado y sucio, y no quería que su bebé tuviera que pasar por eso, así que simplemente vio a la rubia, agradeciéndole con una simple mirada, y volvió a la manta, buscando a Thunder.
El niño ladeó la cabeza bajo la tela y sonrió al ver el rostro conocido de su padre, estirando una mano para agarrarle la nariz y todo lo que pudiese de su cara, liberando una carcajada de felicidad e inocencia.
Zane Sanders echó una mirada a Ashton y se acercó también a los recién llegados, ella no tuvo el mismo problema de Philipp para tomar al bebé en brazos, necesitaba hacerlo, se sentía fatal por haberlo abandonado, pero su seguridad siempre iría por delante, él algún día lo entendería ¿Verdad?
-Te dije que mamá volvería ¿Verdad que te lo dije? -sonrió y le besó la frente, acercándolo a Philipp porque el niño no parecía tener ojos para otra persona que no fuese su padre en ese momento. Aprovechó ella a hablar a todos en general -Deberíamos marcharnos, la manada podría regresar… -se enfocó en Emily e Ian, tragando saliva -¿Estáis preparados para volver a nuestro mundo?

Philipp sonreía de lado a lado tanto como podía, asemejándose a un niño, casi tan infantil como su propio hijo. De tanto en tanto hacía extrañas caras para que Thunder se riera; muecas que le hacían ver como un estúpido seguramente, pero que a su hijo le gustaban, por lo cual a él poco le importaba cómo pudiera verle el resto, en éste caso Ashton, que era el único que no sabía de la manía del joven Wade de hacer sonreír a Thunder.

-Bueno… -Ian observó a Emily. No se lo había pensado en realidad.

Ambos habían huído de su realidad, por eso habían acabado allí. ¿Que extrañaban las comodidades de su mundo? Claro que si. Pero no olvidaban que allí era donde tanto habían sufrido. Tantas personas que les habían sido arrebatadas… ¿Se acabaría la maldición si ellos volvían?

-Si -respondió Emily, pasando por alto cualquier tipo de charla que Ian quisiera tener con ella en ese momento. Acababa de tomar la decisión por ambos, e Ian asinitó con la cabeza. Después de todo, él jamás había querido escapar de sus problemas, siempre había querido enfrentarlos; había corrido como un cobarde porque Emily así se lo había pedido; y ahora que ella no tenía problema en volver…

Un atisbo de sonrisa se formó en los labios de Hudson, quien se giró a ver a Ashton, quien se acercaba a ellos mientras les estudiaba, analizando peso, volumen y necesidad de carga.

-Será un viaje movidito -advirtió.

Zane asintió. Miró hacia la casa en la que habían vivido aquellos dos últimos años. ¿La echaría de menos? En parte si. ¿Tanto para quedarse o necesitar entrar una vez más antes de irse para calmar su melancolía? No. Estaba lista para partir, no dejaba atrás nada importante, todo lo que necesitaba lo tenía justo a su lado. Sus dos nuevos no tan nuevos amigos, su chico, y su otro chico.

Tomó la mano de Philipp y le indicó a Emily que hiciese lo mismo con la otra del rubio, sabía como funcionaba la teletrasportación, y aunque seguramente lo que Ashton hacía no era exactamente lo mismo, sería algo parecido. Debía existir un contacto entre todos aquellos que fuesen a moverse por el espacio y tiempo.

-Here we go.. -suspiró por la fina linea de sus labios entreabiertos y los mismos los frunció cuando tragó saliva. Thunder le tiró del pelo pero ella solo sonrió.

Una vez formado el círculo entre los presentes, Philipp echó un rápido vistazo al paraíso terrenal que les había servido durante dos años de refugio, y luego a sus acompañantes. Soltó un suspiro.

-Here we go -repitió Ashton.

Viajar por las diferentes dimensiones le había resultado extraño y complicado al principio, pero con el tiempo había logrado perfeccionar su técnica y sus habilidades. Aún así, últimamente el trabajo estaba volviéndose más arduo que nunca, y aún se preguntaba si eso se debía a que estaba perdiendo sus dotes, o había algo que estaba imposibilitando las entradas y salidas entre los mundos. No importaba realmente cuál era la razón, porque no iba a dejarse intimidar por ella.

Lo que tendría que haberle llevado un abrir y cerrar de ojos, se le complicó un poco. Era un forcejeo constante entre una fuerza mayor que parecía querer romper el círculo y él, Ashton, que no estaba dispuesto a dejarlo ir. Jamás le había ocurrido eso de sentir una especie de gancho clavado en el estómago que le tironeaba para donde quisiese; era algo nuevo, muy distinto a la usual turbulencia o los mareos de los principiantes.

No tardó ni uno, ni dos, ni mucho menos tres minutos. Sintió que el viaje se hacía eterno, y que nunca encontraba la localidad exacta. Le parecía que se quedaba sin aliento de a ratos, que el aire desaparecía y no había qué respirar; probablemente habrían pasado por el vacío en algún momento, porque a la sensación de falta de aire se le sumó una ligereza en todo el cuerpo. Y, finalmente, una caída, seca y dura.

Nuestra dimensión. Londres, Inglaterra.

Ashton abrió los ojos. Estaba aún sosteniendo la mano de Sanders, y al tal Ian Hudson. Pero su rostro había golpeado el suelo; una alfombra aterciopelada de color azul oscuro, con detalles en blanco. Reconoció la alfombra.

-Oh… my… god -se oyó que decía alguien en la habitación.

Ashton Toulson abrió más incluso los ojos, incorporándose para ver a su hermana de veintidós años sentada en una silla frente a su escritorio. A la castaña de ojos grandes y al chico que estaba con ella no los conocía. Pero sí se reconoció a sí mismo, pasmado por la sorpresa, con los ojos abiertos como platos.

-Ashton! -gritó Angie, incorporándose y corriendo al encuentro con su hermano. ¿Quién más iba a ser ese sino?

Garett Collins que ya se encontraba en pie para cuando ocurrió aquél repentino aterrizaje miró el techo, desde dónde teóricamente tendrían que haber caído. La magia le resultaba a cada día que pasaba más y más sorprendente. Se obligó a reaccionar y fue al encuentro de alguno de los otros para ayudarles a levantarse, en este caso decidió ayudar a la mujer que llevaba lo que era indudablemente un niño; qué sino iba a llorar armando semejante berrinche.

-¿Te encuentras bien? -preguntó Collins a Sanders.

Pero ésta aún parecía estar viajando, sentía que la cabeza le daba vueltas, si bien una vez se acostumbró a moverse por el espacio a su antojo se había sentido diferente aquella vez. Peligrosamente diferente. Destapó la cabeza de su hijo con prisa y le examinó minuciosamente. Parecía estar bien, solamente asustado probablemente. Entonces miró a Garett y al ver que le tendía la mano la aceptó, poniéndose en pie con su ayuda
-Gracias. ¿Quién.. eres tu? -no esperó la respuesta y buscó con los ojos a Philipp, agachándose para ayudarle.

Philipp parecía estar balbuceando algo ciertamente inentendible, aún tirado en el suelo. Estaba pálido como una hoja, por lo que el Ashton del futuro, que se encontraba ahora sobreviviendo a los abrazos de su hermana, se soltó con cuidado de los brazos de Angela para ver a su otro yo, ese que aún no salía de su asombro.

-Tú -se habló a él mismo, señalando a Wade- lleva al chico al piso cuatro. -La enfermería, por supuesto; a menos que el maldito edificio de la ocgb hubiera cambiado en esa dimensión, pero como vio que su otro yo le entendía, supuso que entonces no debía estar muy errado-. Y tú también -señaló a Emily.

Generalmente no había problemas en los viajes incluso aunque las personas estuvieran heridas; pero ahí habían muchas sensaciones encontradas, y probablemente el aire no había sido lo peor que habían perdido Emily o Philipp en el camino, así que mejor era que les examinaran.

La rubia, que estaba incorporándose como podía, ayudó al Ashton joven a sostener a Wade para sacarlo de allí y dirigirse hacia el piso cuatro. De inmediato Charlotte se puso en marcha para ayudarles, abandonando ella junto a los heridos la habitación en lugar de Toulson que, imaginaba, tendría mejores cosas que hacer que ayudar a los enfermos.

-¿El bebé está bien? -habló Ashton, el hombre de cuarenta años.

-Creo que… -Zane negó con el ceño fruncido, se había quedado algo ensimismada viendo como se llevaban a Philipp y Emily también se marchaba -… Creo que si -acabó, aclarándose la garganta y mirando al Toulson del futuro -Está bien, solo parece.. -miró a su hijo, acariciándole la cabeza y secándole las lágrimas -Asustado y desorientado.

Pero el llanto se le pasó rápido al niño, a quién le pareció todo un mundo nuevo, efectivamente. Todo en aquella habitación le llamaba la atención, los muebles, la luz artificial, incluso esas personas a las que no había visto nunca antes.

-O quizá no -Sanders enarcó las cejas y miró a todos los presentes -Es que ha salido a su padre -excusó, como si eso lo explicase todo. Por ejemplo, el hacerla quedar mal. Así que OCGB ¿Eh? Conocía el sitio, era la sede de la organización de cazadores de Gran bretaña. Sus ojos estudiaron a Angela… Si, era Angela, no había lugar a dudas. Diferente, más joven, y más pasmada y confundida que la decidida y valiente que había conocido en la otra dimensión, pero ella era a fin de cuentas -Angie -asintió, sonriendo -Tengo entendido que esto ha sido obra tuya así que.. Gracias, de corazón.

Garett aún estaba algo confundido, así que decidió sentarse en una de las sillas y pasarse la mano por el pelo. Ya estaba ¿No? Misión cumplida.

Quien pareció seguirle en sentimiento a Garett fue Ian, quien se incorporó y caminó arrastrando los pies hasta la silla más cercana, dejándose caer.

-Luz, alfombra, escritorio, probablemente comida… This is heaven -comentó, más para sí mismo que otra cosa. Se giró a ver a Collins-. Ian Hudson -extendió un brazo para estrechárselo- ¿tienes un cigarro?

-¿Pero a cuántas personas trajiste? -soltó Angela sin pensárselo, abriendo los ojos mientras contaba. Los dos rubios, la de ojos azules, el hombre que estaba más fuerte que un roble, y el bebé… Siendo que ella sólo le había mandado a por Sanders-. ¿Son los últimos sobrevivientes en tu mundo? -abrió los ojos como platos Angela, y su cabeza comenzó rápidamente a crear posibles historias sobre un mundo paralelo en el que ya prácticamente no existían los humanos. Uno sin sentido, sí; pero jamás se acabaría su imaginación.

-¿Puedo preguntar quién eres? Porque, disculpa, me pidieron que me autoavisara que debía salvarte el culo, pero no sé quién demonios eres -habló el Ashton joven.

Angie miró a Zane con interés y curiosidad.

-Soy peor de lo que recordaba -comentó el mayor de los Ashton, observando al joven con ojo clínico. Tan frontal que olvidaba las buenas formas; no le importaba nada más que él mismo y su hermana, y estaba dispuesto a todo para obtener lo que quería, siendo información en ese caso.

Por suerte, o quizás no tanto, la guerra le enseñaría una cosa o dos.

Pero Zane no tenía ganas de pasar por esa conversación en ese preciso momento, o eso dejó notar cuando levantó el brazo, por cierto herido, pidiendo la palabra así.

-Zane Sanders, calzo número treinta y nueve, no soy cristiana, soy de la antigua religión. Hija de el antes gran mago ahora mago de mierda Merlín y acabé en una dimensión desconocida para sacar un virus de este mundo. Ahora, si me disculpáis, necesito dos… O tres, quizá cuatro tragos y buscarle algo de ropa a mi hijo. Ya que hay una alternativa preferiría que no fuese tarzan 2.0 beta -se dio media vuelta y por un momento pareció buscar la puerta, hasta que recordó dónde estaba y salió por ella aún charlando -¿Te quedará bien el rojo?

Thunder miraba a su madre con ojos grandes. En cuanto a Collins, se quedó boquiabierto y señaló hacia la puerta por dónde se había ido la morena de ojos azules.

-¿Ha dicho Merlín?

-Sí, hijo, ha dicho Merlín.

El Ashton del futuro se incorporó finalmente del piso, viendo cómo su hermana, que tenía la misma expresión de Collins, hacía lo mismo sin entender nada.

-Ve a ayudarla, seguro necesite alguien con buen gusto de ropa -bromeó el hombre, sonriéndole de medio lado a su hermana, quien le abrazó con fuerza. No iba a volver a ver a la versión de su hermano cuando regresara, estaba segura.

-Cuídate -fue lo último que le dijo antes de abandonar la habitación.

El joven Toulson frunció el ceño, echándole un vistazo a su despacho. En veinte minutos que había llegado su hermana, y ya había hecho un desastre. Pero entonces el otro, se dispuso a salir de ese lugar para volver a la dimensión y al tiempo al que realmente pertenecía.

-¿Alguna sugerencia? -preguntó el joven Toulson.

-Yeah… Don’t be a dick.

Cerró los ojos, apretó las manos, e intentó despegar, irse lejos de allí, volver a casa; pero lo único que consiguió fue una respuesta por parte de su otro yo.

-“Don’t be a dick”? Really? Ese es el gran consejo de mi yo del futuro? -frunció el ceño, consternado, y rodeó el escritorio, buscando un cigarrillo mientras le tendía uno al tal Hudson-. Hijo de puta.




Jan/11/13
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richardxhillson:

CHAPTER 5: THE VICTIM AND THE MESSIAH (Centro del pueblo, zona plaza principal)
-Estoy dentro -informó con voz firme a través del walkie.
No tardó en notar la avalancha de gente que se le venía encima, así que buscó apegarse a la pared y seguir avanzando sin detenerse a reconocer ningún rostro que pasase por delante suyo o cerca. Necesitaba llegar a la recepción principal.
De vez en cuando, el suelo temblaba. El bombardeo de afuera tenía una presencia significativa en el hospital, a excepción de los trabajadores que estaban en buena forma, el resto eran enfermos o heridos que estaban internos por razones obvias, no estaban en condiciones de huir o defender sus vidas la mayoría de ellos, el pánico que les corría por las venas era más que lógico y entendible.
Saltó al otro lado del mueble de recepción y descolgó el teléfono. No había linea. Ni linea, ni luz, solo los halos que iban y venían de las linternas, brillando más que las luces rojas de emergencia.
-Richard -Lauren apoyó las manos sobre la madera y miró al cazador con miedo en los ojos -¿Qué está pasando? Dime que no… Dime que esos no son—-¿Franceses e ingleses disparándonos desde el aire? Si. ¿Hay alguna forma segura de sacar a los pacientes de aquí? Lauren -rugió aunque intentando controlar su tono. Tenía que reaccionar -¿Hay alguna forma de sacarlos a salvo?
-El tunel de evacuación, pero está sin acabar, no hay más de un kilómetro de recorrido y no es seguro. Podría desplomarse.
-Cualquier lugar es más seguro que este ahora -alzó su walkie -Nik ¿Me recibes? -esperó y se mordió los labios. Bufó hecho un manojo de nervios -Lauren -miró a la aludida a los ojos -Encárgate de organizar la evacuación, yo y mis hombres intentaremos contener al enemigo en un perímetro seguro. Hay que proteger el hospital -salió de detrás de la recepción -Van a haber tantos heridos como muertos cuando esto acabe.
Bajo el casco sus ojos surcaron al frente cuando salió por la puerta principal del hospital, buscaban localizar a su equipo, a su mujer y los suyos entre tanto caos. Dudó en si poner el candado en la puerta, hacerlo sentenciaría a los que estaban dentro en caso de incendio o explosión. Pero, por otro lado, ganarían tiempo si el enemigo intentaba entrar.
En acera podías refugiarte tras los coches, pero cruzar la carretera suponía estar al descubierto. Lo hizo deprisa, sus botas eran ligeras y no cansaban exageradamente. Apegó la espalda contra la carrocería del furgón, echándoles una mirada a Nicole, Roland y el resto de su equipo.-Informadme. Leyó los labios de su esposo cuando éste le habló. Hacía ya mucho rato que el bombardeo y el ataque se había iniciado, pero todavía no se había acostumbrado al estruendo de las bombas. Había decidido que era mejor ignorar los gritos de todos aquellos civiles que caían heridos o que simplemente huían por su vida. Al fin y al cabo, eran seres humanos y eso era lo que hacían: sobrevivir. Ella, en cambio, se había prometido no caer herida, toda menos caer muerta.
Hacía frío y fue por eso que al despegar sus labios para comenzar a hablar a Richard se lo había echado en la cara. Vestía una chaqueta militar que le había servido más que nada para empaparse de la sangre que había derrochado un atacante del S4 en el antebrazo de su manga izquierda. A pesar de que había optado por las armas, también cargaba con una espada y varios puñales, pues pensaba que estos terminarían siéndole de más ayuda. Una guerra podía durar horas, días, semanas… e incluso meses. La comida escasearía, los muertos se acumularían en la entrada de cada edificio y la munición terminaría por agotarse.
Se sintió afortunada de dominar la espada, pues era mucho más silenciosa y fácil de manejar a la hora de herir o matar que un arma corriente. Se había prometido a sí misma que no caería ni herida ni muerta en esta guerra, y fue por eso que su actitud de lideraje estaba encendida e iba a por todas.
Por suerte para ellos, la estrategia que Richard y ella habían llevado a cabo con los “X-men” había sido todo un éxito en el ataque inicial. La táctica consistía en, básicamente, dividir en varios batallones a todos esos humanos con habilidades que habían entrenado ellos: el grupo constaría de gente con habilidades de tipo medio: es decir, habilidades que pondrían a prueba a los atacantes.
Si el ataque del G1 no funcionaba, entonces el G3, repleto de gente con habilidades como hacer explotar a alguien desde dentro, tomaba el mando. El G6, completo de gente cuyas habilidades fueron catalogadas como “ciertamente inútiles” se encargaba de disparar flechas ardientes desde el tejado de la tienda más cercana a los atacantes. De esta forma, los atacantes eran atacados por tres grupos, y caería de forma más fácil.
-El G3 y el G5 han acabado con lo que calculamos más de 23 personas, Brooks y Muller han caído, Caspian ha perdido ambas piernas y anda en las últimas, Señor.
Hillson se calló cualquier maldición, no era el momento de lloriquear por los caídos, era momento de asegurarte que tu no fueras el próximo.
-Y yo me he enamorado de una de las malas -añadió Roy Egan, quién acababa de sacarse el casco para pasarse la mano por el pelo y sacudirlo -Yo y mi obsesión con las malas potentes.
Richard si sonrió. Estúpido Egan.
-Bien, hay que mantener la posición, mantened la vista puesta en el cielo, hace demasiado que no vemos enemigo sobrevolando el centro de la ciudad, estoy seguro de que volverán a intentarlo. ¿Tenemos comunicación con el resto de batallones?
Nicole también sonrió por el comentario de Roy, aunque no prestó demasiada atención a la pregunta de Richard: estaba ocupada levantando una mano, y se giró para observar si todas las flechas del ataque que se acababa de iniciar caían en el lugar correcto. Luego, al ver que fue así, se giró hacia Richard, Roland y Landon.
-Aficionados. Estos no saben lo que es pelear con Lucifer, el padre de Josh, el mío.. en fin, todos nuestros padres. Fuimos criados por una panda de bastardos, ¿os dais cuenta?
-¿Qué? -Roy gritó apegando la cabeza a la de Nicole, como si así fuese a escuchar mejor.En cambio, el comandante Richard estaba muy lejano a esa conversación. Sus ojos seguían viendo polvo y llamas por todas partes, intentaba ver a través de esa densa niebla marrón con tonalidades rojas personas que necesitasen de su ayuda, ese creía era su verdadero trabajo, ayudar, defender a los que no podían defenderse solos. La base de todo cazador era salvar vidas.
Fue por eso que frunció el ceño al escuchar un llanto por debajo del bombardeo, pero era constante, un llanto roto de puro horror. Ladeó varias veces la cabeza, buscando de dónde procedía, buscando a quién sollozaba tan desesperadamente.
Vio entonces al niño, no debería de tener más de seis años, estaba solo cerca de la fuente de la plaza, acurrucado en si mismo. Estaba en plena zona de combate.
-Maldita sea -se irguió sobre sus piernas y sostuvo el arma con fuerza -Mantened la posición -ordenó -Y cubridme -añadió.
Roy apuntó en seguida en dirección a Rick, preparado para disparar a cualquiera que intentase derribarle.Nicole siguió con la mirada a su esposo hasta que llegó al niño, incluso después de que éste les diera la orden. Miró nuevamente a Roy y Landon, quién todavía no había abierto la boca, y les hizo un gesto con la cabeza.
-Nos ponemos en triángulo. Cada uno que coja un punto y hacemos la triangulación. Me preocupa que no hayamos sigo atacados desde hace diez minutos.
Tras decir esto, la sheriff se sacó de la espalda su espada. Todavía en la hoja de la misma se podía ver el tono rojizo y seco que había dejado la sangre de un atacante.
-Me cojo el flanco derecho.Nicolas estaba más acostumbrado a dar órdenes que a recibirlas, una mala costumbre todo se diga, pero no era la clase de hombre orgulloso que no sabía obedecer. Simplemente se sentía incómodo, descolocado; como si tener un brazo menos no le tuviese ya flotando en una nube constante.
De su familia no debía preocuparse, Julie se había marchado de Senoia hacia una semana con Skye, hacia el norte, probablemente hacia el estado de Maine. Solo debía preocuparse por él y sus amigos ahora.
Sin decir nada se dirigió hacia el flanco izquierdo de aquella zona, con los ojos puestos en la espalda de Richard en todo momento. Roy hizo lo mismo, pero hacia el noreste de la posición, resguardándose tras unos contenedores.
-Eso no tiene buena pinta -dijo Egan al soldado que curiosamente estaba buscando zona segura tras el mismo contenedor que él. Le sangraba el brazo, muchísimo, las manchas de pólvora y sangre en la cara no eran llamativas a esas alturas, todos estaban hechos un cromo.
Hillson llegó al niño, no se llevó ningún balazo pero si se le estrujó el corazón cuando el llanto ahora se hacía más íntimo, más destructivo.
-Hey kid -le atajó en sus brazos, dejando una mano en su nuca, permitiéndole que se abrazara con todas sus fuerzas a él -Todo estará bien. -Vale -dijo la sheriff. Movió repetidamente las piernas primero una y luego la otra, acostumbrándolas para que le dejaran de temblar. Empuñó la espada con ambas manos, colocó su pie izquierdo delante del derecho, semiflexionó las rodillas y echó el torso hacia adelante -Veamos qué tienen. Si Rick y el niño terminan si un arañazo de esto, os pago seis rondas de Tequila. Del bueno -dijo mirándoles- no del malo del super.
Apenas unos segundos después de hacer el comentario, y todavía sonriendo de medio lado, se dio cuenta de que un pequeño grupo de unos 6 hombres de negro se habían abierto paso entre tres integrantes del G6, la gente con las habilidades “menos útiles”.
-Mierda. Roy, Landon. Aquí vienen.
Landon fue el primero en mirar hacia el grupo que se acercaba. Eran uniformados franceses, probablemente habían descendido desde algún helicóptero. Se suponía que las demás resistencias de los límites del perímetro no habían caído todavía, o eso quería creer. Se incorporó.
-Son míos -avisó dirigiendo su rifle hacia ellos.
Richard, aún besando la cabeza de la indefensa criatura adivinó que estaban en problemas. Bajó de un salto del escalón alto de la fuente y se dirigió hacia el vehículo en el que Roy estaba resguardado, entregándole el niño con cuidado.
-Coge a dos hombres y éntrale en el hospital -la orden fue tajante y clara.Los soldados franceses se detuvieron. Eso hizo a Landon fruncir el ceño y dudar en apretar el gatillo. ¿Por qué narices habían dejado de avanzar?
La explicación vino en forma de explosión. Un misil fue proyectado desde alguna avioneta de artillería y el cazador salió disparado hacia atrás. La explosión se llevó por delante varios coches y otros soldados del G6. Apenas había tenido tiempo de reaccionar ante tal ataque que ya estaba siendo lanzada varios metros a su espalda. El recorrido se le hizo extrañamente largo. Vio las figuras borrosas de los atacantes franceses, que volvían a andar, pero no veía a Landon, Roland ni a Richard. Oh, Richard. Esperaba que estuviera bien. O vivo. Pero que lo estuviera. Se cogió fuerte a su espada como si ésta la fuera a proteger de alguna manera. No terminó de sujetarse a ella cuando notó el suelo bajo su cuerpo. De repente, comenzó a notar una quemazón en el trasero que se fue extendiendo por su espalda y sus brazos. Había caído en un pequeño charco de combustible que ahora ardía, y había terminado de traspasarlo varios metros más allá. Se quedó tumbada boca arriba intentando respirar bien, pues el golpe la había dejado sin respiración unos segundos. Richard estaba vivo, se sentía más vivo que nunca al lado de Landon, quién estaba muy lejos de sentirse como él. Era consciente de que el enemigo estaba a su espalda, de que estaba dándole la espalda a soldados franceses, pero no podía dejar a Nicolas así.
Tanto era su shock que no le permitía si quiera que se le revolviese el estómago ante el estado del ex portador, todo parecía darle igual, lo único en lo que pensaba era en que esos ojos abiertos viesen y no solo fingiesen ver.
-Vamos Landon -apretó las manos contra su pecho varias veces, el tiroteo que había empezado como un eco retumbando en sus oídos, el misil le había reventado los tímpanos -Vamos, vamos, vamos… -insistió una y otra vez, cada vez con más fuerza, si le quedaba alguna costilla ilesa a ese hombre Rick acabaría de rompérsela -¡Vamos!
Sintió un tirón de su brazo, era Roy, insistiendo en levantarle una y otra vez hasta que lo consiguió.-Tenemos que seguir. Rick -Roy apoyó su casco contra el de su amigo -Tenemos que seguir.
Mientras tanto, Emma, una joven prodigio rescatada en su día del sector cuatro intentaba ayudar a Nicole.-Nik ¿Puedes oírme? Nik -llamó otra vez.Nicole estaba consciente, pero no podía escuchar a la chica que la llamaba. Su visión tardó un par de minutos en mejorar y aunque no veía demasiado bien, pudo distinguir la cara de Emma. Apoyó los codos en el suelo para poder sentarse y posteriormente levantarse. No funcionó a la primera, a pesar de darse ánimos a sí misma.
-Emma, ¿cómo están los chicos? No los… veo. Emma, Emma -repitió. No escuchaba su voz -Emma -volvió a repetir. Ésta vez, atinó a escuchar su propia vez a través de su oído derecho pero el izquierdo parecía estar dormido. O eso quería pensar. Se llevó una mano al oído por el que no escuchaba y notó cómo algo caliente lo cubría. Sangre -Mierda -musitó. Sin embargo, y tras tomar aire varias veces, decidió que seguiría adelante. Ya se preocuparía de su audición más tarde -Ayúdame a levantarme. Así lo hizo la joven rubia, sosteniendo el brazo de la sheriff para que se incorporara con su ayuda. Le echó una rápida revisión, las heridas no eran agradables, pero sobreviviría.
-Debemos reagrupar a los soldados -sugirió, ella no era comandante, ni sargento, no tenía ningún rango específico a decir verdad, pero había entrenado día y noche para luchar, sabía lo que decía.Con la mirada observaba su alrededor, entre las llamas, el polvo, las batallas individuales de algunos soldados era difícil distinguir un peligro inminente por sobre un peligro tan general. Estaban en mitad de una guerra, podía alcanzarte una bala desde cualquier dirección. No podía decirse que tuviesen el perímetro demasiado controlado, pero al menos no todos habían caído.
La joven sintió una punzada fría en su pecho, una sensación que no podría explicar. Como si quién estaba haciéndole aquello la llamara miró a aquellos ojos rojos del hombre que le devolvía la mirada con el plus de una sádica sonrisa. Los latidos de su corazón retumbaban en su sien, hasta que pudo escuchar el último. Consciente de todo sintió que las piernas no le respondían, sus músculos estaban helados y tensos. Cayó de rodillas.Roland había visto aquello desde una cierta lejanía y usó su machete para, desde la derecha de aquél que acababa de matar a Emma, cortarle la cabeza de un solo movimiento. Por muy fuertes que fuesen, no podían marchar por el mundo sin cabeza. Los hombres del sector cuatro, los soldados X, empezaban a llegar a su zona.La sheriff observó todos y cada uno de los movimientos de Emma, pero para cuando se agachó, Emma ya había muerto. Su abdomen no dejaba de sangrar y su mirada se había transformado. Era horrible. Nicole, que seguía de rodillas, alargó un brazo para coger su espada. La dejó a su lado y luego cogió ambas manos de la chica muerta. Luego las entrelazó sobre el pecho de su propietaria y la sheriff agachó su cabeza colocáncola justo encima de las manos de Emma. Rezaba. No había rezado desde que tenía 12 años pero Emma era Católica y le hubira gustado el gesto.
-Fly, fly into the light of the dark black night -sururró.
Tras esto, y ayudándose de su espada, Nicole se puso a pie. Dio varios pasos de forma torpe hasta una vieja furgoneta para resguardarse. Ahora no tenía tiempo para llorar por su pérdida.-Se acerca un grupo por el norte -informó Richard a Nicole cuando se resguardó a su lado, descolgándose el rifle para poder cambiar el cargador más cómodamente. Le ardía el brazo, las costillas le estaban matando, y aún así no sabía de dónde había sacado esa resistencia. Por su aspecto no diría nadie que pudiese mantenerse en pie, pero lo hacía. La miró un momento a los ojos y frunció los labios en un asentimiento; quería decirle que sentía lo de Emma. Pero ambos debían seguir adelante, eran la resistencia de la humanidad, no podían permitirse el rendirse.-Necesitamos al G3 -habló al walkie, esperando respuesta del otro lado. No había habido necesidad de exponer a aquél grupo hasta ahora, eran demasiado valiosos, y hasta dónde sabían el sector cuatro seguía anhelándolos. Muchos de ellos correrían una suerte peor que la muerte, que era la suerte de volver a ser capturados y usados a voluntad del infierno.
Quién estaba al otro lado del walkie era un joven llamado Isaac, astuto y valiente, con solo dieciséis años se había ganado el derecho como sargento de aquél grupo de xmen. Habían estado esperando nuevas órdenes dentro del supermercado, las linternas apagadas y los estantes aún llenos. El enemigo no había llegado para vaciar sus almacenes, había llegado para no dejar una sola persona con vida. Así era la guerra, así eran los genocidios.
-Recibido comandante, nos desplegamos hacia su zona.
Cuando Isaac alzó la mirada se encontró con una veintena de ojos mirándole con temor, todos querían luchar, pero todos habían esperado de algún modo que no fuese necesario hacerlo.
Las manos del muchachos se prendieron fuego cuando se puso en pie.
-En marcha -se colgó el rifle y avanzó hacia la puerta.Nicole había girado, cuidadosamente, su cabeza para escuchar a su esposo con el único oído que parecía seguir siendo útil. Entendió que lamentaba la pérdida de Emma y la sheriff decidió que era mejor dejar a Emma encerrada en su memoria hasta que esto terminara. Probablemente tenía laceraciones en el trasero y en su espalda, pero por suerte, el abrigo le había protegido de tener quemaduras de 2º o 3r grado. Intentó seguir con atención las instrucciones de Richard, pero fijó su vista en el suelo y vio que había una sombra extraña que procedía de alguien que venía por sus espaldas. Se agachó como pudo para darse así impulso y colocarse de pie. No tardó mucho en ver que era una mujer con ojos rojos. Las miradas de ambos se bloquearon y se miraron durante lo que pareció una eternidad. Estaban cerca la una de la otra y cualquiera podría empezar primero el ataque, y fue por eso por lo que Nicole esperó a que su atacante diera un paso para así lanzar su espada al aire, dejar que diera un par de vueltas en el mismo, y recuperarla de forma perfecta.
La sabía utilizar, no tenía miedo y estaba cabreada. Alzó la espada al nivel de la cabeza de su atacante y sin dilación alguna, hizo un movimiento horizontal con ella, decapitando así a la otra mujer. La espada terminó por clavarse en el coche donde Richard y ella se habían resguardado. Tomó unos segundos para poder respirar bien. Le dolía todo el cuerpo, estaba cansada, había perdido con casi toda seguridad la audición de su oído izquierdo y había perdido a Emma.
Vio cómo la cabeza de despegó rápidamente del torso de su atacante. Primero cayó la cabeza y luego lo hizo el cuerpo que restaba. Miró con cierto asco el charco de sangre y las entrañas que salían de la cabeza de la otra mujer, pero decidió no darle más importancia. Ya había tenido suficientes traumas en su vida.Richard se puso en pie y con orgullo le echó una mirada a su mujer. Bien, ya habían perdido suficientes soldados. Había llegado el momento de poner sus cartas sobre la mesa, iban perdiendo, tenían que conseguir que aquella historia diese un giro radical, o no quedaría nadie con vida.
Pudo adivinar por las llamas que se distinguían no muy lejos que el G3 estaba llegando a su posición, justo a tiempo.
Hacia tanto tiempo que no utilizaba sus habilidades que hacerlo ahora no parecía tener sentido. Estaba nervioso, herido, desequilibrado emocionalmente y, aún así, lo intentó. Con los ojos cerrados no podía adivinar si lo que intentaba funcionaba, pero los demás lo hicieron por él.Isaac, acompañado de Aurora, la joven con la habilidad de congelación observó atónito como su adversario se congelaba en pleno ataque. Su brazo extendido con intención de tomarle el cuello a él. Simplemente parecía haberse detenido el tiempo. Miró a su alrededor, sucedía lo mismo con el resto de soldados X. Tensó la mandíbula, no era momento de preguntarse nada, aprovecharía la oportunidad.
En las clases y entrenamientos se les había enseñado que la única forma de derrotar a esos humanos modificados genéticamente era la decapitación, sin cabeza no habría conexión neuronal, no podrían regenerarse sin la totalidad de las células madre. Mientras tanto, Roland había recogido uno de los lanzagranadas y apuntaba hacia la avioneta que sobrevolaba ahora su zona. Calculó, y finalmente disparó el proyectil. Acertó de pleno, la avioneta enemiga no tardó en dar tumbos en el aire, en girar en espiral mientras descendía entre llamas, estrellándose en el suelo, alzando un cataclismo importante, pero los soldados pudieron ponerse a salvo a tiempo de ser alcanzados. Nicole también se percató de la situación, y aunque no había mirado de nuevo a su marido, decidió que tenía que desfogarse. Y de qué manera. Sacó sin cuidado alguno la espada que anteriormente se había clavado en la carrocería del coche, la alzó y fue andando. Conforme lo hacía, iba decapitando a todo aquél enemigo con el que se cruzaba. Y le daba igual.Efectivamente, por unos largos instantes se había parado el tiempo. Nada avanzaba, solamente aquellos que Richard quería que avanzaran, su capacidad para controlar el movimiento era admirable, sin embargo él sabía que estaba en números rojos en cuanto al control sobre sus habilidades, todo podía venirse abajo de un momento a otro.
Y eso fue lo que pasó. Él no lo quiso así, hubiese aguantado, pero sintió el filo frío de algo metálico hundiéndose en su abdomen y tuvo que abrir los ojos de par en par. Se encontró con dos esferas negras devolviéndole la mirada, y él, entornando ligeramente los ojos hacia abajo pudo también rescatar una sonrisa fría en los labios del demonio. ¿Demonio? ¿En Senoia? Qué diablos..
-¿Qué es eso de paralizar a la gente? No, no -el demonio retiró el cuchillo y sostuvo por la pechera a Hillson para que no se derrumbara, aunque no parecía que fuese a hacerlo, aquél soldado se veía duro y fuerte.
Efectivamente, había demonios en Senoia. Y se abrían paso avanzando por sobre las ruinas y los cadáveres, era la escena ideal para ellos. Carne fresca.
La navidad de los demonios, en la que los seres humanos, soldados y civiles de aquella ciudad, eran los regalos, los juguetes con los que se divertirían.
Isaac tuvo suerte al poder esquivar el golpe de una soldado X que tenía puño de acero, repentinamente todo volvía a estar en movimiento y él se sentía descolocado, pero podía seguir atacando. Sus manos presas de las llamas se cerraron en puños y agachándose dejó los nudillos sobre el cemento, el fuego empezó a expanderse.Pero Nicole no vio a los demonios ni vio cómo habían herido a su esposo. Estaba ocupada en el suelo, ya que la habían golpeado y había caído de espaldas, luchando por su vida. Un tipo enorme, de unos 120kgs aproximadamente estaba sentado sobre ella. Cerró su mano rodeando así el cuello de la sheriff. Ella notaba que no podía respirar. Intentó moverse para conseguir que sus vías respiratorias funcionaran mejor de lo que lo hacían, pero no lo consiguió. Su atacante cerró todavía más fuerte su mano y se agachó a escasos centímetros de su cara. Le echó el aliento y todavía sujetándola del cuello, la apuntó con un arma en la sien.
Lo que se le echó encima a aquél grandullón fue lo que menos se esperaría ninguno de los soldados presentes, aunque, a esas alturas de la batalla y de la vida, probablemente nada les sorprendía. Un lobo rugió peligrosamente antes de subirse en la espalda del hombre que intentaba asesinar a Nicole Williams, e hincó con brutalidad los colmillos en su cuello, ladeando la cabeza para arrancar parte de su piel, músculo y arteria. Bajó de un salto al mismo tiempo que el cuerpo del gordinflón quedaba sin vida sobre la sheriff.
Los ojos del lobo eran de un azul zafiro cuando miraron a Nicole. Pero no se quedó allí a esperar agradecimiento, siguió entre las llamas y el polvo en busca de otro enemigo. Vio cómo Sheiko desaparecía por entre la espesa nube de humo y dejó caer nuevamente su cabeza en el pavimento. Nunca se había alegrado tanto de caerle bien al lobo. Tosió de forma brusca en repetidas ocasiones y solo cuando estuvo en condiciones, se puso en pie. Fue entonces cuando vio a Richard en el suelo. Se apresuró en correr todo lo que pudo, y no se detuvo ni cuando una bala le rozó un brazo, haciéndole sangrar. Una vez que hubo llegado donde su esposo hizo un examen rápido de sus heridas: y no parecía bueno.
-Rick, Rick, te vas a poner bien -dijo, apresurándose a taponarle la herida. Luego miró su cinto y palpó con sus manos hasta que encontró un paquete de gasas doblado y cinta adhesiva.
-Ordena… Retirada -pidió Hillson, intentando encontrarse con los ojos de ella -Nik… No podemos ganar.
Odiaba decir aquello, se odiaba por pensarlo, pero no podía odiarse por ser sensato. Eran inferiores en número, incluso con el apoyo de los cazadores franceses, ingleses y españoles. El enemigo tenía mucha más artillería, y con la llegada del S4 y los demonios, la esperanza de ganar se había visto sanguinariamente aplastada.
Probablemente todos alrededor de él y ella pensaban lo mismo, pero seguían blandiendo sus cuchillos y apretando los gatillos como si no hubiese mañana. En aquella organización habían habido muchas diferencias, desacuerdo en pensamientos, en ideales. Pero nada unía más a un grupo de personas tan distantes como la supervivencia.Nicole leyó más en aquella mirada que en el propio mensaje. Asintió, pero decidió que ella seguiría adelante. Fue por lo que hizo señas a Camden, un joven fuerte del G5 que podría cargar con RIchard. Una vez que este se hubo acercado lo suficiente, la sheriff le ordenó.
-Coge a Richard y llévatelo al hospital. Busca a Lauren o a cualquiera para que pueda cerrarle eso.
Camden asintió y prosiguió a coger a Richard, y cuando éste último hizo intento de comenzar a hablar…
-No -dijo la sheriff -Os vais dentro, yo me encargaré de que vayamos retirándonos escalonadamente, o esto será un puto caos. Te veré luego.
Nicole se acercó a Richard y le besó en una mejilla. Luego observó cómo Camden se lo echaba a la espalda, así que ella se dio media vuelta y se acercó corriendo a la toma de agua para bomberos más cercana que había. Habiendo sido mitad demonio con anterioridad, había pensado en algo por si algún demonio se aparecía por la zona. Abrió la toma de bomberos cuya agua había sido bendecida esa misma mañana.Isaac, adivinando las intenciones de su anterior mentora sonrió de medio lado de rodillas en el suelo. Le habían herido, un balazo en el abdomen. Perdía sangre, un hilo rojo resbalaba por la comisura derecha de sus labios, pero aún tenía fuerzas para otro golpe más.Se levantó y cojeando llegó a otra de las fuentes, el suministro era el mismo para todo el pueblo, había bastado con bendecir el agua del suministro general. Se descolgó el hacha de la espalda y rompió la carcasa dura de la fuente tras un par de golpes, terminando por agujerear la cañería. El agua empezó a salir, formándose un río que, al ser una calle con pendiente, fue expandiéndose hacia abajo. Decidió sentarse allí una vez acabó, contra la carrocería de un coche abollado. No podía más.Como ya había ocurrido anteriormente con Richard, no pudo ver quién terminó por romper la toma de agua de los bomberos. Estaba más ocupada observando cómo una punta de una barra de acero oxidada sobresalía de su abrigo militar. Y estaba roja. Bajó las manos, todavía en shock y la agarró pero notó que no se movía. Fue entonces cuando se dió media vuelta y observó a un soldado cuyo ojo izquierdo colgaba, ensangrentado y con la insignia de la bandera francesa en su abrigo, la apuntaba con una pistola. La sheriff, todavía en shock, sacó de su bolsillo derecho un machete y terminó por clavárselo en el otro ojo a su atacante francés. Una vez que este había retrocedido, lo decapitó con su espada.
-Joder… -alcanzó a decir.
-Nik -era Roy quien llamaba a la sheriff, mientras con sus manos rodeaba su cintura para sostenerla. Era imposible no darse cuenta de lo jodida que estaba -Eh. Háblame, dime cualquier cosa, tu fíate de mi, te pondré a salvo. Solo dime cosas ¿Cual es tu postura favorita en la cama? Lo he olvidado.
Se pasó un brazo de Nik por sobre los hombros y asintió al soldado que estaba en la puerta del hospital, armado hasta las trancas, defendiendo a la gente que seguía dentro. Debían de darse prisa, o llamaría la atención y los demonios, así como los soldados del S4 que seguían masacrando cazadores franceses e ingleses, así como españoles y americanos, se darían cuenta de que el verdadero banquete estaba allí.
Arrastrando a Nicole bajó la mirada a veces para reconocer algún cadáver de los que se encontraban en el suelo. Se estremeció al ver a Nicolas y por un momento pensó en recogerle y entrarle dentro, pero eso le haría perder tiempo y, a quién quería engañar, Nick ya estaba muerto, ellos aún estaban vivos, había que pensar en los vivos.Nicole no escuchó a Roy, pero tampoco escuchó a nadie. Simplemente dejó que Roland cargara con ella mientras ella observaba con detenimiento todos aquellos lugares por los que pasaban. Si caían más bombas, o no. Si había avionetas, si… si seguía viva. Y parecía que sí.El trabajo allí no había acabado, los médicos encargados del hospital aún acompañaban a los pacientes que podían moverse por su propia cuenta hacia la salida de emergencia. La idea del túnel nunca se había tomado en serio, y ahora, parecía ser la única salida, la vía de escape, la razón que podría garantizarles la supervivencia.
Un bunker a prueba de balas, pero también limitado en espacio por ahora, Senoia en su totalidad no podría encontrar allí refugio.-Deja, muchacho -Lauren obligó al cazador a que soltara a la Sheriff para ser ella quién la cargara ahora.
El bombardeo del exterior seguía erizando la piel de la directora del hospital, en un principio había sentido miedo y en cierto modo, aún lo sentía. Pero creía en aquellos chicos, creía en Joshiel y en su causa, creía en la resistencia ahora más que nunca. Porque era ahora, cuando el imperio ardía cuando era más necesario tener fe.Fuera del hospital, en aquella zona de la plaza principal, ahora solo quedaban ruinas. Coches destrozados, cuerpos desangrándose y otros que ya se habían desangrado. Soldados arrastrándose y gastando así las pocas energías que les quedaban. Unos pocos del G3 aún resistiendo cuando habían escuchado ya la retirada. Habían desobedecido, si. Pero también habían visto morir a sus hermanos, primos, amigos en manos de aquellos demonios y soldados X, no vivirían un día más sin vengarles. 
El joven Isaac miraba cansado hacia lo alto de los edificios de más allá. La otra zona del centro del pueblo. Aún veía avionetas sobrevolando la zona, algunas de la resistencia, otras del enemigo. Y demasiadas explosiones como para pensar en positivo. ¿Sería ese el final de la OCEU? No, no mientras quedase un cazador con vida.
“We have to keep on going. We must keep on going”
SACRED BLOOD | SEASON FINALE

richardxhillson:

CHAPTER 5: THE VICTIM AND THE MESSIAH (Centro del pueblo, zona plaza principal)


-Estoy dentro -informó con voz firme a través del walkie.

No tardó en notar la avalancha de gente que se le venía encima, así que buscó apegarse a la pared y seguir avanzando sin detenerse a reconocer ningún rostro que pasase por delante suyo o cerca. Necesitaba llegar a la recepción principal.

De vez en cuando, el suelo temblaba. El bombardeo de afuera tenía una presencia significativa en el hospital, a excepción de los trabajadores que estaban en buena forma, el resto eran enfermos o heridos que estaban internos por razones obvias, no estaban en condiciones de huir o defender sus vidas la mayoría de ellos, el pánico que les corría por las venas era más que lógico y entendible.

Saltó al otro lado del mueble de recepción y descolgó el teléfono. No había linea. Ni linea, ni luz, solo los halos que iban y venían de las linternas, brillando más que las luces rojas de emergencia.

-Richard -Lauren apoyó las manos sobre la madera y miró al cazador con miedo en los ojos -¿Qué está pasando? Dime que no… Dime que esos no son—
-¿Franceses e ingleses disparándonos desde el aire? Si. ¿Hay alguna forma segura de sacar a los pacientes de aquí? Lauren -rugió aunque intentando controlar su tono. Tenía que reaccionar -¿Hay alguna forma de sacarlos a salvo?

-El tunel de evacuación, pero está sin acabar, no hay más de un kilómetro de recorrido y no es seguro. Podría desplomarse.

-Cualquier lugar es más seguro que este ahora -alzó su walkie -Nik ¿Me recibes? -esperó y se mordió los labios. Bufó hecho un manojo de nervios -Lauren -miró a la aludida a los ojos -Encárgate de organizar la evacuación, yo y mis hombres intentaremos contener al enemigo en un perímetro seguro. Hay que proteger el hospital -salió de detrás de la recepción -Van a haber tantos heridos como muertos cuando esto acabe.

Bajo el casco sus ojos surcaron al frente cuando salió por la puerta principal del hospital, buscaban localizar a su equipo, a su mujer y los suyos entre tanto caos. Dudó en si poner el candado en la puerta, hacerlo sentenciaría a los que estaban dentro en caso de incendio o explosión. Pero, por otro lado, ganarían tiempo si el enemigo intentaba entrar.

En acera podías refugiarte tras los coches, pero cruzar la carretera suponía estar al descubierto. Lo hizo deprisa, sus botas eran ligeras y no cansaban exageradamente. Apegó la espalda contra la carrocería del furgón, echándoles una mirada a Nicole, Roland y el resto de su equipo.
-Informadme.
Leyó los labios de su esposo cuando éste le habló. Hacía ya mucho rato que el bombardeo y el ataque se había iniciado, pero todavía no se había acostumbrado al estruendo de las bombas. Había decidido que era mejor ignorar los gritos de todos aquellos civiles que caían heridos o que simplemente huían por su vida. Al fin y al cabo, eran seres humanos y eso era lo que hacían: sobrevivir. Ella, en cambio, se había prometido no caer herida, toda menos caer muerta.

Hacía frío y fue por eso que al despegar sus labios para comenzar a hablar a Richard se lo había echado en la cara. Vestía una chaqueta militar que le había servido más que nada para empaparse de la sangre que había derrochado un atacante del S4 en el antebrazo de su manga izquierda. A pesar de que había optado por las armas, también cargaba con una espada y varios puñales, pues pensaba que estos terminarían siéndole de más ayuda. Una guerra podía durar horas, días, semanas… e incluso meses. La comida escasearía, los muertos se acumularían en la entrada de cada edificio y la munición terminaría por agotarse.

Se sintió afortunada de dominar la espada, pues era mucho más silenciosa y fácil de manejar a la hora de herir o matar que un arma corriente. Se había prometido a sí misma que no caería ni herida ni muerta en esta guerra, y fue por eso que su actitud de lideraje estaba encendida e iba a por todas.

Por suerte para ellos, la estrategia que Richard y ella habían llevado a cabo con los “X-men” había sido todo un éxito en el ataque inicial. La táctica consistía en, básicamente, dividir en varios batallones a todos esos humanos con habilidades que habían entrenado ellos: el grupo constaría de gente con habilidades de tipo medio: es decir, habilidades que pondrían a prueba a los atacantes.

Si el ataque del G1 no funcionaba, entonces el G3, repleto de gente con habilidades como hacer explotar a alguien desde dentro, tomaba el mando. El G6, completo de gente cuyas habilidades fueron catalogadas como “ciertamente inútiles” se encargaba de disparar flechas ardientes desde el tejado de la tienda más cercana a los atacantes. De esta forma, los atacantes eran atacados por tres grupos, y caería de forma más fácil.

-El G3 y el G5 han acabado con lo que calculamos más de 23 personas, Brooks y Muller han caído, Caspian ha perdido ambas piernas y anda en las últimas, Señor.

Hillson se calló cualquier maldición, no era el momento de lloriquear por los caídos, era momento de asegurarte que tu no fueras el próximo.

-Y yo me he enamorado de una de las malas -añadió Roy Egan, quién acababa de sacarse el casco para pasarse la mano por el pelo y sacudirlo -Yo y mi obsesión con las malas potentes.

Richard si sonrió. Estúpido Egan.

-Bien, hay que mantener la posición, mantened la vista puesta en el cielo, hace demasiado que no vemos enemigo sobrevolando el centro de la ciudad, estoy seguro de que volverán a intentarlo. ¿Tenemos comunicación con el resto de batallones?

Nicole también sonrió por el comentario de Roy, aunque no prestó demasiada atención a la pregunta de Richard: estaba ocupada levantando una mano, y se giró para observar si todas las flechas del ataque que se acababa de iniciar caían en el lugar correcto. Luego, al ver que fue así, se giró hacia Richard, Roland y Landon.

-Aficionados. Estos no saben lo que es pelear con Lucifer, el padre de Josh, el mío.. en fin, todos nuestros padres. Fuimos criados por una panda de bastardos, ¿os dais cuenta?

-¿Qué? -Roy gritó apegando la cabeza a la de Nicole, como si así fuese a escuchar mejor.
En cambio, el comandante Richard estaba muy lejano a esa conversación. Sus ojos seguían viendo polvo y llamas por todas partes, intentaba ver a través de esa densa niebla marrón con tonalidades rojas personas que necesitasen de su ayuda, ese creía era su verdadero trabajo, ayudar, defender a los que no podían defenderse solos. La base de todo cazador era salvar vidas.

Fue por eso que frunció el ceño al escuchar un llanto por debajo del bombardeo, pero era constante, un llanto roto de puro horror. Ladeó varias veces la cabeza, buscando de dónde procedía, buscando a quién sollozaba tan desesperadamente.

Vio entonces al niño, no debería de tener más de seis años, estaba solo cerca de la fuente de la plaza, acurrucado en si mismo. Estaba en plena zona de combate.

-Maldita sea -se irguió sobre sus piernas y sostuvo el arma con fuerza -Mantened la posición -ordenó -Y cubridme -añadió.

Roy apuntó en seguida en dirección a Rick, preparado para disparar a cualquiera que intentase derribarle.
Nicole siguió con la mirada a su esposo hasta que llegó al niño, incluso después de que éste les diera la orden. Miró nuevamente a Roy y Landon, quién todavía no había abierto la boca, y les hizo un gesto con la cabeza.

-Nos ponemos en triángulo. Cada uno que coja un punto y hacemos la triangulación. Me preocupa que no hayamos sigo atacados desde hace diez minutos.

Tras decir esto, la sheriff se sacó de la espalda su espada. Todavía en la hoja de la misma se podía ver el tono rojizo y seco que había dejado la sangre de un atacante.

-Me cojo el flanco derecho.
Nicolas estaba más acostumbrado a dar órdenes que a recibirlas, una mala costumbre todo se diga, pero no era la clase de hombre orgulloso que no sabía obedecer. Simplemente se sentía incómodo, descolocado; como si tener un brazo menos no le tuviese ya flotando en una nube constante.

De su familia no debía preocuparse, Julie se había marchado de Senoia hacia una semana con Skye, hacia el norte, probablemente hacia el estado de Maine. Solo debía preocuparse por él y sus amigos ahora.

Sin decir nada se dirigió hacia el flanco izquierdo de aquella zona, con los ojos puestos en la espalda de Richard en todo momento. Roy hizo lo mismo, pero hacia el noreste de la posición, resguardándose tras unos contenedores.

-Eso no tiene buena pinta -dijo Egan al soldado que curiosamente estaba buscando zona segura tras el mismo contenedor que él. Le sangraba el brazo, muchísimo, las manchas de pólvora y sangre en la cara no eran llamativas a esas alturas, todos estaban hechos un cromo.

Hillson llegó al niño, no se llevó ningún balazo pero si se le estrujó el corazón cuando el llanto ahora se hacía más íntimo, más destructivo.

-Hey kid -le atajó en sus brazos, dejando una mano en su nuca, permitiéndole que se abrazara con todas sus fuerzas a él -Todo estará bien.
-Vale -dijo la sheriff. Movió repetidamente las piernas primero una y luego la otra, acostumbrándolas para que le dejaran de temblar. Empuñó la espada con ambas manos, colocó su pie izquierdo delante del derecho, semiflexionó las rodillas y echó el torso hacia adelante -Veamos qué tienen. Si Rick y el niño terminan si un arañazo de esto, os pago seis rondas de Tequila. Del bueno -dijo mirándoles- no del malo del super.

Apenas unos segundos después de hacer el comentario, y todavía sonriendo de medio lado, se dio cuenta de que un pequeño grupo de unos 6 hombres de negro se habían abierto paso entre tres integrantes del G6, la gente con las habilidades “menos útiles”.

-Mierda. Roy, Landon. Aquí vienen.

Landon fue el primero en mirar hacia el grupo que se acercaba. Eran uniformados franceses, probablemente habían descendido desde algún helicóptero. Se suponía que las demás resistencias de los límites del perímetro no habían caído todavía, o eso quería creer. Se incorporó.

-Son míos -avisó dirigiendo su rifle hacia ellos.

Richard, aún besando la cabeza de la indefensa criatura adivinó que estaban en problemas. Bajó de un salto del escalón alto de la fuente y se dirigió hacia el vehículo en el que Roy estaba resguardado, entregándole el niño con cuidado.

-Coge a dos hombres y éntrale en el hospital -la orden fue tajante y clara.
Los soldados franceses se detuvieron. Eso hizo a Landon fruncir el ceño y dudar en apretar el gatillo. ¿Por qué narices habían dejado de avanzar?

La explicación vino en forma de explosión. Un misil fue proyectado desde alguna avioneta de artillería y el cazador salió disparado hacia atrás. La explosión se llevó por delante varios coches y otros soldados del G6.
Apenas había tenido tiempo de reaccionar ante tal ataque que ya estaba siendo lanzada varios metros a su espalda. El recorrido se le hizo extrañamente largo. Vio las figuras borrosas de los atacantes franceses, que volvían a andar, pero no veía a Landon, Roland ni a Richard. Oh, Richard. Esperaba que estuviera bien. O vivo. Pero que lo estuviera. Se cogió fuerte a su espada como si ésta la fuera a proteger de alguna manera. No terminó de sujetarse a ella cuando notó el suelo bajo su cuerpo. De repente, comenzó a notar una quemazón en el trasero que se fue extendiendo por su espalda y sus brazos. Había caído en un pequeño charco de combustible que ahora ardía, y había terminado de traspasarlo varios metros más allá. Se quedó tumbada boca arriba intentando respirar bien, pues el golpe la había dejado sin respiración unos segundos.
Richard estaba vivo, se sentía más vivo que nunca al lado de Landon, quién estaba muy lejos de sentirse como él. Era consciente de que el enemigo estaba a su espalda, de que estaba dándole la espalda a soldados franceses, pero no podía dejar a Nicolas así.

Tanto era su shock que no le permitía si quiera que se le revolviese el estómago ante el estado del ex portador, todo parecía darle igual, lo único en lo que pensaba era en que esos ojos abiertos viesen y no solo fingiesen ver.

-Vamos Landon -apretó las manos contra su pecho varias veces, el tiroteo que había empezado como un eco retumbando en sus oídos, el misil le había reventado los tímpanos -Vamos, vamos, vamos… -insistió una y otra vez, cada vez con más fuerza, si le quedaba alguna costilla ilesa a ese hombre Rick acabaría de rompérsela -¡Vamos!

Sintió un tirón de su brazo, era Roy, insistiendo en levantarle una y otra vez hasta que lo consiguió.
-Tenemos que seguir. Rick -Roy apoyó su casco contra el de su amigo -Tenemos que seguir.

Mientras tanto, Emma, una joven prodigio rescatada en su día del sector cuatro intentaba ayudar a Nicole.
-Nik ¿Puedes oírme? Nik -llamó otra vez.
Nicole estaba consciente, pero no podía escuchar a la chica que la llamaba. Su visión tardó un par de minutos en mejorar y aunque no veía demasiado bien, pudo distinguir la cara de Emma. Apoyó los codos en el suelo para poder sentarse y posteriormente levantarse. No funcionó a la primera, a pesar de darse ánimos a sí misma.

-Emma, ¿cómo están los chicos? No los… veo. Emma, Emma -repitió. No escuchaba su voz -Emma -volvió a repetir. Ésta vez, atinó a escuchar su propia vez a través de su oído derecho pero el izquierdo parecía estar dormido. O eso quería pensar. Se llevó una mano al oído por el que no escuchaba y notó cómo algo caliente lo cubría. Sangre -Mierda -musitó. Sin embargo, y tras tomar aire varias veces, decidió que seguiría adelante. Ya se preocuparía de su audición más tarde -Ayúdame a levantarme.
Así lo hizo la joven rubia, sosteniendo el brazo de la sheriff para que se incorporara con su ayuda. Le echó una rápida revisión, las heridas no eran agradables, pero sobreviviría.

-Debemos reagrupar a los soldados -sugirió, ella no era comandante, ni sargento, no tenía ningún rango específico a decir verdad, pero había entrenado día y noche para luchar, sabía lo que decía.
Con la mirada observaba su alrededor, entre las llamas, el polvo, las batallas individuales de algunos soldados era difícil distinguir un peligro inminente por sobre un peligro tan general. Estaban en mitad de una guerra, podía alcanzarte una bala desde cualquier dirección. No podía decirse que tuviesen el perímetro demasiado controlado, pero al menos no todos habían caído.

La joven sintió una punzada fría en su pecho, una sensación que no podría explicar. Como si quién estaba haciéndole aquello la llamara miró a aquellos ojos rojos del hombre que le devolvía la mirada con el plus de una sádica sonrisa. Los latidos de su corazón retumbaban en su sien, hasta que pudo escuchar el último. Consciente de todo sintió que las piernas no le respondían, sus músculos estaban helados y tensos. Cayó de rodillas.
Roland había visto aquello desde una cierta lejanía y usó su machete para, desde la derecha de aquél que acababa de matar a Emma, cortarle la cabeza de un solo movimiento. Por muy fuertes que fuesen, no podían marchar por el mundo sin cabeza.
Los hombres del sector cuatro, los soldados X, empezaban a llegar a su zona.
La sheriff observó todos y cada uno de los movimientos de Emma, pero para cuando se agachó, Emma ya había muerto. Su abdomen no dejaba de sangrar y su mirada se había transformado. Era horrible. Nicole, que seguía de rodillas, alargó un brazo para coger su espada. La dejó a su lado y luego cogió ambas manos de la chica muerta. Luego las entrelazó sobre el pecho de su propietaria y la sheriff agachó su cabeza colocáncola justo encima de las manos de Emma. Rezaba. No había rezado desde que tenía 12 años pero Emma era Católica y le hubira gustado el gesto.

-Fly, fly into the light of the dark black night -sururró.

Tras esto, y ayudándose de su espada, Nicole se puso a pie. Dio varios pasos de forma torpe hasta una vieja furgoneta para resguardarse. Ahora no tenía tiempo para llorar por su pérdida.
-Se acerca un grupo por el norte -informó Richard a Nicole cuando se resguardó a su lado, descolgándose el rifle para poder cambiar el cargador más cómodamente. Le ardía el brazo, las costillas le estaban matando, y aún así no sabía de dónde había sacado esa resistencia. Por su aspecto no diría nadie que pudiese mantenerse en pie, pero lo hacía. La miró un momento a los ojos y frunció los labios en un asentimiento; quería decirle que sentía lo de Emma. Pero ambos debían seguir adelante, eran la resistencia de la humanidad, no podían permitirse el rendirse.
-Necesitamos al G3 -habló al walkie, esperando respuesta del otro lado. No había habido necesidad de exponer a aquél grupo hasta ahora, eran demasiado valiosos, y hasta dónde sabían el sector cuatro seguía anhelándolos. Muchos de ellos correrían una suerte peor que la muerte, que era la suerte de volver a ser capturados y usados a voluntad del infierno.

Quién estaba al otro lado del walkie era un joven llamado Isaac, astuto y valiente, con solo dieciséis años se había ganado el derecho como sargento de aquél grupo de xmen. Habían estado esperando nuevas órdenes dentro del supermercado, las linternas apagadas y los estantes aún llenos. El enemigo no había llegado para vaciar sus almacenes, había llegado para no dejar una sola persona con vida. Así era la guerra, así eran los genocidios.

-Recibido comandante, nos desplegamos hacia su zona.

Cuando Isaac alzó la mirada se encontró con una veintena de ojos mirándole con temor, todos querían luchar, pero todos habían esperado de algún modo que no fuese necesario hacerlo.

Las manos del muchachos se prendieron fuego cuando se puso en pie.

-En marcha -se colgó el rifle y avanzó hacia la puerta.

Nicole había girado, cuidadosamente, su cabeza para escuchar a su esposo con el único oído que parecía seguir siendo útil. Entendió que lamentaba la pérdida de Emma y la sheriff decidió que era mejor dejar a Emma encerrada en su memoria hasta que esto terminara. Probablemente tenía laceraciones en el trasero y en su espalda, pero por suerte, el abrigo le había protegido de tener quemaduras de 2º o 3r grado. Intentó seguir con atención las instrucciones de Richard, pero fijó su vista en el suelo y vio que había una sombra extraña que procedía de alguien que venía por sus espaldas. Se agachó como pudo para darse así impulso y colocarse de pie. No tardó mucho en ver que era una mujer con ojos rojos. Las miradas de ambos se bloquearon y se miraron durante lo que pareció una eternidad. Estaban cerca la una de la otra y cualquiera podría empezar primero el ataque, y fue por eso por lo que Nicole esperó a que su atacante diera un paso para así lanzar su espada al aire, dejar que diera un par de vueltas en el mismo, y recuperarla de forma perfecta.

La sabía utilizar, no tenía miedo y estaba cabreada. Alzó la espada al nivel de la cabeza de su atacante y sin dilación alguna, hizo un movimiento horizontal con ella, decapitando así a la otra mujer. La espada terminó por clavarse en el coche donde Richard y ella se habían resguardado. Tomó unos segundos para poder respirar bien. Le dolía todo el cuerpo, estaba cansada, había perdido con casi toda seguridad la audición de su oído izquierdo y había perdido a Emma.

Vio cómo la cabeza de despegó rápidamente del torso de su atacante. Primero cayó la cabeza y luego lo hizo el cuerpo que restaba. Miró con cierto asco el charco de sangre y las entrañas que salían de la cabeza de la otra mujer, pero decidió no darle más importancia. Ya había tenido suficientes traumas en su vida.
Richard se puso en pie y con orgullo le echó una mirada a su mujer. Bien, ya habían perdido suficientes soldados. Había llegado el momento de poner sus cartas sobre la mesa, iban perdiendo, tenían que conseguir que aquella historia diese un giro radical, o no quedaría nadie con vida.

Pudo adivinar por las llamas que se distinguían no muy lejos que el G3 estaba llegando a su posición, justo a tiempo.

Hacia tanto tiempo que no utilizaba sus habilidades que hacerlo ahora no parecía tener sentido. Estaba nervioso, herido, desequilibrado emocionalmente y, aún así, lo intentó. Con los ojos cerrados no podía adivinar si lo que intentaba funcionaba, pero los demás lo hicieron por él.
Isaac, acompañado de Aurora, la joven con la habilidad de congelación observó atónito como su adversario se congelaba en pleno ataque. Su brazo extendido con intención de tomarle el cuello a él. Simplemente parecía haberse detenido el tiempo. Miró a su alrededor, sucedía lo mismo con el resto de soldados X. Tensó la mandíbula, no era momento de preguntarse nada, aprovecharía la oportunidad.

En las clases y entrenamientos se les había enseñado que la única forma de derrotar a esos humanos modificados genéticamente era la decapitación, sin cabeza no habría conexión neuronal, no podrían regenerarse sin la totalidad de las células madre.
Mientras tanto, Roland había recogido uno de los lanzagranadas y apuntaba hacia la avioneta que sobrevolaba ahora su zona. Calculó, y finalmente disparó el proyectil.
Acertó de pleno, la avioneta enemiga no tardó en dar tumbos en el aire, en girar en espiral mientras descendía entre llamas, estrellándose en el suelo, alzando un cataclismo importante, pero los soldados pudieron ponerse a salvo a tiempo de ser alcanzados.
Nicole también se percató de la situación, y aunque no había mirado de nuevo a su marido, decidió que tenía que desfogarse. Y de qué manera. Sacó sin cuidado alguno la espada que anteriormente se había clavado en la carrocería del coche, la alzó y fue andando. Conforme lo hacía, iba decapitando a todo aquél enemigo con el que se cruzaba. Y le daba igual.
Efectivamente, por unos largos instantes se había parado el tiempo. Nada avanzaba, solamente aquellos que Richard quería que avanzaran, su capacidad para controlar el movimiento era admirable, sin embargo él sabía que estaba en números rojos en cuanto al control sobre sus habilidades, todo podía venirse abajo de un momento a otro.

Y eso fue lo que pasó. Él no lo quiso así, hubiese aguantado, pero sintió el filo frío de algo metálico hundiéndose en su abdomen y tuvo que abrir los ojos de par en par. Se encontró con dos esferas negras devolviéndole la mirada, y él, entornando ligeramente los ojos hacia abajo pudo también rescatar una sonrisa fría en los labios del demonio. ¿Demonio? ¿En Senoia? Qué diablos..

-¿Qué es eso de paralizar a la gente? No, no -el demonio retiró el cuchillo y sostuvo por la pechera a Hillson para que no se derrumbara, aunque no parecía que fuese a hacerlo, aquél soldado se veía duro y fuerte.

Efectivamente, había demonios en Senoia. Y se abrían paso avanzando por sobre las ruinas y los cadáveres, era la escena ideal para ellos. Carne fresca.

La navidad de los demonios, en la que los seres humanos, soldados y civiles de aquella ciudad, eran los regalos, los juguetes con los que se divertirían.

Isaac tuvo suerte al poder esquivar el golpe de una soldado X que tenía puño de acero, repentinamente todo volvía a estar en movimiento y él se sentía descolocado, pero podía seguir atacando. Sus manos presas de las llamas se cerraron en puños y agachándose dejó los nudillos sobre el cemento, el fuego empezó a expanderse.
Pero Nicole no vio a los demonios ni vio cómo habían herido a su esposo. Estaba ocupada en el suelo, ya que la habían golpeado y había caído de espaldas, luchando por su vida. Un tipo enorme, de unos 120kgs aproximadamente estaba sentado sobre ella. Cerró su mano rodeando así el cuello de la sheriff. Ella notaba que no podía respirar. Intentó moverse para conseguir que sus vías respiratorias funcionaran mejor de lo que lo hacían, pero no lo consiguió. Su atacante cerró todavía más fuerte su mano y se agachó a escasos centímetros de su cara. Le echó el aliento y todavía sujetándola del cuello, la apuntó con un arma en la sien.

Lo que se le echó encima a aquél grandullón fue lo que menos se esperaría ninguno de los soldados presentes, aunque, a esas alturas de la batalla y de la vida, probablemente nada les sorprendía. Un lobo rugió peligrosamente antes de subirse en la espalda del hombre que intentaba asesinar a Nicole Williams, e hincó con brutalidad los colmillos en su cuello, ladeando la cabeza para arrancar parte de su piel, músculo y arteria. Bajó de un salto al mismo tiempo que el cuerpo del gordinflón quedaba sin vida sobre la sheriff.

Los ojos del lobo eran de un azul zafiro cuando miraron a Nicole. Pero no se quedó allí a esperar agradecimiento, siguió entre las llamas y el polvo en busca de otro enemigo.
Vio cómo Sheiko desaparecía por entre la espesa nube de humo y dejó caer nuevamente su cabeza en el pavimento. Nunca se había alegrado tanto de caerle bien al lobo. Tosió de forma brusca en repetidas ocasiones y solo cuando estuvo en condiciones, se puso en pie. Fue entonces cuando vio a Richard en el suelo. Se apresuró en correr todo lo que pudo, y no se detuvo ni cuando una bala le rozó un brazo, haciéndole sangrar. Una vez que hubo llegado donde su esposo hizo un examen rápido de sus heridas: y no parecía bueno.

-Rick, Rick, te vas a poner bien -dijo, apresurándose a taponarle la herida. Luego miró su cinto y palpó con sus manos hasta que encontró un paquete de gasas doblado y cinta adhesiva.

-Ordena… Retirada -pidió Hillson, intentando encontrarse con los ojos de ella -Nik… No podemos ganar.

Odiaba decir aquello, se odiaba por pensarlo, pero no podía odiarse por ser sensato. Eran inferiores en número, incluso con el apoyo de los cazadores franceses, ingleses y españoles. El enemigo tenía mucha más artillería, y con la llegada del S4 y los demonios, la esperanza de ganar se había visto sanguinariamente aplastada.

Probablemente todos alrededor de él y ella pensaban lo mismo, pero seguían blandiendo sus cuchillos y apretando los gatillos como si no hubiese mañana. En aquella organización habían habido muchas diferencias, desacuerdo en pensamientos, en ideales. Pero nada unía más a un grupo de personas tan distantes como la supervivencia.
Nicole leyó más en aquella mirada que en el propio mensaje. Asintió, pero decidió que ella seguiría adelante. Fue por lo que hizo señas a Camden, un joven fuerte del G5 que podría cargar con RIchard. Una vez que este se hubo acercado lo suficiente, la sheriff le ordenó.

-Coge a Richard y llévatelo al hospital. Busca a Lauren o a cualquiera para que pueda cerrarle eso.

Camden asintió y prosiguió a coger a Richard, y cuando éste último hizo intento de comenzar a hablar…

-No -dijo la sheriff -Os vais dentro, yo me encargaré de que vayamos retirándonos escalonadamente, o esto será un puto caos. Te veré luego.

Nicole se acercó a Richard y le besó en una mejilla. Luego observó cómo Camden se lo echaba a la espalda, así que ella se dio media vuelta y se acercó corriendo a la toma de agua para bomberos más cercana que había. Habiendo sido mitad demonio con anterioridad, había pensado en algo por si algún demonio se aparecía por la zona. Abrió la toma de bomberos cuya agua había sido bendecida esa misma mañana.
Isaac, adivinando las intenciones de su anterior mentora sonrió de medio lado de rodillas en el suelo. Le habían herido, un balazo en el abdomen. Perdía sangre, un hilo rojo resbalaba por la comisura derecha de sus labios, pero aún tenía fuerzas para otro golpe más.
Se levantó y cojeando llegó a otra de las fuentes, el suministro era el mismo para todo el pueblo, había bastado con bendecir el agua del suministro general. Se descolgó el hacha de la espalda y rompió la carcasa dura de la fuente tras un par de golpes, terminando por agujerear la cañería. El agua empezó a salir, formándose un río que, al ser una calle con pendiente, fue expandiéndose hacia abajo.
Decidió sentarse allí una vez acabó, contra la carrocería de un coche abollado. No podía más.
Como ya había ocurrido anteriormente con Richard, no pudo ver quién terminó por romper la toma de agua de los bomberos. Estaba más ocupada observando cómo una punta de una barra de acero oxidada sobresalía de su abrigo militar. Y estaba roja. Bajó las manos, todavía en shock y la agarró pero notó que no se movía. Fue entonces cuando se dió media vuelta y observó a un soldado cuyo ojo izquierdo colgaba, ensangrentado y con la insignia de la bandera francesa en su abrigo, la apuntaba con una pistola. La sheriff, todavía en shock, sacó de su bolsillo derecho un machete y terminó por clavárselo en el otro ojo a su atacante francés. Una vez que este había retrocedido, lo decapitó con su espada.

-Joder… -alcanzó a decir.

-Nik -era Roy quien llamaba a la sheriff, mientras con sus manos rodeaba su cintura para sostenerla. Era imposible no darse cuenta de lo jodida que estaba -Eh. Háblame, dime cualquier cosa, tu fíate de mi, te pondré a salvo. Solo dime cosas ¿Cual es tu postura favorita en la cama? Lo he olvidado.

Se pasó un brazo de Nik por sobre los hombros y asintió al soldado que estaba en la puerta del hospital, armado hasta las trancas, defendiendo a la gente que seguía dentro. Debían de darse prisa, o llamaría la atención y los demonios, así como los soldados del S4 que seguían masacrando cazadores franceses e ingleses, así como españoles y americanos, se darían cuenta de que el verdadero banquete estaba allí.

Arrastrando a Nicole bajó la mirada a veces para reconocer algún cadáver de los que se encontraban en el suelo. Se estremeció al ver a Nicolas y por un momento pensó en recogerle y entrarle dentro, pero eso le haría perder tiempo y, a quién quería engañar, Nick ya estaba muerto, ellos aún estaban vivos, había que pensar en los vivos.
Nicole no escuchó a Roy, pero tampoco escuchó a nadie. Simplemente dejó que Roland cargara con ella mientras ella observaba con detenimiento todos aquellos lugares por los que pasaban. Si caían más bombas, o no. Si había avionetas, si… si seguía viva. Y parecía que sí.

El trabajo allí no había acabado, los médicos encargados del hospital aún acompañaban a los pacientes que podían moverse por su propia cuenta hacia la salida de emergencia.
La idea del túnel nunca se había tomado en serio, y ahora, parecía ser la única salida, la vía de escape, la razón que podría garantizarles la supervivencia.

Un bunker a prueba de balas, pero también limitado en espacio por ahora, Senoia en su totalidad no podría encontrar allí refugio.
-Deja, muchacho -Lauren obligó al cazador a que soltara a la Sheriff para ser ella quién la cargara ahora.

El bombardeo del exterior seguía erizando la piel de la directora del hospital, en un principio había sentido miedo y en cierto modo, aún lo sentía. Pero creía en aquellos chicos, creía en Joshiel y en su causa, creía en la resistencia ahora más que nunca. Porque era ahora, cuando el imperio ardía cuando era más necesario tener fe.

Fuera del hospital, en aquella zona de la plaza principal, ahora solo quedaban ruinas. Coches destrozados, cuerpos desangrándose y otros que ya se habían desangrado. Soldados arrastrándose y gastando así las pocas energías que les quedaban. Unos pocos del G3 aún resistiendo cuando habían escuchado ya la retirada. Habían desobedecido, si. Pero también habían visto morir a sus hermanos, primos, amigos en manos de aquellos demonios y soldados X, no vivirían un día más sin vengarles.

El joven Isaac miraba cansado hacia lo alto de los edificios de más allá. La otra zona del centro del pueblo. Aún veía avionetas sobrevolando la zona, algunas de la resistencia, otras del enemigo. Y demasiadas explosiones como para pensar en positivo. ¿Sería ese el final de la OCEU? No, no mientras quedase un cazador con vida.

We have to keep on going. We must keep on going”

SACRED BLOOD | SEASON FINALE




Jan/11/13
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CHAPTER 4: FOR THE ONES WE LOVE (Perímetro sur, resistencia del bosque)

A medida que se adentraban entre aquellos árboles y su alrededor se volvía más denso, también se acentuaba esa niebla húmeda y gris que ponía nervioso a James Drack. Por extraño que pareciese, no le asustaba que pudiese salir un ejército de entre tantos matorrales, le ponía nervioso una dichosa niebla. Era un hombre de poca paciencia, todo el que le conocía sabía eso.
Elisabeth no apartaba los ojos de la espalda de su sobrina, estaba lejos de la base, lejos de casa y lejos de su marido, ella era toda la familia que tenía cerca y su labor era protegerla, de lo contrario su hermano la haría pedazos. A su vez, Riley no apartaba la mirada de Iris, y Christopher parecía ser el único allí alerta a lo que realmente importaba, que era el camino que recorrían y el que aún debían recorrer. Había demasiado silencio, no se escuchaba el cantar de un solo pájaro; y avanzar entre maleza bajo el manto de la noche hacía sentir a cualquiera inseguro. Seguramente, sería diferente si el astro rey brillase en lo alto del cielo.
Pero no, el enemigo había decidido atacar en plena noche, habían reventado los fusibles generales que facilitaban la electricidad a Senoia y solo el bombardeo silencioso en forma de halos de luz amarillos que se alzaba tras ellos, en la lejanía, sobre el pueblo, alumbraban la oscura noche.
-Aquí James Drack a batallón Sigma -habló contra su walkie el ex portador -¿Me reciben? Estamos cerca de su posición. Repito, estamos cerca de su posición ¿Me reciben?

Riley miró por sobre los hombros y de reojo a James, como parecía fastidiarse por tener solo silencio como respuesta. Estaba segura de que ninguno de ellos tenía aún claro dónde se estaban metiendo.
-¿A cuanto estamos de la zona de vigilancia? -preguntó Christopher a Johanna.
Elisabeth miró su smartphone, en concreto la aplicación dónde estaba integrado el mapa de la totalidad del perímetro de Senoia, contestándose para si. Aún faltaba cerca de dos kilómetros, pero y sin saber si era la única, ya empezaba a notar en la niebla cierto hedor a sangre.
-Demasiado -fue la única respuesta de la joven Drack, quien no le sacaba los ojos de encima a su padre. ¿Porque estaba intentando defenderlo? No, claro que no, ella no era capaz siquiera de comenzar a pensar en proteger a su padre; pero, en caso de una emboscada o cualquier tipo de percance, sabía que si había alguien a quien tenía que seguir e imitar era a él. Modelo a seguir, o lo que fuese.

Lo cierto era que, veinte cuadras o dos metros, la distancia hasta la zona de vigilancia no importaba realmente, porque algo le decía que no iban a llegar hasta allí; que habría algún tipo de acontecimiento en el camino. Era por eso que no bajaba la guardia, y estaba tan alerta como nunca. No era la primera vez que se encontraba en terreno hostil o en medio de una misión; pero sí era la primera que se enfrentaba a soldados, que ella pasaba a ser parte del montón, y que, antes de disparar para salvar su vida, tenía que pensar por otro y salvar la de su compañero. Siempre había actuado así, es verdad; pero ahora el tablero era más grande, y las fichas más importantes. Era tal y como Robert le había descrito la superficie allá en su dimensión.

Lizzie Stevens frunció el ceño aún ensimismada en la pantalla de su teléfono, eran suficientes para prestar atención alrededor, alguien debía de prestar atención a la tecnología. Que, puestos a ser honestos, podría ser más útil que todas las balas que llenaban los cargadores de cada arma presente en el batallón. Se detuvo en seco y alzó un brazo al instante, los soldados se detuvieron inmediatamente entendiendo aquella orden, y lo mismo hizo James Drack quién además retrocedió para dirigirse a Elisabeth.
-¿Qué sucede?

-Enemigos. A nuestras doce y… las dos y media. Deben de ser muchos, solo veo un enorme círculo rojo.

-¿Crees que tenemos tiempo de dar un rodeo? -espetó Riley desde su posición.

No, no tendrían tiempo. Una bala surcó la distancia a una velocidad estrepitosa hasta impactar en el pecho de uno de los soldados del batallón, que cayó de forma seca sobre el suelo húmedo. Los que estaban cerca de él alzaron sus armas atentos, pero se hacía realmente difícil localizar un enemigo con tanto gris dificultando la visión.

-A las armas -ordenó James Drack, alzando la voz y buscando en seguida el tronco de un árbol tras el que poder refugiarse -Dividiros -su tono era completamente autoritario, si bien no estaba acostumbrado a dar órdenes, sino que siempre las había seguido o simplemente seguía su propio pensar, no se le daba mal.

Como si alguien hubiera tocado el botón de “encendido”, Iris Drack dejó su caminar tranquilo para escabullirse entre la maleza del bosque hasta finalmente esconderse detrás del primer árbol viejo que pudo encontrar. Había pasado de estar alerta a estar demasiado alerta.

Procuró quedarse en una posición que le permitiera salir rápido de donde estaba, pero desde la cual pudiera también ver a las personas que más le importaban; sentía que, en vez de atacar al enemigo, tenía que proteger a los que quería, así que eso hizo.

Una vez desaparecido el enojo que le producía el haber sido los primeros en ver a uno de sus hombres caer, enfocó todo su capacidad en crear un manto de protección sobre su padre, algo que le permitiera moverse sin que le balearan el culo; hizo lo mismo con Riley, su mejor amiga. Luego otro sobre Elisabeth, quien era excesivamente importante para el desarrollo tecnológico de la humanidad y, por último, sobre Christopher quien, aunque no le cayera del todo bien, seguía siendo el novio de su amiga, y si era importante para Riley, también lo era para ella.

En cuanto la primera bala que debió alcanzarle perdió fuerza muy cerca de él y cayó inofensiva al suelo, James comprendió que tenía la suerte de su lado; o quizá, a su hija de su lado que vendría a ser lo mismo. Le estaba protegiendo, así que era el momento de cortar cabezas.

Sostuvo firme el rifle en su mano derecha y desenfundó su cuchillo con la izquierda, la niebla podía impedir ver mucho más allá pero los enemigos inmediatos se delataban. Se agachó esquivando el golpe que pretendieron atestarle con un cargador y hundió el arma blanca en el cuello del soldado francés, sin soltarle aún apuntó su rifle hacia los dos que venían detrás del mismo. También cayeron.

En cuanto a Riley, sus manos no tardaron en prenderse fuego y sus ojos volverse violetas. No supo en qué preciso momento aquella zona del bosque se había convertido en una batalla campal, pero debía aprovechar sus poderes y su ventaja para defender a los que no tenían la misma suerte. Cuando estuvo a punto de atacar a uno que se acercaba peligrosamente a Elisabeth sintió un golpe seco a su espalda, y se giró. Era Chris, acababa de disparar a un soldado que pretendía sorprenderla a ella por detrás. Frunció el ceño cuando le vio sonreír.

-That back is mine, bitch.

Ella sonrió y alzando las cejas divertida asintió. Era cierto, toda suya. Volvió a enfocarse en la batalla, extendió el brazo y la llamarada no tardó en extenderse hacia un grupo de cinco soldados. No era difícil percibir sus gritos incluso por encima de los estallidos de las balas.

Aquél francotirador estaba muy concentrado, agazapado tras un matorral, apuntando a través de la mirilla de zoom hacia unos árboles. Tenía a Iris Drack a tiro, y ella no se movía por lo que acertar no se le haría difícil a un profesional como él.

Lo que no esperó fue sentir el cañón de un arma en su cuello.

-Not today -le avisó Elisabeth, apretando el gatillo sin titubear.

Pero Johanna estaba muy lejos de haber percibido la mayoría de las cosas que ocurrían a su alrededor. Alzar una pared de protección sobre todo su batallón le tomaría tiempo que no tenían y en el cual podrían ser severamente atacados; pero cuidar de cuatro personas particulares requería de mucha concentración y trabajo, más si éstos estaban continuo movimiento.

Así que se quedó agazapada, enfocada en lo que estaba haciendo. Cada tanto evitaba que alguna bala perdida alcanzara a uno de los suyos, y hacía explotar alguno de los cargadores de los franceses, que producía explosiones que quitaba vidas a su paso. Y aunque estaba mareada, y en otro momento ese hubiera sido motivo suficiente para permanecer agachada, se incorporó. Nada de eso era como lo había ensayado alguna vez.

Materializó su arco y su caja de flecha, y salió de su escondite para buscar alguna línea recta careciente de árboles o cualquier tipo de obstrucción. Entonces, disparó, para que ésta viajara hacia donde Elisabeth les había marcado que se encontraba el punto rojo, a las doce en punto, produciéndose una gran explosión. El fuego, sumado a la pólvora de los soldados, definitivamente le hizo acordar a los fuegos artificiales que había apreciado el veinticinco de diciembre por la noche, al recibir la Navidad junto a su padre.

-Not bad.
Los ojos de James Drack vieron aquella explosión y no le nacieron dudas, eso había sido solamente obra de una persona. Se giró en su sitio olvidando por un momento al enemigo y se dio el tiempo que necesitaba para apreciar con orgullo la postura ofensiva de su hija. ¿Podía existir alguien más perfecto? Definitivamente nunca podría borrar su pasado, las vidas que había robado, pero no cambiaría el presente que estaba haciendo y el futuro al que se encaminaba por nada en el mundo. Ni si quiera para borrar la oscuridad que había vivido. Iris y Arleen lo eran todo para él.

Tensó la mandíbula y apuntó hacia atrás sin ver, disparando. El soldado que se había delatado con su carrera de fuertes pisadas cayó sin vida.
Los ojos violeta de Riley Stevens se entrecerraron e incluso volvieron a su color azul natural cuando empezó a no dar crédito a lo que veía. De entre los árboles, algunos en llamas, avanzaba una figura envuelta en lumbres, alumbraba todo a su paso. ¿Quién diablos…?
-That’s not normal -dijo Christopher repentinamente a la derecha de su novia.
No lo era. Y más frunció el ceño cuando aquella, porque si estaba prácticamente segura de que era una mujer, extendió un brazo hacia una zona en concreto. Iris…
Se giró para mirar hacia su mejor amiga y se le encogió el pecho. Era difícil adivinar cual era el poder de lo que fuese esa criatura. ¿Una soldado X? La cuestión era que estaba haciéndole algo a Iris, porque ésta parecía no poder respirar y sufrir de un inmenso dolor en su pecho.
-No! -gritó primero James Drack, acercándose por el flanco izquierdo de la que estaba envuelta en llamas, hundiendo el cuchillo con el que estaba armado en su abdomen. El cuchillo se dobló como si fuese plástico, y esos ojos que reflejaban pira.
James se sintió empujado por una fuerza sobrehumana y salió despedido hasta su espalda impactar contra un robusto tronco, cayendo al suelo adolorido.
Riles tensó la mandíbula y avanzó decidida, no iba a dejar que eso sucediera.
Mientras tanto, Elisabeth retiraba su arma blanca del cuello de un soldado y se secaba la sangre que resbalaba de su labio inferior.
Primero, a Johanna le costó respirar, así que se apresuró a volver a intentar inhalar aire por la nariz, pensando que podría hacerlo si seguía forzándolo, pero ni a la primera, ni a la segunda, ni a ninguna de las que le siguió logró que aire ingresara hasta sus pulmones. Pero no terminó allí. Había una especie de opresión sobre su pecho, algo que comenzó siendo un malestar apenas, y luego fue transformándose poco a poco en un dolor que iba agudizándose con el correr de los segundos, hasta que finalmente sintió que un edificio entero se le había caído encima, y no podía respirar, ni mover el pecho, ni nada. Terminó cayendo sobre sus rodillas, y cuando sus manos se apresuraron a tocar el suelo para apaciguar el golpe, vio su arco tirado, aunque no recordaba haberlo dejado caer.

Alzó la cabeza, y pretendió seguir con sus intentos, pero no recibía ya aire, sino imágenes que le disgustaban. James volando por los aires, Riley corriendo hacia el enemigo, alguien encendido en llamas que no le hacían daño, y sus soldados, su batallón, cayendo poco a poco como si de hormigas se tratasen.

Entonces, sintió que comenzaba a fallarle la cabeza. Ahora no estaba mareada por su concentración, sino por la falta de oxígeno que no llegaba a su cerebro.
Le dolía el pecho, y curiosamente también el resto del cuerpo. Y luego, vino el cortocircuito; así se lo imaginaba ella, porque eran como chispas dentro de su cabeza que le indicaban que algo iba mal, hasta que fue incapaz de alzar más paredes que defendieran a las cuatro personas que le importaban.

En su más fría parsimonia, aquella mujer liberó su cuerpo de las llamas, dejándose ver tal y como era, natural, vestimenta corriente, pero ojos tan rojos como la sangre. Torció apenas la cabeza ignorando completamente como Riley Stevens se acercaba peligrosamente a ella, había desarrollado cierta obsesión hacia quién tenía bajo su control, aquella persona que había eliminado de un solo disparo a un grupo numeroso de enemigos. Los soldados X estaban hechos para destruir, pero también tenían cierto libre albedrío. La quería abajo, la quería muerta.
Aquella mano que tenía levantada se contrajo, excepto un dedo que siguió apuntando hacia Iris Drack. De él fue naciendo un halo de luz, una pequeña esfera, energía concentrada, atracción de partículas que probablemente llegaría a ser letal para quién la recibiese. Riley se detuvo entonces, no llegaría a tiempo. Sus ojos volvieron a tornarse violetas, todo estaba sucediendo muy deprisa. James Drack recuperando la conciencia tras el golpe, Elisabeth librando su propia batalla, pues alguien tenía que seguir conteniendo al enemigo francés e ingles. No matarían a su mejor amiga, no lo harían delante de ella, no perdería a nadie más; y mucho menos a ella, otra vez. Esa era su segunda oportunidad, no se la arrebatarían.

En lo que los brazos de Riley se volvieron fuego y una tormenta pareció estallar en el cielo, la mujer de ojos rojos disparó aquél cañonazo de pura energía.
A Riley se le cruzó por la cabeza interponerse, pero alguien se le adelantó. Christopher Hillson estaba ahora interrumpiendo el campo de visión de la soldado X hacia Johanna, se veía bien, incluso sostenía el arma en su mano y sus pies estaban pisando firmemente el suelo. Pero mientras su expresión empezaba a encogerse y su ceño a fruncirse, un hilo de sangre comenzó a escapar por su boca resbalando hacia la comisura de sus labios, y una mancha marrón se hacía cada vez más grande en su pecho.

En el momento justo en que Chris cayó de rodillas, cuando la soldado estuvo a punto de dibujar una fría sonrisa, Elisabeth se le acercó por detrás sosteniendo su machete y lo usó para cortarle la cabeza de un solo movimiento. Riley hubiese reaccionado, pero se le había parado el corazón.
Una vez más, Johanna no había sido consciente de nada de lo que había ocurrido a su alrededor porque el dolor le había tenido más concentrada en intentar mantenerse viva que otra cosa; pero era un nuevo tipo de dolor, uno que iba por dentro, que no requería de cortes o heridas superficiales.

Un dolor que, de un momento al otro, había desaparecido.

Cuando la joven Drack estuvo consciente de nuevo, y pudo alzar la cabeza, no le gustó para nada lo que vio. Elisabeth acababa de salvarle el culo, evidentemente, pero no era la única, porque alguien se había interpuesto en el camino de quien la había estado atacando. Christopher Hillson acababa de evitar que la mataran. Y eso hacía que ahora fuera él quien estaba muriéndose.

-Fuck -intentó decir Drack, aunque bien cierto era que sus pulmones no habían respirado en más tiempo del que le hubiera gustado, así que ahora hablar le parecía algo prácticamente imposible, y muy doloroso. De todas formas, se incorporó y casi corrió hacia donde estaba su compañero, el novio de su amiga, agachándose a su lado y vertiendo el líquido azul de una de las botellitas que le habían dado en la base, mientras preparaba la segunda por si llegaba a ser necesario.

Estaba mareada. Le dolía la cabeza y sentía que le pesaba, así como también sentía que en cualquier momento iba a desvanecerse y lo peor de todo era que no sabía por qué. Pero, de todas formas, se obligó a alzar un muro invisible entre el enemigo y el batallón que respondía al comandante Drack; había cometido un error anteriormente, protegiendo sólo a los que quería. Tenía que hacer un esfuerzo, auto exigirse si era necesario, y ponerlos a todos a salvo, porque la mejor defensa era una buena ofensa, y no lo harían si podían bajarlos con un par de tiros.

Aunque quien la había atacado a ella no lo había hecho con balas precisamente.

Los ojos de Christopher miraron a los azules y cansados de Iris, y a pesar de la sangre que salía a borbotones de su boca pareció sonreír. Le apretó el brazo con la mano derecha y no apartó la mirada de ella ni un segundo.
-Cuídala.

Riley leyó los labios de su chico, como le pedía a su mejor amiga que “la cuidara”, probablemente a ella. Y también le vio quedarse con la mirada perdida, sus ojos estaban plenamente enfocados en la escena, pero había sido incapaz de moverse de su posición. Estaba allí, plantada, como una estatua pretendiendo ser invisible entre balas y explosiones, entre muerte y gritos desgarradores.

El cielo tronó nuevamente, los árboles empezaron a agitarse con tanta fuerza que a lo lejos pudo adivinarse uno siendo arrancado de sus raíces. Acababa de desatarse el caos.

El cuerpo de Riley Stevens era ahora irreconocible, estaba completamente envuelto en llamas, por lo que las lágrimas que escapaban de sus ojos tampoco podían adivinarse. Fijó su furiosa mirada en un grupo de tres soldados X; no podían ser otra cosa, no iban uniformados y no temían a lo que sucedía a su alrededor. Tampoco miró a Elisabeth siendo arrojada al suelo tras un certero y fuerte golpe, a James Drack correr hacia su hija para cubrirle la espalda mientras seguía agazapada. No vio nada, solo a aquellos tres enemigos.

Sus brazos se extendieron y las llamas les atacaron, sabía que no sería suficiente, así que tras un destello en sus ojos violetas les observó cayendo de rodillas, atormentados por un dolor interno, sintiendo sus órganos vitales retorcerse, como si millones de espinas estuviesen clavándose en ellos sin descanso.

-¿Estás bien? -preguntó James a su hija, echándole una mirada a Chris y después otra a su alrededor, no iban a poder contener al enemigo, necesitaban refuerzos.

Pero Iris no oyó a su padre. De hecho, ni siquiera había oído a Christopher cuando le dijo que cuidara de su amiga; pero como sus ojos estaban fijos en él, clavados en los ojos azules de Hillson y observándolo irse, había logrado captar sus labios moverse y, por lo tanto, la idea de que cuidara de Riley.

Se sentía aturdida, como si estuviera envuelta en cuatro paredes que la apretaban de todos lados, y si quería deshacerse de aquello tenía que acabar con la protección que había alzado sobre los soldados de su padre, pero no iba a hacer eso.

De un momento a otro, sintió que sus ojos se tornaban vidriosos, seguramente porque comenzaba a comprender lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Ese era Chris, amigo de la Iris de esa dimensión, novio de Riley… No podía irse. Así que siguió intentando salvarlo, volviendo a vaciar otro frasco de líquido azul en su boca, y esperando que esa botellita hiciera un milagro. Pero a Christopher lo había golpeado un tipo de magia que ella no conocía, y era probable que el líquido no surtiera efecto ante esa magia.

-Don’t fucking leave -le pidió, por primera vez en mucho rato logrando hablar.

Iris negaba con la cabeza, y cuando la alzó fue que comprendió que su padre estaba a su lado, y le miró rogándole que la ayudara. Christopher no podía irse también. Había sido Riley ¿y ahora él? ¿Es que no se terminaba eso nunca? No podían seguir muriéndose todos, ella no podía soportarlo. Nadie la había preparado para tanto dolor.

Y tan en su mundo estaba, pretendiendo que no los matasen a balazos, e inmersa en sus pensamientos esperando que su padre pudiera hacer algo por Christopher, que no supo ni que su amiga ahora se enfrentaba a tres nuevos soldados X, y que cinco más resurgían de entre las llamas.

-No hay nada que yo pueda hacer Iris -dijo James negando con la cabeza, y tomando a su hija por el brazo -Debemos ponernos a salvo, se ha ido -tironeó una vez más, insistente. Y debió hacerlo con plena autoridad cuando adivinó el sonido de un misil, poniéndola en pie solo para correr unos seis metros y lanzarse contra unos matorrales con ella, evitando por suerte la explosión directa, aunque seguramente les dejaría aturdidos.

Los brazos del ex portador protegían a su hija en un abrazo, para que las llamas no la hiriesen.

-Is that the best you can do? -Lizzie sonrió con sorna, limpiándose la sangre del labio y la barbilla, sin apartar los ojos de su adversario. Un chico común, pelo alborotado, tan solo cabía destacar el rojo de sus ojos.

Se agachó para evitar el próximo golpe del soldado, haciéndose ligeramente a un lado permitiéndose así poder golpear ella el estómago de su adversario. Sostuvo con fuerza el machete y cortó su cabeza sin perder más tiempo, se acercaban más, los notaba tras su espalda.

-¡Están avanzando! -un soldado gritó, señalando a los franceses e ingleses que avanzaban bosque abajo, hacia la ciudad.

-¡Seguidles! -ordenó Lizzie, arrancando el cuchillo del pecho del soldado que acababa de matar.

Alzó su brazo, mostrando su brazalete, el mismo que la protegió de las balas que soltaban el arma de un enemigo. Con la otra mano levanto su pistola y bastó con un solo tiro para derribarle. Entonces sintió un golpe frío en su espalda, un corte lacerante y doloroso. No pudo evitar que las piernas le fallaran y caer de rodillas, liberando un grito de dolor. Respiró entrecortadamente y apretando los dientes con furia giró la pistola para que apuntase hacia su espalda, disparando al soldado que acababa de apuñalarla por detrás.

-Fucking cowards -maldijo, arrancándose el cuchillo de si misma esta vez. Liberó otro quejido y alzó la mirada hacia dónde estaba su sobrina -¡Riley! -intentó advertirla.

La joven Stevens oyó el grito de su tía, por eso pudo girarse a tiempo para evitar un ataque letal y darle la vuelta a la situación, siendo ella quién le robaba la vida a aquél soldado al hundir la daga en su cuello. La arrancó dejando caer el cuerpo y sus ojos violeta hicieron frente a dos enemigos más.

Quién sea que disparó aquél bazooka no pareció importarle que dos de sus hombres fuesen a caer también, porque lo hizo de todas formas. El misil estalló en el suelo levantando una fuerte explosión y cantidad de polvo, probablemente desmembrando a los dos soldados así como lanzando por los aires a Riley.

Cuando cayó, el gritó salió cargado de rabia y dolor, un dolor que le recorría todo el cuerpo. Sin poder ignorar el ardor de las quemaduras y el pitido de sus oídos se dio la vuelta en el suelo, atrapando la tierra húmeda en sus manos, ese contraste de frío y calor no conseguía sin embargo darle calma a su corazón.

Lloraba con desesperación. No podían haberle matado, no a él. El suelo cerca de su posición empezó a temblar hasta dividirse, la arenilla cayendo en un inmenso vacío rocoso. Así como varios soldados eran empujados por el fuerte viento hacia el abismo del suelo.
La joven Drack se sintió aturdida, y ésta vez sabía que no era sólo porque estaba mareada, sino que también los oídos estaban pitándole con fuerza. Cerró los ojos, los apretó tanto como pudo, y entonces comprendió que no podía distinguir más que ese sonido agudo y dolor punzante en su cabeza. Se preocupó entonces, porque cabía la posibilidad de que de un momento a otro todo hubiera acabado, pero no era así; si bien ella no oía nada, no significaba que no estuviera cayéndose el mundo abajo a sus alrededores. No tardó mucho en comprender que se había quedado sorda; lo único que pedía era que fuera temporal.

-Gracias -fue lo único que dijo a su padre en voz alta, y se asustó al no oír su propia voz, pero dejó eso para cuando fuera importante, porque sintió algo que caía por su nariz y manchaba sus labios. Se llevó una mano a la cara, descubriendo sangre. Era hora de dejar de proteger a los soldados, porque sino terminaría haciéndose daño ella misma.

Se incorporó como pudo. No oía los gritos, las amenazas, las corridas a sus alrededores. Iba a ser muy complicado adivinar cuándo alguien quería sorprenderla por la espalda si no podía oírle, así que centró su habilidad en ella misma: cualquier pistola que se le acercase, la consideraría enemiga.

Buscó entonces su arco, su flecha, tiradas a varios metros de distancia de donde ella estaba. Pero, como eran de metal, las hizo volar hacia donde ella estaba, sosteniéndolas y comenzando a buscar soldados para utilizarla. Los de los ojos rojos estaban mejor vestidos que los soldados ingleses y franceses, y como esos le suponían a ella más peligro, comenzó a apuntarles y darles de lleno en la cabeza con flechas explosivas que se activaban al tocar al enemigo.

Alguien tenía que ayudar a Elisabeth a cortar cabezas después de todo. La misma se encontraba ahora tragándose el contenido de uno de los frascos azules, desechándolo a un lado cuando terminó. Fue a ponerse en pie y se sobresaltó poniéndose a la defensiva cuando vio a un enemigo cerca, pero éste cayó después de que una flecha se clavara en su nuca, eso pudo ver cuando el hombre cayó con los brazos extendidos al suelo.

Ella alzó la mirada y vio a Iris. La saludó con dos dedos en la frente y desarmó al enemigo caído, consiguiendo una nueva pistola con munición.

James Drack no se quedó atrás cuando su hija se puso en pie. Se deshizo de su chaqueta y se subió las mangas de la camiseta. No harían sangrar a su hija sin pagar el precio.

Cerró los ojos e inspiró aire profundamente, su pecho se infló notablemente. Sentía el viento golpeándole en la cara, su cabeza silenciándose. No escuchaba nada más que los latidos de su corazón sosegándose. Cerró las manos en puños y cuando volvió a abrirlas, el río que cruzaba los bosques, cuyo volumen había crecido debido a la incesante lluvia que Riley había desatado con sus poderes, se desbordó. Salió de su cauce y se enfrentó a árboles y maleza, llevándose incluso piedras por delante hasta que empezó a llevarse enemigos. Éstos alcanzaban apenas a correr antes de que el agua se los tragase y la corriente se encargase de que no pudiesen salir a la superficie. Una muerte horrenda, pero no por eso menos merecida.

Cuando el agua llegó a la zona de combate James abrió los ojos y extendió los brazos, el curso se dividió en dos y se convirtió en dos ráfagas de agua amenazantes que golpeaban tanto a franceses como ingleses, el líquido metiéndose por sus fosas nasales, ahogándoles desde dentro. Apenas tenían tiempo a gritar.

Riley estaba ya en pie, o apenas. Intentaba sostenerse y seguir dando pelea, el por qué no lo sabía. Quizá porque debía defender el legado de su padre y su resistencia, porque por esa razón estaba allí, para cambiar el futuro, hacerlo mejor. Simplemente hacer uno.

Perdió el equilibrio cuando un cuerpo la empujó violentamente y pudo gritar justo antes de sostenerse de la raíz de alguna planta, era doble y resistente, pero no soportaría su cuerpo por mucho tiempo.

Miró hacia abajo, el vacío que había creado podría tragársela a ella también.

-Riley! -Lizzie gritó, rasgando el estómago de un francés y lanzando el cuchillo hacia el pecho de otro.

Con el cauce de agua a su favor derribando soldados enemigos por todos lados, Johanna tuvo un momento para percibir a Elisabeth gritando, y mirando hacia una dirección en particular. Al no poder oír lo que había dicho, tuvo que girarse hacia donde Lizzie había mirado antes, esperando una horda de nuevos soldados a los que embestir; pero en lugar de eso había algo incluso peor.

Johanna corrió hacia Riley de la manera más rápida que sabía, esquivando soldados caídos a su paso, y cortando gargantas que pretendían interrumpirle el camino. Pudo jurar que había visto la mano de su amiga soltarse, por lo que se impulsó con sus piernas para caer cerca de ella, sosteniéndola antes de que la tierra de la tragara.

-Got you, bitch -le dijo, y utilizó ambas manos para ayudarse a subir a la castaña que, si bien siempre había sido la más menudita de las dos y eso hubiera significado que sería fácil subirla, parecía no tener fuerzas para ayudar a Johanna a subirse-. C’mon! -Le gritó, otra vez sin oírse mientras lo hacía, y tiró de Riley con más fuerza, arrojándola hacia la superficie justo antes que otra de las malditas bazookas enemigas pudiera golpearla. Y, como había hecho su padre con ella no mucho tiempo atrás, Johanna se tiró sobre su amiga, para protegerla de la eminente explosión que, curiosamente, nunca llegó.

La joven aprisionada bajo los brazos y cuerpo de Iris sollozó, envolviendo con fuerza a su amiga. No era miedo, era angustia y dolor. Lo había conseguido, por fin había superado medianamente las pérdidas, tenía una segunda oportunidad con alguien que había perdido ¿Y ahora le arrebataban al único chico que no la había juzgado y se había molestado en amarla tal y como era? No era justo.

Todo alrededor parecía menguar, ya no se escuchaban tantos disparos, el enemigo había sido silenciado en su mayoría. Elisabeth y un grupo de diez hombres de la resistencia se encargaban de eliminar a los que quedaban, no habían perdido después de todo… Claro que, todo dependía de como se mirase.

James Drack se disponía a bajar los brazos, no necesitaba seguir con aquél ataque, tampoco podría haberlo mantenido de haber querido. Retrocedió un paso cuando notó un balazo directo a su hombro, apenas torció los labios, pero no se quejó. Lo que hizo fue buscar con la mirada al culpable. Y lo encontró, en pie junto a un árbol. Apretando los dientes con furia alzó su pistola para aniquilarle, pero el otro volvió a apretar el gatillo. Y otra vez. Y otra hasta que James no pudo hacer otra cosa que disparar con desequilibrio hacia las copas de los árboles y caer de espalda al suelo.

-Oh god… -Lizzie se quedó un momento paralizada, pero tragó saliva para engullirse también su angustia y girando hacia el soldado lo derribó con puntería. Entonces echó a correr hacia el comandante de ese batallón, buscando en seguida en su cinturón frascos azules para poder atenderle cuando se dejó caer de rodillas a su lado -It’s okay Drack. Look at me -le ordenó firme, sacándose la chaqueta para cubrir su pecho con ella -No, you have to look at me -regaño furiosa, tomándole de las mejillas para que le mantuviera la mirada.

Johanna correspondió el abrazo, aunque llevaba el ceño ciertamente fruncido. ¿Por qué no se había quemado la espalda? Giró la cabeza, vio la ausencia de una explosión, y seguía sin comprender. Había percibido a esa arma; no había nada mal con ella. Hubiera sido perfecta para acabar con ellas, pero no lo había hecho.

-C’mon, we gotta move -le dijo a Riley, tirando de ella porque quería obligarla a incorporarse.

-Quédate quieta -le dijo alguien, a lo que ella frunció aún más el ceño. Las habían atrapado, probablemente alguien las tenía a tiro del cañón, y las amenazaba para que no se movieran. ¿Lo bueno? Al menos volvía a escuchar.

¿O no? Después de todo, Riley no parecía haber oído la advertencia. ¿Qué mierda…?

Johanna obligó a su amiga a incorporarse, tenían que moverse y salir de allí donde ella creía que estaban tan expuestas, pero en cuanto logró salir de detrás del árbol caído que les había servido como escondite mientras habían estado acostadas, se descubrió cerca de un soldado que vestía un uniforme que no era el de la Oceu, y sus ojos eran rojos y furiosos.

Ahora que había revelado su ubicación y la de Riley, no tenía más opción que cargarse al hijo de puta; pero no fue tan rápida como le hubiera gustado. Primero, pensó que ella había sido demasiado lenta alcanzando su arma, pero luego comprendió que su enemigo era más rápido de lo normal y, en menos de lo que Iris había podido reaccionar, ya había sido molida a golpes, y despojada de la cercanía de su amiga. Sintió un disparo, la bala dirigiéndose hacia Riley, pero no vio al agresor; sólo pudo detener el ataque, precisando el balín para que se perdiera, y vino otro golpe.

La rubia se incorporó como pudo, no recordando cuándo había vuelto a caerse al suelo, y seguramente pareció estúpida, pero comenzó a propinar golpes a diestra y siniestra, esperando en algún momento terminar con el maldito que seguía aturdiéndola. Hasta que, de un momento a otro, volvió a verle frente a ella, y ya no se movía rápido; pero no fue Johanna quien acabó con esa vida, sino una bala dándole de lleno en su entrecejo.

-I told you to stay down -advirtió alguien. Iris se giró, buscando la voz que le hablaba, la única que escuchaba en realidad, y cuando vio a un hombre de pie no muy lejos de donde estaba, abrió los ojos más de lo normal-. Hey, Drack -le saludó Jack sin mover los labios.

Riley también observó a Jack por unos instantes con el ceño fruncido. Se pasó una mano temblorosa y herida por la frente y miró a su alrededor. Ya no veía enemigos en alto, tan solo cuerpos, sangre, muerte. ¿Habían ganado?

-Lo estás haciendo bien -le dijo Elisabeth a James -Piensa en algo bonito.

-It’s fucking me Stevens -rugió como pudo, la sangre se le acumulaba en la garganta -I can’t do such thing.

-Right -ella enarcó una ceja, parecía calma, pero no lo estaba. Los frascos azules no hacían milagros, ella podía ser buena científica, pero no era dios. Sostuvo con fuerza el cuchillo y lo hundió en una de las heridas de James, dejando la otra mano sobre su abdomen ensangrentado para que no se moviera, tenía que retirar las balas, eso le daría tiempo. O eso quería pensar.

El grito de James debió oírse hasta en la base militar.

-Aquí Jefferson a base. ¿Me reciben? Creemos haber asegurado el perímetro sur. Repito, perímetro sur asegurado ¿Me reciben?

Por otro lado, Johanna no comprendía… Bueno, en realidad sí lo hacía. Era comprensible, ¿cierto? Lo había dejado a la merced del sector cuatro meses atrás, y ahora era parte de su equipito de soldados estrellas de ojos rojos; y el único motivo por el cual acababa de asesinar a uno de sus compañeros, era porque él mismo quería acabar con la jovencita que le había encerrado en ese lugar de nuevo.

Una sonrisa se hizo de los labios de Jack, y una carcajada le siguió. Iris frunció el ceño, sin comprender.

-No voy a lastimarte –habló de nuevo sin mover los labios. Lo único que pudo pensar Johanna era que él sabía que no podía oírle, por lo que utilizaba sus habilidades para hacerse entender. Astuto el muy hijo de puta-. Yo que tu no me preocuparía por quien acaba de salvarme el culo, y corro a ver a mi padre.

¿Qué corriera a ver a su padre? Eso le sonó tan mal que se dejó todas las preguntas para otro momento. Divisó a Riley, y aunque le hubiera gustado cargarla y llevársela, había alguien que parecía que necesitaba su ayuda en ese momento, así que comenzó a andar entre los árboles, buscando a Drack con lo complicado que se le hacía no oírle cuando gritaba su nombre. Pero lo encontró, y corrió hacia él, y el mundo podía caerse a pedazos en ese momento, que no iba a importarle en lo más mínimo si su padre no vivía.

-Dad -le llamó, colocando una mano en su pecho, y la otra en su mejilla. No fue hasta que alzó la cabeza buscando qué hacer que descubrió a Elisabeth al otro lado de su padre. No podía estar haciendo otra cosa que intentar encontrar una bala, y como probablemente lo único en lo que Johanna podía ayudar era en eso, obligó a la bala a salir tan limpia como había entrado, mientras buscaba más frasquitos de líquido azul que, en lugar de verter en la boca de su padre, lo hizo en su herida, como había visto a los médicos de su dimensión hacer muchas veces.

Los ojos de James se enfocaron en su hija y una extraña sonrisa se posó en sus labios, extraña porque le costaba trazarla con el constante temblor de sus labios.

-Hey baby -habló tragando saliva, estirando la mano para poder tomar una de ella -Hey.. It’s ok. It’s gonna be ok, you hear me? I will never leave you.

Elisabeth no estaba tan segura, pero no compartiría sus pensamientos. No tenía nada con lo que drenar la sangre, apenas tenía ropa para detener las hemorragias y los frascos azules podían cerrar las heridas por fuera, pero los derrames internos serían más complicados de cicatrizar. No había sido un tiro, habían sido más de tres.

Las rodillas de Riley Stevens se posaron entonces al lado de su mejor amiga, guardándose el quejido para ella sola. Miró a Iris.

-I can save him… Trust me -asintió tragando saliva y miró a James Drack, aunque, realmente, no parecía mirar a nada en particular.

Le costó más de lo que hubiese querido llamar a su energía, había gastado muchísima en la batalla y se sentía agotada, pero no podía dejar al padre de Iris morir, ya habían perdido a uno… no podían perder a nadie más.

Lizzie retiró las manos de Drack cuando vio a su sobrina acercarlas. Las de Riley no tardaron más en comenzar a iluminarse.

-Tuis sanabo te corpus et animam -murmuró cuando sus ojos se volvieron violetas. Normalmente, no necesitaba conjurar ninguna palabra para realizar un acto de sanación, pero esta ocasión era diferente; estaba pobre de poder, en números rojos de energía, necesitaba hacer un llamado más preciso.

A Johanna, en cambio, le llevó un par de segundos comprender que su amiga necesitaba que se apartara para poder hacer ese tipo de magia; aún así, no quería abandonar a su padre, y se había empecinado en sostener una de sus manos entre las suyas, como si de esa forma ella pudiera brindarle más energía a su padre que Riley sanándolo, cuando en realidad era consciente de que las cosas no eran así.

Finalmente terminó apartándose, y dejó de mirar los ojos azules e intensos de su padre, aquellos que eran como los de ella, y los pasó a los de Riley, observándola haciendo su magia.

-Riley, if you need any energy… -dijo Johanna, extendiendo sus manos para que su amiga las tomara, siendo bien consciente de que en realidad no podría otorgarle demasiada en ese estado en el que estaba.

-Take mine -la interrumpió Jack, que había aparecido de la nada. Cuando se quedó del otro lado de Stevens, Johanna se sobresaltó; no le había oído llegar-. I’ve plenty.

La joven Lancaster ignoró la ayuda, Jack se encontraba sano, precisamente. Elisabeth también y Johanna estaba en mejor estado que ella, era mejor que conservaran sus energías, habían muchos heridos que atender y en cierto modo, el final de la guerra no había sido proclamado, podían llegar más enemigos aprovechando su ingenuidad de pensar que todo había acabado.

El destello se hizo cada vez mayor, hasta que por un momento la noche pareció dar paso al amanecer. Solo un espejismo, pues se desvaneció segundos más tarde, apagándose hasta verse todos sumidos nuevamente en la oscuridad del bosque.

Riley retiró las manos y con la boca abierta y los párpados temblorosos. Se retiró retrocediendo con torpeza hasta que su espalda pudo apoyarse en el tronco de un árbol.

-James -Elisabeth miró en seguida al ex portador, dejando una mano bajo su hombro para ayudarle a incorporarse cuando notó que así él lo quería -Are you ok? Can you hear me?

El aludido asintió, mirándola momentáneamente pues quería posar los ojos en los de su hija. Después de hacerlo tironeó de un brazo de la misma para abrazarla con fuerza. Eso había estado demasiado cerca, más de lo que le hubiese gustado.

-I’m fine -la tranquilizó en un susurro -It’s okay.

La hermana de Joshiel suspiró con alivio, pasándose la mano por el cabello sucio.

La joven correspondió el abrazo, y aunque había sentido a su padre moviendo la mandíbula, no supo nunca lo que le había dicho. Ya tendría tiempo para mencionar el hecho de que no escuchaba nada más que sus pensamientos, porque se había quedado sorda hacía un rato. Entonces, apretando a su padre y casi estrujándolo contra sí como si de un oso de peluche se tratase, vio a Jack por encima del hombro de James; sonreía, e incluso Johanna pudo jurar que había soltado una carcajada por lo bajo. ¿De qué mierda se reía? Lo próximo que supo fue que ese hombre se incorporó y se retiró de su vista, perdiéndose en la espesura del bosque una vez más.

Iris se separó y miró a su padre.

-We have to move -le recordó, terminando de deshacer el abrazo para volverse a su amiga. Elisabeth podía ser su tía, pero nadie más que Johanna iba a hacerse cargo de Riley.

-She’s right -Lizzie también se levantó, recogiendo las armas que había dejado a su lado para poder atender a Drack -Debemos alzar un campamento en un perímetro más seguro y buscar supervivientes. También ponernos en contacto con la base y el resto de batallones.

Dicho aquello se giró sacando su walkie y caminando por encima de los incontables cuerpos inertes que cubrían el pasto del bosque ahora manchado de sangre intentó buscar comunicación.

-Aquí Elisabeth Stevens batallón sur. ¿Alguien me recibe? Cambio.

-I told you -Riles susurró cuando vio a Johanna acercarse, su mirada estaba perdida no obstante -I told you I could save him.. I can do it. I can save people…

Drak decidió dejar a su hija a solas con su mejor amiga y cumplir órdenes, Elisabeth era tan capaz de comandar como él. Debían buscar supervivientes. Con la mirada buscó al sujeto que habían visto, a Jack.. ¿Se desvanecería sin más? ¿De dónde habría salido?

-Riles… Are you okay? -Inquirió Johanna con cierta cautela que no era propia de ella. Se había acercado a su amiga y la observaba con preocupación en sus ojos. Si se concentraba bien, podía leer sus labios y saber lo que le decía por más que le costase.

Riley se veía fatal. En realidad, todos se veían así, a excepción de Elisabeth, que incluso aunque se encontraba en el medio del maldito campo de batalla, podía verse como una modelo. Era eso, o que la admiraba tanto que se viese como se viese a Johanna le parecía salida de un libro; una super guerrera, o algo por el estilo, una que lograba muchas más cosas que muchos de los que tenían poderes.

Buscó entonces a James con la mirada, y luego a Jack, sin encontrar a ninguno, y volviéndose a su amiga de nuevo.

-¿Puedes caminar? -Inquirió con la misma cautela de antes, dispuesta a cargarla ella misma si era necesario.

Por otro lado, se apareció detrás de James Drack el tan mencionado Jack, pisando fuerte y manteniendo una distancia prudente. Después de todo, el ahora Comandante se había ganado hacía tiempo su respeto.

-¿Buscando a alguien, Comandante? -Se anunció, con el rostro inescrutable.

Drack se giró despacio, demostrando falsa calma. Él era pura dinamita, ni si quiera en momentos de felicidad podía calmar el acelerado ritmo de su corazón, siempre estaba alerta, siempre desconfiaba, podría decirse que nunca descansaba.

-A ti -contestó cuando tuvo a Jack de frente. Tensó apenas la mandíbula -¿De dónde sales, Jack? Ha pasado mucho tiempo… Y decides aparecer justo ahora, justo aquí. ¿Por qué?

-Con el debido respeto James -Elisabeth se le acercó -Si quisiera matarnos ya lo habría intentado, así que dejemos el interrogatorio cuando mi sobrina no esté a un paso de la demencia, no tengamos nuestra zona repleta de heridos y hayamos alzado el campamento.

Desgraciadamente Lizzie tenía razón, así que James desenfundó su segunda beretta y siguió a Stevens. Mientras tanto, Riley asintió a Johanna y con su ayuda se puso en pie.

-Tu -desde donde estaba Elisabeth señaló a Jack -En las mochilas de algunos de nuestros hombres hay tiendas de campaña. Haz un pequeño campamento, si no vamos a dispararte al menos te daremos una utilidad.

James sonrió mientras se agachaba a calmar el malestar y nerviosismo de un hombre herido.

Jack asintió una sola vez con la cabeza a Elisabeth, sonriéndole como si aceptara. ¿Que ellos no iban a dispararle? Que se consideraran afortunados que él había estado de su lado, que de lo contrario las bajas hubieran sido mucho mayores.

El hombre desapareció una vez más, buscó soldados franceses e ingleses sobrevivientes, y les puso en modo marionetas para que ellos hicieran el trabajo que Stevens le había mandado a hacer mientras él les supervisaba.

-It will be okay, you hear me? -Habló Johanna a su amiga. Había encontrado un lugar bastante apartado de los caídos, donde podría atender a la castaña, quien, en efecto, parecía estar perdiendo la cabeza.

-Elisabeth Stevens batallón sur ¿Alguien me recibe?

Cuando no hubo respuesta nuevamente arrojó el walkie entre arbustos. Estaba furiosa, necesitaba saber qué tan mal estaban las cosas en Senoia, si iban perdiendo, si iban ganando… Si nunca habían tenido una oportunidad, o si siempre la tuvieron. Sollozó apenas inspirando por sus fosas nasales todo el aire que le fue posible y se puso manos a la obra en atender a los heridos, indicándole a James Drack en todo momento lo que necesitaba. Por el momento, necesitaban hacer un recuento de supervivientes y cerciorarse de que tenían las medicinas necesarias para atenderlos, de lo contrario moverles sería un esfuerzo en vano.

-He told me once he would never leave me -le dijo Riley a Johanna, sellando los labios antes de tragar saliva y mientras sonreía con tristeza las lágrimas escapaban de sus ojos -He told me Iris -le dolía demasiado el pecho, más que cualquier quemadura o herida que tuviese -I can not loose him… What am I going to do?

Se escuchó un aullido en el bosque. Uno que no podía ser de otra cosa que de un lobo.

La rubia seguía leyendo los labios de su amiga, y terminó tomando una bocanada de aire por la boca, soltándolo de a poco en un suspiro cansino. No le deseaba ese dolor que debía tener su amiga en ese momento a nadie; ella misma se imaginó perdiendo a Robert por un segundo, y la angustia aprisionó su pecho, por lo que se obligó a decirse que eso no era cierto para no sufrir. ¿Cómo hacía su amiga, quien no podía decirse a sí misma que no era más que una mentira?

-Él siempre quiso que fueras fuerte -le recordó a Riley, sabiendo que eso no sería suficiente para hacerla sentir mejor, pero era un principio-. Tienes que mantenerte en una pieza por él -Johanna buscó los ojos de su amiga, obligándola a verla-. Él te perdió, pero en ningún momento dejó de buscarte; así que eso harás tu: no dejarás de buscarle.

Seguido de ese aullido, Jack se sobresaltó, aunque permanecía serio y aparentemente concentrado en lo que hacía. Se encargó él mismo de ejecutar a los soldados franceses e ingleses cuando terminaron con su trabajo, habiendo montado las tiendas a una velocidad inigualable, y cuando estuvo listo, volvió a perderse en el bosque, lejos de la vista de Elisabeth y James, para acercarse a donde estaban Johanna y Riley.

Se apareció detrás de Iris, se agachó y con rapidez dejó dos dedos sobre la sien de Riley, haciendo que ésta cayera dormida. Lo próximo fue hacer lo mismo con Drack, para llevársela lejos cuando nadie le vio.
La presencia del lobo se hizo evidente ante los ojos de Elisabeth, quién al ver semejante animal no tardó en apuntar su arma hacia él. Sin embargo, cuando sus ojos se vieron perdidos en los del can, frunció el ceño. Y ante su asombro y alivio vio que el lobo, mientras avanzaba, iba convirtiéndose en Cloud Warren. Su marido.

-Cloud.. -bajó el arma, tragando saliva y cerrando los ojos -Maldita sea, podría haberte disparado.

-Soy más rápido cuando me transformo, lo siento -se excusó él, rodeándola en sus brazos cuando estuvo en frente de ella y a una escasa distancia, abrazándola con alivio -Thank god you’re alive.
Ella cerró los ojos y casi sonrió con cierto sarcasmo.
-Too bad I can’t tell that about my team -se separó mirándole a los ojos -Cloud… ¿Qué ha sucedido? Creí que estabas en el centro de la ciudad con uno de los batallones.
-Nos redujeron -contestó sin miramientos -Eran demasiados. Atacaron desde el aire y habían soldados con habilidades superiores a las nuestras -Debí retirarme antes de convertirme en un cadáver como el resto.
Lizzie volvió a cerrar los ojos y dejó las manos en el pecho de Cloud, tironeando apenas de su ropa.
-Prácticamente he recorrido la ciudad en mi forma lobuna… Lizzie, hemos perdido.
Drack se acercó a Warren y Stevens, tomando por el brazo a la segunda para que se voltease a verle.
-¿Dónde está Iris?

Ella frunció el ceño y miró rápidamente hacia dónde había visto por última vez a Johanna, pero, efectivamente no se encontraba allí. Y Riley… ¿Qué diablos le pasaba a Riley?

END OF CHAPTER 4




Jan/11/13
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CHAPTER 3: THE FALL OF THE WALLS (Centro de Senoia, parque principal)En la tienda ya no quedaban soldados pidiendo últimas indicaciones, Joshiel Stevens tenía las manos apoyadas sobre la mesa y observó frío como ésta temblaba y el whisky que llenaba su vaso se removía por la sacudida. Ya estaban allí. Atacaban desde el aire, como había predicho. Los seis walkies de sobre la mesa interfiriendo entre ellos, las voces de los comandantes ya asignados exigiendo nuevas órdenes, informando sobre la cantidad de enemigos que cruzaban el perímetro, los soldados que ya habían caído.
Se despabiló, atrapó el quinto walkie y habló con firmeza.
-Responded al ataque aéreo. Quiero esas avionetas abajo ya.
Los comandantes tenían carta libre, cada sargento decidiría qué opción era la correcta, allí se estaba librando una guerra, pero cada unidad de asalto, cada batallón se enfrentaba a su propia batalla, y si cada uno ganaba la suya quizá tuviesen una oportunidad de ser los únicos en alzar la bandera de la victoria. Si es que había una en todo aquello.
Se puso la chaqueta de tela firme y resistente verde, recogió los dos rifles y las armas ligeras, colgándose los primeros y guardando en el cinturón las segundas. Miró el vaso de reojo, y sin pensárselo más se acabó lo que quedaba de Whisky.
-Dia Dhuit -murmuró en irlandés antes de soltar secamente la copa en la mesa y salir de la tienda.Allí le esperaba Layla, a quién sin dudarlo sorprendió tomando entre sus manos sus mejillas para sellar sus labios con los de ella intensamente. Ella no sabía lo mucho que significaba para él que estuviese a su lado, sería su protección, su fuerza y su empuje. Joshiel podía ser soñador, pero no era iluso. Sabía que muchas vidas se perderían, no se trataba de salvarlas todas, se trataba de salvar tantas pudiesen, y de defender la resistencia. Sin ella, estarían perdidos, desperdigados, no habría unión. Como fuese eso lo sabía cualquier persona con dos dedos de frente; la unión hace la fuerza.Cuando Layla vio salir a su esposo de la tienda, no se imaginó esa clase de reacción; más bien esperaba ordenes, como si nunca se hubieran conocido. Aquel día, Joshiel era General con todas las letras y no podían dejarse llevar mucho por los sentimientos. O al menos, era lo que quería instalar en su cabeza. Porque sabía que tarde o temprano, iba a sucumbir a ellos.
Después de todo, estaba allí por él. Literalmente, no podía moverse. No había podido convencer a Michael de volver a Irlanda y menos a su padre; y como guardiana de la familia debía hacer hasta lo imposible por asegurar la supervivencia de ambos, sin importar el costo. Nadie les agradecería a ellos el día de mañana, por eso, su lucha allí unicamente era su familia.
Cerró los ojos un momento, y besó a Josh durante unos segundos más antes de separarse de él y rápidamente enderesarse y saludarlo, como si fuera una soldado más. En realidad, sonreía. Era una especie de broma; Layla no soportaba las ordenes, ni siquiera las de Josh.
-We’re ready, general -avisó, quien parecía ser una bomba humana. Su cinturón estaba repleto de granadas, y llevaba la silenciadora entre ellas. Lo demás, esperaba que fuera suficiente con sus poderes y su propia voluntad.
Stevens asintió y con la nariz arrugada alzó la mirada hacia el cielo oscuro, en cuanto el atardecer que se hacía de rogar diese paso a la noche, tendrían menos oportunidad de vencer.
Nuevamente, ellos no eran la armada estadounidense, ellos eran cazadores, educados hacia el exterminio de todo lo oculto y malvado, de lo sobrenatural. Los humanos no eran su especialidad, la artillería militar tampoco.
-Es mejor que tomemos posición -sugirió girando la cabeza hacia su hijo, Michael. Esperaba de brazos cruzados las órdenes.
Si el muchacho iba a luchar, lo haría cerca de él. Dio el primer paso y emprendió la marcha hacia la zona central de Senoia, dónde había asignado la posición a su batallón.
-Aquí el general ¿Me recibe Anderson?-Le recibo general, estamos en posición. Hemos podido identificar dos naves aéreas francesas, aún no tenemos buen ángulo para abrir fuego.
-No esperen demasiado, no hay que permitirles que nos bombardeen desde arriba. Estamos en camino -se guardó el walkie y se llevó el rifle hacia delante, preparado. Aún estaban en la zona de la base militar, pero siendo precavido, era mejor pensar que el enemigo podía llegar de cualquier parte. Norte, este, sur, oeste… Daba lo mismo cuando eran tantos.Parecía que irían en fila, seguramente, debía de ser algo más organizado y de esa forma llamarían menos la atención; quería pensar, no entendía mucho de estrategias militareas, la cuestión es que Lay iba detrás de Michael casi por insistencia propia. Nada podía pasarlo, apenas era un niño de 15 años al que luego tendría que golpear ella por haber sido tan terco de querer luchar en una guerra como esa. 
Contras las cosas sobrenaturales, siempre tendrían más chances. Estos eran humanos y para ninguna de las cosas que llegaran a hacer habría vuelta atrás; serían por siempre la raza más peligrosa.
Mientras caminaban, observaba el cielo a veces también, sin poder creer que estuviese repleto de avionetas, balas intercambiando de lugar a ver quien se mataba primero… Siempre había creido que la gran batalla se daría entre angeles y demonios, no entre humanos.
Soltó un fuerte suspiro y decidió prestar más atención a tierra.
-Ten cuidado por donde caminas tú -le advirtió a Mike, sin poder esconder el tono duro que había adoptado hacia él desde el momento que se enteró que lucharía a su lado.
Mike asintió a su madre y apretó el rifle más en su mano, humedeciéndose los labios inquieto. No era su primera batalla, pero aquella la sentía distinta por alguna razón. ¿Quizá porque lo obvio era la derrota?
Al mirar hacia el cielo como había hecho su madre y ver una avioneta inglesa aislada entrecerró los ojos.
-General, voy a ir a por ellos -habló firme a su padre.
Éste se detuvo y se giró para mirar a su hijo. Mirando de reojo hacia arriba entendió a lo que se refería.
-Podemos derribarles desde tierra.
-Será más rápido y reservaremos munición. Puedo hacerlo -había confianza en su tono de voz, fe en si mismo.
-Si te alcanzan o algo te sucede Michael..
Su hijo le interrumpió negando con la cabeza. Se echó hacia atrás el rifle e inspirando profundamente miró hacia el cielo. Localizó la avioneta que abría fuego contra la zona este del pueblo y alzó vuelo como un cohete. Josh intentó seguirle con los ojos, pero diablos que era rápido.
Layla se acercó más a Joshiel entonces, que era quien estaba más próximo a ella ahora que quedaba un lugar libre. No podía esconder su enfado luego de haber visto a su hijo así, partir como si nada hacia los cielos con tan sólo un rifle para enfrentar a quien sabe cuantas avionetas. Él solo.
-Cuando lleguemos a casa voy a matarte.- susurró entre dientes a Joshiel, mientras seguía camino, algo más torpemente ahora, tropezandose de vez en cuando con las piedras en la tierra -¿Cómo lo dejas ir así? ¡Es un niño de 15 años contra avionetas de 500 toneladas!
-Confío en él -contestó simplemente él, negando una vez -Michael ha entrenado mucho y no es la primera vez que está en batalla, luchó en Washington y sobrevivió. Es nuestro hijo, sangre de nuestra sangre, no le queda mucho para cumplir sus dieciséis. Lo hará bien.
Le hubiese dado o no permiso Michael hubiese hecho lo que le hubiese venido en gana, esa era la verdad, no el porqué le dejaba ir.
Ya pisando el cemento y sobre terreno del pueblo la tensión se incrementó. Ya era posible divisar enemigos tanto ingleses como franceses, Josh se preguntaban como habían llegado al centro de la ciudad sin complicaciones. Quizá habían descendido desde helicópteros.
-Anderson -llamó Stevens por el walkie, refugiado tras los ladrillos de una pared que hacía esquina junto a Layla. Frunció el ceño al no recibir respuesta. Odiaba no recibir respuesta -Anderson.
Tuvo que alzar la mirada hacia arriba cuando aquél estruendo le llamó la atención. Una avioneta caía en espiral y se estrelló contra un vehículo estacionado en la calle, no muy lejos de ellos. Aún con el ceño fruncido, Josh notó que algo caía a su derecha. Su hijo.
-Hell yes! -Michael sonreía -¿Vieron eso? ¿Lo vieron? Touch down!
Layla se acercó para darle un golpe en la cabeza a su hijo, pidiendole que se pusiera serio al respecto. No era ninguna broma todo aquello.
-Ve atrás mio -le ordenó, sacando ya la silenciadora de su cinturón. No tardó mucho en cargarla y tenerla disparar; y parecía que ese día sería todo rápido, porque tampoco tuvo que esperar bastante para disparar las primeras balas. Tuvo que hacer que Joshiel se agachara de inmediato al ver que dos hombres, obviamente enemigos -aunque no supiera de que clase-, se aceraban hacia ellos con claras intenciones violentas. Pero si las suyas eran malas, las de Layla mucho peor. Ambos cayeron al suelo de un tiro en la frente cada uno.
-Damn humans -espetó la cazadora, ya agitada -You two be careful! -volvió a advertir a Joshiel y Mike.
Todavía no había estallado la guerra en aquella zona, en el norte sur y oeste de Senoia se contenía al enemigo, pero sería cuestión de tiempo. Debían llegar a la posición de su batallón, solos no lograrían sobrevivir. Joshiel vio que unos cuatro enemigos se acercaban por una de las calles secundarias que quedaban a la derecha de dónde ellos se encontraban, Mike tenía razón, debían guardar tanta munición pudiesen. Movió el brazo rápidamente y uno de los vehículos estacionados salió despedido violentamente hacia el grupo de cuatro, arremetiéndoles y probablemente dejándoles fuera de combate.-Vamos, tenemos que aligerar el paso -bajó de la acera a la carretera y decidió avanzar en linea recta, el parque no estaba a más de cuatrocientos metros.
Mientras tanto se encargaba de mirar hacia los hogares que quedaban a ambos lados de la carretera, en algunas de las casas y ventanas de los departamentos había luces, y aunque deseaba entrar en cada uno de los hogares y gritarles que moviesen el culo y se pusieran a salvo, o al menos no actuasen como dianas parpadeantes y llamativas, no lo hizo. Había una imagen mayor de la que preocuparse.
-Stupid people will be stupid people -se susurró.
Su esposa se apresuró a seguirlo, aunque no se encontraba muy cómoda por el hecho de tener que unirse a un gran grupo; si cometían un error, sería en grande. Solos siempre era mejor. Terminaron escondiéndose todos detrás de una camioneta que había quedado por allí estacionada, vigilando que nadie más se acercase, aunque era difícil entre tanto ruido y humo viniendo por ambos lados de la calle.-¿Ves algo? -inquiró Michael a su padre, asomando la cabeza como él hacía, casi parecía que imitase a su viejo en todo lo que hacía. Josh no estaba de acuerdo con ser el modelo a seguir de nadie, su autoestima era una farsa, una que todos aquellos que le conocían bien habían destapado hacía tiempo.
-Es seguro -determinó tras meditarlo por segundos. Era todo lo que tenían, segundos. El tiempo era oro. Quizá oportunidades ¿No era lo mismo de algún modo?
Fue el general el primero en salir, en cuanto doblasen aquella calle estarían en el parque principal. Siempre caminaban resguardados, bien pegados a las paredes, eran sus escudos, sus aliados, aunque siempre podían volverse en su contra. 
Aquello no había hecho nada más que comenzar, pero paso a paso.
Joshiel se agachó junto a Anderson, un buen soldado a quién había decidido nombrar comandante del batallón cuando él estuviese ausente, era el general después de todo, tenía que tener ojos en todas partes y ayudar a tantos pudiese.-Informame y no estimes en detalles.
El soldado ladeó una sonrisa. No estimaría.
-Si debo de ser honesto, general, y dar mi opinión personal… Estamos jodidos. Han derribado una de nuestras avionetas, y aunque ellos han perdido dos tienen mucha más artillería aérea que nosotros. No podemos contactar con el batallón de la plaza y las comunicaciones han dejado de funcionar. Estamos completamente incomunicados.
-Dime algo que no sepa -susurró Stevens, pasándose la mano por la frente -¿Heridos?
-Hemos perdido a seis, y Douglas está herida. Le ha estallado un misil en las narices.
Los ojos de Michael vieron por encima de los hombros de su padre a la chica de la que Anderson hablaba. Creía conocerla ¿No era periodista?
-Douglas -Joshiel avanzó agazapado hacia Paige, su espalda recostada contra la carrocería del furgón blindado y sus ojos ojerosos abiertos como platos -¿Como se encuentra soldado?
-He estado mejor general -miró su pierna, o lo que quedaba de ella -Creo que es tan grave que ni si quiera duele -había un deje de humor en su tono.
La última vez que había visto a Paige Douglas fue para el secuestro de Layla, ella le ayudó a localizar al secuestrador y así poder rescatarla. Le debía la vida de su mujer.
-Puedo luchar -aseguró la rubia al ver cierta expresión de lástima en la mirada de su general -Solo necesito un momento.Layla Lake, por su parte, comenzaba a marearse y no era nada bueno algo así en esas situaciones. Nunca se acostumbraría, esa era la pura verdad.
Al ver a Paige a lo lejos, tan mal herida, se preguntó si alguien si quiera había pensado en eso. ¿No tenían médicos que pudieran llevarse a los heridos lejos?
Se acercó a Anderson un momento para preguntarle por aquello, pero en cuanto se animó a hacerlo, sintió un horrible estruendo muy cerca de ella que terminó por tirarla al suelo como si nada.
Joshiel giró inmediatamente la cabeza hacia allí, y echando su rifle adelante corrió hacia Layla a sabiendas de que sus hombres le cubrirían.
-Layla. ¡Lay! -gritó, intentando respirar correctamente, se hacía difícil con tanto polvo alzándose.
Michael apuntó hacia sus tres, llegaban más soldados enemigos y esta vez no eran pocos. Anderson dio la orden por walkie al resto del batallón y el tiroteo no se hizo esperar. Caían hombres por doquier, tanto enemigos como de la resistencia, aunque para su suerte, más enemigos que de la resistencia. Si algo había a favor de la OCEU, era que estaban jugando en su terreno.La cazadora se levantó con algo de esfuerzo, tosiendo polvo más que nada; era lo único que se respiraba en ese lugar. No le había alcanzado ninguna bala, aunque se había raspado un poco y los oídos le pitaban de una forma insoportable. Veia gente correr de un lado a otro, algunos caer para siempre en medio de la calle; parecía más bien que miraba una película y todo aquello pasaba lejos de ella.
Y entonces sintió un toque en su cuerpo, como alguien parecía querer atraparla. No lo dudó un segundo y tomó su arma, dandose la vuelta rápidamente para apuntarle.
Sólo para descubrir que este era Joshiel.
Agitada y algo asustada, no tardó en insultarlo a más no poder.
-Damn it, you… bastard, I almost shot you! -gritó; aunque ella creia que simplemente hablaba.
-Sorry, sorry -se disculpó dos veces Joshiel, extendiendo las manos hacia ella para indicarle en gestos que bajase la voz. Él no estaba acostumbrado a las explosiones, nadie podría acostumbrarse, los efectos secundarios eran humanos, algo natural, y no había poder que te salvase del zumbido en los oídos. Tironeó de su brazo para levantarla con delicadeza y la puso a salvo tras la furgoneta blindada, estaría más segura que al descubierto -Recuparete ¿Me escuchas? -alzó la voz para que le oyese -No te muevas!
Se puso en pie con rifle en mano y apretó el gatillo hacia un grupo de tres que acababan de matar a dos de sus hombres. Escuchó el motor inconfundible de otra avioneta sobrevolando su zona.
-Michael!
-Voy -el muchacho bajó el arma y alzó rápidamente el vuelo, Anderson no pudo evitar intentar seguirle con la mirada.
Cada vez que despegaba así se le helaba la sangre, la piel, las facciones, hacía un frío horrendo allí arriba, luchando contra la gravedad como lo hacía. Aterrizó maniobrando apenas sobre el techo de la avioneta para ubicarse, después simplemente se deslizó por la carrocería hasta sostenerse de una de las alas de la avioneta, y así pasar a la zona de abajo. De un golpe reventó la cajilla de los comandos y arrancó los cables, la avioneta obviamente no tardó en perder el control. Los pilotos intentaban estabilizarla sin éxito y Michael se soltó justo antes de que él se estrellase en la calle junto a ella, cayendo con cierta violencia sobre el capó de un coche, rodando hasta el suelo después. Pero se recompuso deprisa.
-Mecánica de la abuela, si no sabes que cable es… los arrancas todos -se dijo una vez en pie, ladeando la cabeza para recuperarse del mareo.
Layla, por su parte, no hizo ni caso a lo que Josh le había dicho. Se había quedado para hacer algo, no para sentarse detrás de una camioneta. Y sabía que allí no iba a lograr mucho.
Se aseguró de que su esposo no estaba vigilando para poder escabullirse de forma rápida: apareciéndose en lo que parecía ser el epicentro del problema en aquella calle; un tanque se acercaba y ella estaba justo enfrente, no muy lejos. Si lo dejaba pasar, terminaría matando a todos en la cuadra.
No había mucho tiempo.
El tiempo pareció cambiar de repente y un fuerte viento comenzó a soplar, de forma tal que algunos árboles parecían querer volarse; y los autos tampoco se estaban quedando muy quietos.
A medida que el tanque avanzaba, Lay fue levantando con sus manos un muro de fuego que iba tomando forma de tornado. No pasarían de allí.Mientras tanto, en la misma zona anterior, Joshiel se agachaba a tomar el pulso a uno de sus hombres. Negó apretando los dientes y se detuvo un momento a observar a su alrededor, intentando mantener la calma y no permitir a su lado impulsivo tomar el control, debía de actuar frío, pensar dos veces antes de dar ninguna orden.Sintió una punzada a su espalda, había alguien detrás de él, alguien que no estaba aprovechando su momento de distracción para dispararle por detrás. Se alzó y se giró lentamente, encontrándose con una mujer de cabellos largos y oscuros, los ojos rojos como la sangre. -I guess you’re not french -adivinó.
Pero los soldados X tenían fama de ser poco habladores, no habían sido creados para la democracia, sino para la destrucción. No se molestó en probar con su arma, no funcionaría, lo sabía. Estaban hechos de acero como mínimo.
Desenfundó su machete y jugó con el mango durante unos instantes, pensándose como atacar. Vacilando, esperando un plan genialoso para escabullirse de esa situación. Tiempo que su contrincante no esperó.
Lo irónico fue que tuviese la misma habilidad que él, pues con el simple pensamiento de hacerlo pudo lanzar al general de la OCEU por los aires hasta el edificio más cercano, la estructura de ladrillos cediendo tras su espalda y levantando un polvo que ya no resultaba extraordinario. El parque estaba sumido en niebla, polvo, fuego y muerte.
Michael vio aquello y le hirvió la sangre. El tanque que se acercaba hacia Layla no parecía que fuese a detenerse o irse hacia otro lado aunque tuviese un remolino de fuego enfrente; y eso era un pro y contra para ella, tenía tantas oportunidades de derrocar aquel maldito como de terminar aplastada debajo de él.
Por eso empujó aun más con sus manos todo aquel fuego, esperando que se apurase. Fue el momento exacto en el que sintió esa punzada dentro de ella, un dolor que no era el de su cuerpo. Tenía que prestarle atención, pero no podía en ese momento.
-C’mon.. -susurró, utilizando todas sus fuerzas; y finalmente pudo echarles todo aquello encima a los soldados que venían al asedio, y ella, desaparecer tan rápido como pudo. Su poder la llevó hasta interponerse entre una mujer de cabellos negros y su esposo. No sabía quien era, ni tenía pensado averiguarlo.
El fuego de sus manos salió directo hacia ella sin dudarlo, iba a hacerla cenizas.
A Joshiel le hubiese encantado quedarse tirado en el suelo, su cuerpo se lo pedía a gritos. No podía hacerse un diagnóstico ni tenía tiempo para detenerse a examinarse, solamente ignoró su dolor y su mareo y se puso en pie para hacer frente a la soldado X que había entrado en las ruinas del edificio para terminar el trabajo.
Con el machete en su mano, ese que no había soldado y dispuesto a atacar, observó sorprendido la aparición de Lay y como las llamas estaban envolviendo repentinamente el cuerpo de la mujer. Los gritos no se hicieron esperar, las llamas acabaron consumiéndola, y dejando en su lugar solamente huesos y ceniza. El general pudo entonces soplar agotado y darse un segundo para inclinarse hacia delante y sostenerse de sus rodillas.
-Thanks -agradeció honestamente.-It’s nothing -Lay se dio la vuelta rápidamente, observando incluso que esas cenizas no se volviesen a regenerar o algo por el estilo, siempre le salían con alguna tontería de aquellas.
Se acercó a ayudar a Josh a levantarse, sosteniendolo un momento por si lo necesitaba. No podían quedarse quietos por mucho, ya era mucho milagro que ninguna bala los hubiese dañado por el momento -We have to get the hell out of here, Joshiel -le dijo con seriedad y no se refería solamente a ellos. Los estaban haciendo pedazos. A todos.
-How? -preguntó aún con la expresión encogida. Le apretó ligeramente el hombro para indicarle que estaba bien y podía sostenerse solo, guardando el machete en su funda para volver a tomar el rifle, estaba avanzando hacia el boquete que había hecho su cuerpo al estrellarse y volverían a estar en zona de tiroteo. Lo primero que hizo al pisar el cemento de la calle otra vez fue buscar a su hijo con la mirada. No quería perderle de vista ni un solo instante. Allí estaba, recogiendo del cuerpo de un soldado francés munición.
Inspiró y siguió paseando la mirada, deteniéndose en una escena que le descolocó. Paige..
-Hey!! -gritó enfurecido, avanzando hacia el soldado que acababa de disparar a quemarropa a la joven Douglas. Ese maldito hijo de perra se había aprovechado de su debilidad, de que no podía caminar para atacarla a sangre fría. Desenfundó la beretta y apuntó al cuello del soldado, dónde su casco no pudiese protegerle del disparo. Esperó que Layla le siguiese y cruzó la carretera hasta llegar a la joven tendida en el suelo -Douglas -llamó, dejando una mano sobre la herida de su pecho que sangraba tan copiosamente. La mirada se le iba, le costaba enfocar -Hey.. No hables. Tranquila. Guarda fuerzas.
Pero Douglas no se callaría, era de esa clase de persona que siempre quería tener la última palabra.
-Ha sido un placer Stevens.
Joshiel se humedeció los labios y asintió. También había sido un gusto para él.La hechicera llegó tan rápido como pudo tras Josh, habiendo visto ya que el tanque no había logrado pasar su poder, había quedado destruido a mitad de camino envuelto en llamas pero algunos soldados seguían dando vuelta por allí intentando matar todo lo que se movía; aun alerta, se dio la vuelta para poder ver a Paige. ¿Podría salvarla? Tal vez.. Debía intentarlo.
Se acercó como pudo, pidiendo a su esposo que la cubriera mientras dejaba ambas manos en el cuerpo de la joven, para comenzar a hacer algo de su magia; al menos curar la herida más grave.
Josh la cubrió, poniéndose en pie y sacándose el walkie buscó comunicarse con otro batallón, con la mirada puesta en la batalla.
-Aquí Stevens. ¿Cash, me recibes? -esperó, nada -Cash ¿Me recibes? -negó furioso y volvió a intentarlo -Campbell, Halligan, Cash ¿Me recibe alguien? Informen de la situación.
Alzó la mirada. No respondían ¿Significaría que había caído la primera resistencia? Campbell, Cash.. ¿Habrían perecido? Pero no tuvo tiempo para pensar en aquello, sus ojos se abrieron exageradamente cuando en la lejanía de aquella calle dónde el tanque nunca pudo avanzar como le hubiese gustado hacer, se levantaba una ola. Una ola de agua gigantesca.
-Holy mother of… -se giró impulsivamente y tomó a Layla del brazo, levantándola -No hay tiempo. Hay que encontra a Mike. Corre!-¡Espera! -se quejó la aludida, intentando aun pasar algo de su energía a Paige. No podía simplemente dejarla allí.
Miró de reojo aquello de lo que Josh se espantaba tanto, y no pudo hacer más que fruncir el ceño.
-What the actual… fuck -susurró, sin entender absolutamente nada.
Douglas despertaba, así que Josh a regañadientes y sulfurado por razones obvias, como si una ola gigante que se lo estaba engullendo todo no fuese razón obvia, levantó a la muchacha que estaba propiamente recuperada y comprobó que pudiese mantenerse sola en pie.
-You’re good. Fine, now, run -la empujó para que se despabilara y él se giró buscando a su hijo con la mirada nuevamente. Maldita sea -¡Michael! -rugió, disparando después con la beretta a dos enemigos ingleses aislados a su derecha.
El joven por el que llamaba su padre estaba ocupado intentando que aquél soldado X no le extrangulara. Sus manos eran exageradamente fuertes, no podía librarse de su agarre, así que desistió y alargó el brazo para intentar alcanzar su cuchillo.
Douglas entró en el edificio de apartamentos que tuvo más próximo y cerrando la puerta se quedó pegada al cristal. ¿Qué hacían el general y su mujer que no buscaban refugio?
-General -llamó Anderson al acercarse a ambos -¿Qué hace? ¡Se nos va a engullir!
Josh le tomó de la pechera y acercó su rostro peligrosamente al de él.
-No me iré sin mi hijo.
Layla finalmente iba corriendo tras Josh, pero al escuchar lo de Mike y más bien sentirlo, fue casi inevitable tener que aparecerse donde estaba él. Detrás del “x-men” que lo atacaba, no dudó en sacar su silenciadora del cinturón para dispararle dos veces en el cuello al mismo y torcerselo de forma tal que terminara matándolo para que dejase ir a su hijo.
-¡Corre con tu padre! -gritó ella en un orden, mientras tiraba el cuerpo a un lado. Un grupo de soldados enemigos se acercaban, desesperados por la ola también pero no por eso, sin dejar de disparar.
-¡Maldita sea, ve! -repitió a Mike, antes de lanzarle una granada a aquel grupo.
-¿Y tu!? -gritó Mike con obvia desesperación, sus ojos no podían apartarse de la ola cada vez más cercana, podía ver como los coches, el tanque, y varios hombres eran devorados por su fuerza y no volvían a salir a la superficie, probablemente la presión dentro del agua era demasiada para sobrevivir a ella -No me iré sin ti!
En cuanto a Josh, veía desde su posición a Layla, a sus hombres heridos en el suelo intentando levantarse para no morir, podían sentir el peligro y sin embargo no encontraban fuerzas para levantarse. Se le encogía el pecho. Un líder debía de ser fuerte, ignorar el dolor ajeno, pero él sentía demasiado, no podía darse media vuelta y correr dejando a tantos atrás. En un intento desesperado de recuperar su frialdad y recolocar sus pensamientos, se descubrió divagando en la idea de que alguien tenía que estar provocando aquello, una ola así no nacía del aire. Por eso comenzó a ver a su alredor, incluso en lo alto de los edificios, las azoteas. Allí estaba, una mujer de pelo corto y rubio, sus ojos rojos se veían desde allí abajo.
Un ladrido le distrajo; Sheiko.
-Buddy! -gritó a todo pulmón, y cuando tuvo la atención de su lobo señaló el edificio que daba a la azotea en la que se encontraba la mujer -Go fucking kill her!
El mestizo no tardó en obedecer, bajó del capó en el que se había subido y entró por la ventana de la puerta de aquél bloque de apartamentos, rompiendo el cristal.
Lay rodó los ojos al escuchar a Mike. Había detenido a todos esos hombres con la granada, pero decidió tirar una más por las dudas y luego de eso, dar la vuelta para tomar el brazo de su hijo con fuerza y desaparecer de allí.
Ambos aparecieron con Joshiel, a quien tomó del brazo también para caminar hacia el edificio más cercano, buscando refugio.
-C’mon, run you two!
Estaban cerca del edificio, a solo un metro de la puerta, cuando un silbido fue demasiado significativo para Josh. Misil.. e iba hacia ellos. ¿De dónde venía? Eso no lo tenía claro. Pero si sabía que de su espalda, y no del frente. Nada podía disparar semejante artefacto con esa enorme ola destrozando todo a su paso.
Era hombre de impulsos, se sabía, y su primer impulso fue empujar a Layla y su hijo hacia el interior del edificio en vez de adentrarse él. Michael aún estaba abrazado a su madre cuando el misil impactó causando una tremenda explosión, reventando incluso los cristales de la puerta del edificio. Las llamas se alzaron, pero pronto se apagarían, cuando el agua se las tragase también.
Mike se revolvió en el suelo y miró inmediatamente hacia la puerta. Se le encogió el corazón, pero escuchaba los gritos de Anderson y Douglas urgiendo con subir a los pisos de arriba, el agua lograría entrar allí también, nada podría pararla. Sostuvo a su madre para que no se le ocurriese hacer nada estúpido y se puso en pie, levantándola a ella también, empujándola hacia las escaleras cojeando levemente, no creía haberse roto nada pero las conmociones físicas no eran pocas. Desde lo alto del quinto escalón, pegado a la pared, vio pasar el agua. Agua que no tardó en meterse por las cristaleras rotas y comenzar a inundar el rellano del edificio.La cazadora tampoco tardó en levantarse, pero ya estaba cansada. Fisica y mentalmente. Había sido demasiado para ella.
Tomó a Michael de los hombros para empujarlo a él hacia arriba.
-¡Soy tu madre, maldita sea, y hazme caso de una buena vez, sube las malditas escaleras! -gritó furiosa. Estaba harta de que la tratasen como si fuese a romperse en cualquier momento. Como si no pudiese hacer absolutamente nada, como si todos tuvieran la oportunidad de comportarse como idiotas menos ella. Era su turno de ser idiota, lo más inteligentemente posible.
El agua en la planta baja le llegaría seguramente hasta el pecho, pero no le importaba, bajó rápidamente, abriéndose paso entre tanto derrumbe, buscando a Joshiel.Su hijo, evidentemente, no obedeció. Era un hijo, si. Pero los hijos también querían, y él amaba a sus padres por sobre todas las cosas, quizá su padre acabase de morir, no perdería a su madre.-¡Mamá! -se metió en el agua, intentando alcanzarla -¡No le encontrarás! -gritó con los ojos empapados, no por el agua, sino por las lágrimas -Sube conmigo, por favor! Moriremos los.. -se sostuvo de los buzones, la corriente se imponía -Dos! Vuelve!La cazadora se dio la vuelta para poder ver a Michael; sus ojos ya estaban color violeta de la furia acumulada. No perdería a nadie de su familia. No podía.
-¡Ve arriba, Michael, maldita sea! -gritaba desde su posición.-¡No! -rugió tan fuerte el muchacho que tembló -¡Eres mi madre, no una soldado más, esto es peligroso, no podrás salir del agua en cuanto se te lleve la corriente! Subamos los dos, podemos -se hundió un momento pero salió en seguida, gracias a que podía aguantarse de los buzones -volar y buscar a papá, sé que estará bien! No me dejes solo. No quiero perderte. Aunque no tengamos la misma sangre eres mi madre, me has querido más de lo que la persona que me dio la vida me quiso jamás… La joven se dio la vuelta para poder ver a Michael luego de haber escuchado aquello, suponía que ese era el momento donde sucumbía a los sentimientos. Malditos sentimientos.
Hizo fuerza para mantenerse flotando aun, echandole una última mirada a lo que había fuera de aquel edificio; entre tanta agua, y millones de objetos random flotando por allí, poco podía distinguir algo. Y ninguna de las cosas que flotaban era Josh. En momentos así, lo odiaba demasiado.
Terminó nadando hacia Michael, sin decir una sola palabra; suponía que iba a seguirla hacia arriba.
En lo alto de aquella azotea, la muchacha de pelo corto observaba su obra de arte friamente, sin moverse de su posición. El rugido que escuchó a su espalda le advirtió que se diese la vuelta, pero tardó en hacerlo. ¿Quizá un cachorrito para servirse de cena?
Pero cuando se giró no vio un perro cualquiera, sino un lobo de ojos azules y mirada penetrante, sus colmillos amenazantes. Ella apenas tuvo tiempo para fruncir el ceño antes de que el lobo se le echase encima cual león cazando a su presa. Nadie vio nada, y probablemente no quedaba persona con vida en la calle que pudiese escuchar sus gritos.
El poder que esa mujer ejercía sobre el agua fue debilitándose, apagándose, el nivel fue descendiendo hasta que lo que había parecido un mar, ahora solo se veía un río. Los cadáveres pudieron salir a la superficie, los coches flotaban y algunas armas seguían sumergidas por el peso. Nada estaba en su sitio, el agua se había encargado de arrastrarlo hacia abajo, hacia el sur, hacia los bosques.
Michael abrazó a su madre en cuanto la tuvo cerca, y subió con ella los dos primeros pisos hasta poder reunirse con Anderson y los demás supervivientes.
-Parece que se ha calmado -comentó Douglas pegada al ventanal del pasillo, observando hacia la calle. Layla había visto mucho por aquel día. La destrucción de todo aquello que recién empezaban a destruir; el hospital, la escuela, los negocios, las casas… Muerte, muerte y más muerte. Incluso de lo más abstracto posible. Amigos, conocidos…
Se apoyó contra la húmeda pared, sin darse cuenta de que había comenzado a temblar como loca, pero no parecía importarle. Apenas siquiera podía pensar, en el único momento donde tenía tiempo para hacerlo.
¿Ahora que hacían?
No contestó a lo que Paige decía, ni tampoco a muchos otros comentarios que escuchó por allí. Simplemente no podía.
Michael se sentó en el suelo, abrazándose a si mismo, su ropa estaba empapada y era una fría noche de invierno. Habia contado a los que estaban allí por encima, no eran más de diez. Diez, de todos los que habían formado parte de aquél batallón en pie. ¿Y su padre? ¿Estaría vivo a caso?
Aparentemente el enemigo no había tenido bastante, y se escucharon más bombardeos, nuevos misiles destruyendo bloques enteros a base de insistencia. Ni si quiera parecía importar si el suyo sería le próximo.
Sin darse cuenta Michael había roto en llanto, silencioso, pero doloroso. ¿Por qué? ¿Tan difícil era mantener un equilibrio? No entendía a las personas que preferían vivir robando vidas, no lo entendería jamás. Defendiesen la bandera que defendiesen, si uno no atacaba nadie debía defender. Tantas vidas inocentes perdidas ¿Para qué? Y mucho menos sentido tenía aquella guerra, no se estaba defendiendo ningún color, ninguna patria. Solo el derecho a vivir que otros se convencían en pisotear.
-We should go.- habló alto y claro Lay, de repente. Había escuchado el llanto de su hijo y no podía soportarlo; eran contadas las veces que había visto a Mike llorar. No podía soportarlo en ese momento, ni tampoco iba a arriesgarse más. Era imposible permanecer allí y debían de salir antes de que aquel grupo se reduciese a la nada -I’ll take you. Make a circle and take each others hands. We’re going.
Y no parecía ser una sugerencia cuando avanzó un par de pasos hacia adelante, esperando que todos formasen el circulo. Era un orden. O bien la aceptaban o se quedaban allí a morir por nada.No, buscarían refugio en otras tierras y quizá, solo quizá, volverían cuando todo hubiese terminado. Sin Joshiel, sin comandantes, sin comunicación y siendo apenas unos cuantos los que quedaban en pie, no podían librar esa guerra.THE END OF CHAPTER 3

stevensx:

CHAPTER 3: THE FALL OF THE WALLS (Centro de Senoia, parque principal)

En la tienda ya no quedaban soldados pidiendo últimas indicaciones, Joshiel Stevens tenía las manos apoyadas sobre la mesa y observó frío como ésta temblaba y el whisky que llenaba su vaso se removía por la sacudida. Ya estaban allí. Atacaban desde el aire, como había predicho. Los seis walkies de sobre la mesa interfiriendo entre ellos, las voces de los comandantes ya asignados exigiendo nuevas órdenes, informando sobre la cantidad de enemigos que cruzaban el perímetro, los soldados que ya habían caído.

Se despabiló, atrapó el quinto walkie y habló con firmeza.

-Responded al ataque aéreo. Quiero esas avionetas abajo ya.

Los comandantes tenían carta libre, cada sargento decidiría qué opción era la correcta, allí se estaba librando una guerra, pero cada unidad de asalto, cada batallón se enfrentaba a su propia batalla, y si cada uno ganaba la suya quizá tuviesen una oportunidad de ser los únicos en alzar la bandera de la victoria. Si es que había una en todo aquello.

Se puso la chaqueta de tela firme y resistente verde, recogió los dos rifles y las armas ligeras, colgándose los primeros y guardando en el cinturón las segundas. Miró el vaso de reojo, y sin pensárselo más se acabó lo que quedaba de Whisky.

-Dia Dhuit -murmuró en irlandés antes de soltar secamente la copa en la mesa y salir de la tienda.
Allí le esperaba Layla, a quién sin dudarlo sorprendió tomando entre sus manos sus mejillas para sellar sus labios con los de ella intensamente.
Ella no sabía lo mucho que significaba para él que estuviese a su lado, sería su protección, su fuerza y su empuje. Joshiel podía ser soñador, pero no era iluso. Sabía que muchas vidas se perderían, no se trataba de salvarlas todas, se trataba de salvar tantas pudiesen, y de defender la resistencia. Sin ella, estarían perdidos, desperdigados, no habría unión. Como fuese eso lo sabía cualquier persona con dos dedos de frente; la unión hace la fuerza.
Cuando Layla vio salir a su esposo de la tienda, no se imaginó esa clase de reacción; más bien esperaba ordenes, como si nunca se hubieran conocido. Aquel día, Joshiel era General con todas las letras y no podían dejarse llevar mucho por los sentimientos. O al menos, era lo que quería instalar en su cabeza. Porque sabía que tarde o temprano, iba a sucumbir a ellos.

Después de todo, estaba allí por él. Literalmente, no podía moverse. No había podido convencer a Michael de volver a Irlanda y menos a su padre; y como guardiana de la familia debía hacer hasta lo imposible por asegurar la supervivencia de ambos, sin importar el costo. Nadie les agradecería a ellos el día de mañana, por eso, su lucha allí unicamente era su familia.

Cerró los ojos un momento, y besó a Josh durante unos segundos más antes de separarse de él y rápidamente enderesarse y saludarlo, como si fuera una soldado más. En realidad, sonreía. Era una especie de broma; Layla no soportaba las ordenes, ni siquiera las de Josh.

-We’re ready, general -avisó, quien parecía ser una bomba humana. Su cinturón estaba repleto de granadas, y llevaba la silenciadora entre ellas.
Lo demás, esperaba que fuera suficiente con sus poderes y su propia voluntad.

Stevens asintió y con la nariz arrugada alzó la mirada hacia el cielo oscuro, en cuanto el atardecer que se hacía de rogar diese paso a la noche, tendrían menos oportunidad de vencer.

Nuevamente, ellos no eran la armada estadounidense, ellos eran cazadores, educados hacia el exterminio de todo lo oculto y malvado, de lo sobrenatural. Los humanos no eran su especialidad, la artillería militar tampoco.

-Es mejor que tomemos posición -sugirió girando la cabeza hacia su hijo, Michael. Esperaba de brazos cruzados las órdenes.

Si el muchacho iba a luchar, lo haría cerca de él. Dio el primer paso y emprendió la marcha hacia la zona central de Senoia, dónde había asignado la posición a su batallón.

-Aquí el general ¿Me recibe Anderson?
-Le recibo general, estamos en posición. Hemos podido identificar dos naves aéreas francesas, aún no tenemos buen ángulo para abrir fuego.

-No esperen demasiado, no hay que permitirles que nos bombardeen desde arriba. Estamos en camino -se guardó el walkie y se llevó el rifle hacia delante, preparado. Aún estaban en la zona de la base militar, pero siendo precavido, era mejor pensar que el enemigo podía llegar de cualquier parte. Norte, este, sur, oeste… Daba lo mismo cuando eran tantos.
Parecía que irían en fila, seguramente, debía de ser algo más organizado y de esa forma llamarían menos la atención; quería pensar, no entendía mucho de estrategias militareas, la cuestión es que Lay iba detrás de Michael casi por insistencia propia. Nada podía pasarlo, apenas era un niño de 15 años al que luego tendría que golpear ella por haber sido tan terco de querer luchar en una guerra como esa.

Contras las cosas sobrenaturales, siempre tendrían más chances. Estos eran humanos y para ninguna de las cosas que llegaran a hacer habría vuelta atrás; serían por siempre la raza más peligrosa.

Mientras caminaban, observaba el cielo a veces también, sin poder creer que estuviese repleto de avionetas, balas intercambiando de lugar a ver quien se mataba primero… Siempre había creido que la gran batalla se daría entre angeles y demonios, no entre humanos.

Soltó un fuerte suspiro y decidió prestar más atención a tierra.

-Ten cuidado por donde caminas tú -le advirtió a Mike, sin poder esconder el tono duro que había adoptado hacia él desde el momento que se enteró que lucharía a su lado.

Mike asintió a su madre y apretó el rifle más en su mano, humedeciéndose los labios inquieto. No era su primera batalla, pero aquella la sentía distinta por alguna razón. ¿Quizá porque lo obvio era la derrota?

Al mirar hacia el cielo como había hecho su madre y ver una avioneta inglesa aislada entrecerró los ojos.

-General, voy a ir a por ellos -habló firme a su padre.

Éste se detuvo y se giró para mirar a su hijo. Mirando de reojo hacia arriba entendió a lo que se refería.

-Podemos derribarles desde tierra.

-Será más rápido y reservaremos munición. Puedo hacerlo -había confianza en su tono de voz, fe en si mismo.

-Si te alcanzan o algo te sucede Michael..

Su hijo le interrumpió negando con la cabeza. Se echó hacia atrás el rifle e inspirando profundamente miró hacia el cielo. Localizó la avioneta que abría fuego contra la zona este del pueblo y alzó vuelo como un cohete. Josh intentó seguirle con los ojos, pero diablos que era rápido.

Layla se acercó más a Joshiel entonces, que era quien estaba más próximo a ella ahora que quedaba un lugar libre. No podía esconder su enfado luego de haber visto a su hijo así, partir como si nada hacia los cielos con tan sólo un rifle para enfrentar a quien sabe cuantas avionetas. Él solo.

-Cuando lleguemos a casa voy a matarte.- susurró entre dientes a Joshiel, mientras seguía camino, algo más torpemente ahora, tropezandose de vez en cuando con las piedras en la tierra -¿Cómo lo dejas ir así? ¡Es un niño de 15 años contra avionetas de 500 toneladas!

-Confío en él -contestó simplemente él, negando una vez -Michael ha entrenado mucho y no es la primera vez que está en batalla, luchó en Washington y sobrevivió. Es nuestro hijo, sangre de nuestra sangre, no le queda mucho para cumplir sus dieciséis. Lo hará bien.

Le hubiese dado o no permiso Michael hubiese hecho lo que le hubiese venido en gana, esa era la verdad, no el porqué le dejaba ir.

Ya pisando el cemento y sobre terreno del pueblo la tensión se incrementó. Ya era posible divisar enemigos tanto ingleses como franceses, Josh se preguntaban como habían llegado al centro de la ciudad sin complicaciones. Quizá habían descendido desde helicópteros.

-Anderson -llamó Stevens por el walkie, refugiado tras los ladrillos de una pared que hacía esquina junto a Layla. Frunció el ceño al no recibir respuesta. Odiaba no recibir respuesta -Anderson.

Tuvo que alzar la mirada hacia arriba cuando aquél estruendo le llamó la atención. Una avioneta caía en espiral y se estrelló contra un vehículo estacionado en la calle, no muy lejos de ellos. Aún con el ceño fruncido, Josh notó que algo caía a su derecha. Su hijo.

-Hell yes! -Michael sonreía -¿Vieron eso? ¿Lo vieron? Touch down!

Layla se acercó para darle un golpe en la cabeza a su hijo, pidiendole que se pusiera serio al respecto. No era ninguna broma todo aquello.

-Ve atrás mio -le ordenó, sacando ya la silenciadora de su cinturón. No tardó mucho en cargarla y tenerla disparar; y parecía que ese día sería todo rápido, porque tampoco tuvo que esperar bastante para disparar las primeras balas. Tuvo que hacer que Joshiel se agachara de inmediato al ver que dos hombres, obviamente enemigos -aunque no supiera de que clase-, se aceraban hacia ellos con claras intenciones violentas. Pero si las suyas eran malas, las de Layla mucho peor.
Ambos cayeron al suelo de un tiro en la frente cada uno.

-Damn humans -espetó la cazadora, ya agitada -You two be careful! -volvió a advertir a Joshiel y Mike.

Todavía no había estallado la guerra en aquella zona, en el norte sur y oeste de Senoia se contenía al enemigo, pero sería cuestión de tiempo. Debían llegar a la posición de su batallón, solos no lograrían sobrevivir.
Joshiel vio que unos cuatro enemigos se acercaban por una de las calles secundarias que quedaban a la derecha de dónde ellos se encontraban, Mike tenía razón, debían guardar tanta munición pudiesen.
Movió el brazo rápidamente y uno de los vehículos estacionados salió despedido violentamente hacia el grupo de cuatro, arremetiéndoles y probablemente dejándoles fuera de combate.
-Vamos, tenemos que aligerar el paso -bajó de la acera a la carretera y decidió avanzar en linea recta, el parque no estaba a más de cuatrocientos metros.

Mientras tanto se encargaba de mirar hacia los hogares que quedaban a ambos lados de la carretera, en algunas de las casas y ventanas de los departamentos había luces, y aunque deseaba entrar en cada uno de los hogares y gritarles que moviesen el culo y se pusieran a salvo, o al menos no actuasen como dianas parpadeantes y llamativas, no lo hizo. Había una imagen mayor de la que preocuparse.

-Stupid people will be stupid people -se susurró.

Su esposa se apresuró a seguirlo, aunque no se encontraba muy cómoda por el hecho de tener que unirse a un gran grupo; si cometían un error, sería en grande.
Solos siempre era mejor. Terminaron escondiéndose todos detrás de una camioneta que había quedado por allí estacionada, vigilando que nadie más se acercase, aunque era difícil entre tanto ruido y humo viniendo por ambos lados de la calle.
-¿Ves algo? -inquiró Michael a su padre, asomando la cabeza como él hacía, casi parecía que imitase a su viejo en todo lo que hacía. Josh no estaba de acuerdo con ser el modelo a seguir de nadie, su autoestima era una farsa, una que todos aquellos que le conocían bien habían destapado hacía tiempo.

-Es seguro -determinó tras meditarlo por segundos. Era todo lo que tenían, segundos. El tiempo era oro. Quizá oportunidades ¿No era lo mismo de algún modo?

Fue el general el primero en salir, en cuanto doblasen aquella calle estarían en el parque principal. Siempre caminaban resguardados, bien pegados a las paredes, eran sus escudos, sus aliados, aunque siempre podían volverse en su contra.

Aquello no había hecho nada más que comenzar, pero paso a paso.

Joshiel se agachó junto a Anderson, un buen soldado a quién había decidido nombrar comandante del batallón cuando él estuviese ausente, era el general después de todo, tenía que tener ojos en todas partes y ayudar a tantos pudiese.
-Informame y no estimes en detalles.

El soldado ladeó una sonrisa. No estimaría.

-Si debo de ser honesto, general, y dar mi opinión personal… Estamos jodidos. Han derribado una de nuestras avionetas, y aunque ellos han perdido dos tienen mucha más artillería aérea que nosotros. No podemos contactar con el batallón de la plaza y las comunicaciones han dejado de funcionar. Estamos completamente incomunicados.

-Dime algo que no sepa -susurró Stevens, pasándose la mano por la frente -¿Heridos?

-Hemos perdido a seis, y Douglas está herida. Le ha estallado un misil en las narices.

Los ojos de Michael vieron por encima de los hombros de su padre a la chica de la que Anderson hablaba. Creía conocerla ¿No era periodista?

-Douglas -Joshiel avanzó agazapado hacia Paige, su espalda recostada contra la carrocería del furgón blindado y sus ojos ojerosos abiertos como platos -¿Como se encuentra soldado?

-He estado mejor general -miró su pierna, o lo que quedaba de ella -Creo que es tan grave que ni si quiera duele -había un deje de humor en su tono.

La última vez que había visto a Paige Douglas fue para el secuestro de Layla, ella le ayudó a localizar al secuestrador y así poder rescatarla. Le debía la vida de su mujer.

-Puedo luchar -aseguró la rubia al ver cierta expresión de lástima en la mirada de su general -Solo necesito un momento.
Layla Lake, por su parte, comenzaba a marearse y no era nada bueno algo así en esas situaciones. Nunca se acostumbraría, esa era la pura verdad.

Al ver a Paige a lo lejos, tan mal herida, se preguntó si alguien si quiera había pensado en eso. ¿No tenían médicos que pudieran llevarse a los heridos lejos?

Se acercó a Anderson un momento para preguntarle por aquello, pero en cuanto se animó a hacerlo, sintió un horrible estruendo muy cerca de ella que terminó por tirarla al suelo como si nada.

Joshiel giró inmediatamente la cabeza hacia allí, y echando su rifle adelante corrió hacia Layla a sabiendas de que sus hombres le cubrirían.

-Layla. ¡Lay! -gritó, intentando respirar correctamente, se hacía difícil con tanto polvo alzándose.

Michael apuntó hacia sus tres, llegaban más soldados enemigos y esta vez no eran pocos. Anderson dio la orden por walkie al resto del batallón y el tiroteo no se hizo esperar. Caían hombres por doquier, tanto enemigos como de la resistencia, aunque para su suerte, más enemigos que de la resistencia. Si algo había a favor de la OCEU, era que estaban jugando en su terreno.
La cazadora se levantó con algo de esfuerzo, tosiendo polvo más que nada; era lo único que se respiraba en ese lugar. No le había alcanzado ninguna bala, aunque se había raspado un poco y los oídos le pitaban de una forma insoportable. Veia gente correr de un lado a otro, algunos caer para siempre en medio de la calle; parecía más bien que miraba una película y todo aquello pasaba lejos de ella.

Y entonces sintió un toque en su cuerpo, como alguien parecía querer atraparla. No lo dudó un segundo y tomó su arma, dandose la vuelta rápidamente para apuntarle.

Sólo para descubrir que este era Joshiel.

Agitada y algo asustada, no tardó en insultarlo a más no poder.

-Damn it, you… bastard, I almost shot you! -gritó; aunque ella creia que simplemente hablaba.

-Sorry, sorry -se disculpó dos veces Joshiel, extendiendo las manos hacia ella para indicarle en gestos que bajase la voz. Él no estaba acostumbrado a las explosiones, nadie podría acostumbrarse, los efectos secundarios eran humanos, algo natural, y no había poder que te salvase del zumbido en los oídos. Tironeó de su brazo para levantarla con delicadeza y la puso a salvo tras la furgoneta blindada, estaría más segura que al descubierto -Recuparete ¿Me escuchas? -alzó la voz para que le oyese -No te muevas!

Se puso en pie con rifle en mano y apretó el gatillo hacia un grupo de tres que acababan de matar a dos de sus hombres. Escuchó el motor inconfundible de otra avioneta sobrevolando su zona.

-Michael!

-Voy -el muchacho bajó el arma y alzó rápidamente el vuelo, Anderson no pudo evitar intentar seguirle con la mirada.

Cada vez que despegaba así se le helaba la sangre, la piel, las facciones, hacía un frío horrendo allí arriba, luchando contra la gravedad como lo hacía. Aterrizó maniobrando apenas sobre el techo de la avioneta para ubicarse, después simplemente se deslizó por la carrocería hasta sostenerse de una de las alas de la avioneta, y así pasar a la zona de abajo. De un golpe reventó la cajilla de los comandos y arrancó los cables, la avioneta obviamente no tardó en perder el control. Los pilotos intentaban estabilizarla sin éxito y Michael se soltó justo antes de que él se estrellase en la calle junto a ella, cayendo con cierta violencia sobre el capó de un coche, rodando hasta el suelo después. Pero se recompuso deprisa.

-Mecánica de la abuela, si no sabes que cable es… los arrancas todos -se dijo una vez en pie, ladeando la cabeza para recuperarse del mareo.

Layla, por su parte, no hizo ni caso a lo que Josh le había dicho. Se había quedado para hacer algo, no para sentarse detrás de una camioneta. Y sabía que allí no iba a lograr mucho.

Se aseguró de que su esposo no estaba vigilando para poder escabullirse de forma rápida: apareciéndose en lo que parecía ser el epicentro del problema en aquella calle; un tanque se acercaba y ella estaba justo enfrente, no muy lejos. Si lo dejaba pasar, terminaría matando a todos en la cuadra.

No había mucho tiempo.

El tiempo pareció cambiar de repente y un fuerte viento comenzó a soplar, de forma tal que algunos árboles parecían querer volarse; y los autos tampoco se estaban quedando muy quietos.

A medida que el tanque avanzaba, Lay fue levantando con sus manos un muro de fuego que iba tomando forma de tornado. No pasarían de allí.
Mientras tanto, en la misma zona anterior, Joshiel se agachaba a tomar el pulso a uno de sus hombres. Negó apretando los dientes y se detuvo un momento a observar a su alrededor, intentando mantener la calma y no permitir a su lado impulsivo tomar el control, debía de actuar frío, pensar dos veces antes de dar ninguna orden.
Sintió una punzada a su espalda, había alguien detrás de él, alguien que no estaba aprovechando su momento de distracción para dispararle por detrás. Se alzó y se giró lentamente, encontrándose con una mujer de cabellos largos y oscuros, los ojos rojos como la sangre.
-I guess you’re not french -adivinó.

Pero los soldados X tenían fama de ser poco habladores, no habían sido creados para la democracia, sino para la destrucción. No se molestó en probar con su arma, no funcionaría, lo sabía. Estaban hechos de acero como mínimo.

Desenfundó su machete y jugó con el mango durante unos instantes, pensándose como atacar. Vacilando, esperando un plan genialoso para escabullirse de esa situación. Tiempo que su contrincante no esperó.

Lo irónico fue que tuviese la misma habilidad que él, pues con el simple pensamiento de hacerlo pudo lanzar al general de la OCEU por los aires hasta el edificio más cercano, la estructura de ladrillos cediendo tras su espalda y levantando un polvo que ya no resultaba extraordinario. El parque estaba sumido en niebla, polvo, fuego y muerte.

Michael vio aquello y le hirvió la sangre.
El tanque que se acercaba hacia Layla no parecía que fuese a detenerse o irse hacia otro lado aunque tuviese un remolino de fuego enfrente; y eso era un pro y contra para ella, tenía tantas oportunidades de derrocar aquel maldito como de terminar aplastada debajo de él.

Por eso empujó aun más con sus manos todo aquel fuego, esperando que se apurase. Fue el momento exacto en el que sintió esa punzada dentro de ella, un dolor que no era el de su cuerpo. Tenía que prestarle atención, pero no podía en ese momento.

-C’mon.. -susurró, utilizando todas sus fuerzas; y finalmente pudo echarles todo aquello encima a los soldados que venían al asedio, y ella, desaparecer tan rápido como pudo. Su poder la llevó hasta interponerse entre una mujer de cabellos negros y su esposo. No sabía quien era, ni tenía pensado averiguarlo.

El fuego de sus manos salió directo hacia ella sin dudarlo, iba a hacerla cenizas.

A Joshiel le hubiese encantado quedarse tirado en el suelo, su cuerpo se lo pedía a gritos. No podía hacerse un diagnóstico ni tenía tiempo para detenerse a examinarse, solamente ignoró su dolor y su mareo y se puso en pie para hacer frente a la soldado X que había entrado en las ruinas del edificio para terminar el trabajo.

Con el machete en su mano, ese que no había soldado y dispuesto a atacar, observó sorprendido la aparición de Lay y como las llamas estaban envolviendo repentinamente el cuerpo de la mujer. Los gritos no se hicieron esperar, las llamas acabaron consumiéndola, y dejando en su lugar solamente huesos y ceniza. El general pudo entonces soplar agotado y darse un segundo para inclinarse hacia delante y sostenerse de sus rodillas.

-Thanks -agradeció honestamente.
-It’s nothing -Lay se dio la vuelta rápidamente, observando incluso que esas cenizas no se volviesen a regenerar o algo por el estilo, siempre le salían con alguna tontería de aquellas.

Se acercó a ayudar a Josh a levantarse, sosteniendolo un momento por si lo necesitaba. No podían quedarse quietos por mucho, ya era mucho milagro que ninguna bala los hubiese dañado por el momento -We have to get the hell out of here, Joshiel -le dijo con seriedad y no se refería solamente a ellos. Los estaban haciendo pedazos. A todos.

-How? -preguntó aún con la expresión encogida. Le apretó ligeramente el hombro para indicarle que estaba bien y podía sostenerse solo, guardando el machete en su funda para volver a tomar el rifle, estaba avanzando hacia el boquete que había hecho su cuerpo al estrellarse y volverían a estar en zona de tiroteo. Lo primero que hizo al pisar el cemento de la calle otra vez fue buscar a su hijo con la mirada. No quería perderle de vista ni un solo instante. Allí estaba, recogiendo del cuerpo de un soldado francés munición.

Inspiró y siguió paseando la mirada, deteniéndose en una escena que le descolocó. Paige..

-Hey!! -gritó enfurecido, avanzando hacia el soldado que acababa de disparar a quemarropa a la joven Douglas. Ese maldito hijo de perra se había aprovechado de su debilidad, de que no podía caminar para atacarla a sangre fría. Desenfundó la beretta y apuntó al cuello del soldado, dónde su casco no pudiese protegerle del disparo. Esperó que Layla le siguiese y cruzó la carretera hasta llegar a la joven tendida en el suelo -Douglas -llamó, dejando una mano sobre la herida de su pecho que sangraba tan copiosamente. La mirada se le iba, le costaba enfocar -Hey.. No hables. Tranquila. Guarda fuerzas.

Pero Douglas no se callaría, era de esa clase de persona que siempre quería tener la última palabra.

-Ha sido un placer Stevens.

Joshiel se humedeció los labios y asintió. También había sido un gusto para él.
La hechicera llegó tan rápido como pudo tras Josh, habiendo visto ya que el tanque no había logrado pasar su poder, había quedado destruido a mitad de camino envuelto en llamas pero algunos soldados seguían dando vuelta por allí intentando matar todo lo que se movía; aun alerta, se dio la vuelta para poder ver a Paige. ¿Podría salvarla? Tal vez.. Debía intentarlo.

Se acercó como pudo, pidiendo a su esposo que la cubriera mientras dejaba ambas manos en el cuerpo de la joven, para comenzar a hacer algo de su magia; al menos curar la herida más grave.

Josh la cubrió, poniéndose en pie y sacándose el walkie buscó comunicarse con otro batallón, con la mirada puesta en la batalla.

-Aquí Stevens. ¿Cash, me recibes? -esperó, nada -Cash ¿Me recibes? -negó furioso y volvió a intentarlo -Campbell, Halligan, Cash ¿Me recibe alguien? Informen de la situación.

Alzó la mirada. No respondían ¿Significaría que había caído la primera resistencia? Campbell, Cash.. ¿Habrían perecido? Pero no tuvo tiempo para pensar en aquello, sus ojos se abrieron exageradamente cuando en la lejanía de aquella calle dónde el tanque nunca pudo avanzar como le hubiese gustado hacer, se levantaba una ola. Una ola de agua gigantesca.

-Holy mother of… -se giró impulsivamente y tomó a Layla del brazo, levantándola -No hay tiempo. Hay que encontra a Mike. Corre!
-¡Espera! -se quejó la aludida, intentando aun pasar algo de su energía a Paige. No podía simplemente dejarla allí.

Miró de reojo aquello de lo que Josh se espantaba tanto, y no pudo hacer más que fruncir el ceño.

-What the actual… fuck -susurró, sin entender absolutamente nada.

Douglas despertaba, así que Josh a regañadientes y sulfurado por razones obvias, como si una ola gigante que se lo estaba engullendo todo no fuese razón obvia, levantó a la muchacha que estaba propiamente recuperada y comprobó que pudiese mantenerse sola en pie.

-You’re good. Fine, now, run -la empujó para que se despabilara y él se giró buscando a su hijo con la mirada nuevamente. Maldita sea -¡Michael! -rugió, disparando después con la beretta a dos enemigos ingleses aislados a su derecha.

El joven por el que llamaba su padre estaba ocupado intentando que aquél soldado X no le extrangulara. Sus manos eran exageradamente fuertes, no podía librarse de su agarre, así que desistió y alargó el brazo para intentar alcanzar su cuchillo.

Douglas entró en el edificio de apartamentos que tuvo más próximo y cerrando la puerta se quedó pegada al cristal. ¿Qué hacían el general y su mujer que no buscaban refugio?

-General -llamó Anderson al acercarse a ambos -¿Qué hace? ¡Se nos va a engullir!

Josh le tomó de la pechera y acercó su rostro peligrosamente al de él.

-No me iré sin mi hijo.

Layla finalmente iba corriendo tras Josh, pero al escuchar lo de Mike y más bien sentirlo, fue casi inevitable tener que aparecerse donde estaba él. Detrás del “x-men” que lo atacaba, no dudó en sacar su silenciadora del cinturón para dispararle dos veces en el cuello al mismo y torcerselo de forma tal que terminara matándolo para que dejase ir a su hijo.

-¡Corre con tu padre! -gritó ella en un orden, mientras tiraba el cuerpo a un lado. Un grupo de soldados enemigos se acercaban, desesperados por la ola también pero no por eso, sin dejar de disparar.

-¡Maldita sea, ve! -repitió a Mike, antes de lanzarle una granada a aquel grupo.

-¿Y tu!? -gritó Mike con obvia desesperación, sus ojos no podían apartarse de la ola cada vez más cercana, podía ver como los coches, el tanque, y varios hombres eran devorados por su fuerza y no volvían a salir a la superficie, probablemente la presión dentro del agua era demasiada para sobrevivir a ella -No me iré sin ti!

En cuanto a Josh, veía desde su posición a Layla, a sus hombres heridos en el suelo intentando levantarse para no morir, podían sentir el peligro y sin embargo no encontraban fuerzas para levantarse. Se le encogía el pecho. Un líder debía de ser fuerte, ignorar el dolor ajeno, pero él sentía demasiado, no podía darse media vuelta y correr dejando a tantos atrás. En un intento desesperado de recuperar su frialdad y recolocar sus pensamientos, se descubrió divagando en la idea de que alguien tenía que estar provocando aquello, una ola así no nacía del aire. Por eso comenzó a ver a su alredor, incluso en lo alto de los edificios, las azoteas. Allí estaba, una mujer de pelo corto y rubio, sus ojos rojos se veían desde allí abajo.

Un ladrido le distrajo; Sheiko.

-Buddy! -gritó a todo pulmón, y cuando tuvo la atención de su lobo señaló el edificio que daba a la azotea en la que se encontraba la mujer -Go fucking kill her!

El mestizo no tardó en obedecer, bajó del capó en el que se había subido y entró por la ventana de la puerta de aquél bloque de apartamentos, rompiendo el cristal.

Lay rodó los ojos al escuchar a Mike. Había detenido a todos esos hombres con la granada, pero decidió tirar una más por las dudas y luego de eso, dar la vuelta para tomar el brazo de su hijo con fuerza y desaparecer de allí.

Ambos aparecieron con Joshiel, a quien tomó del brazo también para caminar hacia el edificio más cercano, buscando refugio.

-C’mon, run you two!

Estaban cerca del edificio, a solo un metro de la puerta, cuando un silbido fue demasiado significativo para Josh. Misil.. e iba hacia ellos. ¿De dónde venía? Eso no lo tenía claro. Pero si sabía que de su espalda, y no del frente. Nada podía disparar semejante artefacto con esa enorme ola destrozando todo a su paso.

Era hombre de impulsos, se sabía, y su primer impulso fue empujar a Layla y su hijo hacia el interior del edificio en vez de adentrarse él. Michael aún estaba abrazado a su madre cuando el misil impactó causando una tremenda explosión, reventando incluso los cristales de la puerta del edificio. Las llamas se alzaron, pero pronto se apagarían, cuando el agua se las tragase también.

Mike se revolvió en el suelo y miró inmediatamente hacia la puerta. Se le encogió el corazón, pero escuchaba los gritos de Anderson y Douglas urgiendo con subir a los pisos de arriba, el agua lograría entrar allí también, nada podría pararla. Sostuvo a su madre para que no se le ocurriese hacer nada estúpido y se puso en pie, levantándola a ella también, empujándola hacia las escaleras cojeando levemente, no creía haberse roto nada pero las conmociones físicas no eran pocas. Desde lo alto del quinto escalón, pegado a la pared, vio pasar el agua. Agua que no tardó en meterse por las cristaleras rotas y comenzar a inundar el rellano del edificio.
La cazadora tampoco tardó en levantarse, pero ya estaba cansada. Fisica y mentalmente. Había sido demasiado para ella.

Tomó a Michael de los hombros para empujarlo a él hacia arriba.

-¡Soy tu madre, maldita sea, y hazme caso de una buena vez, sube las malditas escaleras! -gritó furiosa. Estaba harta de que la tratasen como si fuese a romperse en cualquier momento. Como si no pudiese hacer absolutamente nada, como si todos tuvieran la oportunidad de comportarse como idiotas menos ella. Era su turno de ser idiota, lo más inteligentemente posible.

El agua en la planta baja le llegaría seguramente hasta el pecho, pero no le importaba, bajó rápidamente, abriéndose paso entre tanto derrumbe, buscando a Joshiel.
Su hijo, evidentemente, no obedeció. Era un hijo, si. Pero los hijos también querían, y él amaba a sus padres por sobre todas las cosas, quizá su padre acabase de morir, no perdería a su madre.
-¡Mamá! -se metió en el agua, intentando alcanzarla -¡No le encontrarás! -gritó con los ojos empapados, no por el agua, sino por las lágrimas -Sube conmigo, por favor! Moriremos los.. -se sostuvo de los buzones, la corriente se imponía -Dos! Vuelve!
La cazadora se dio la vuelta para poder ver a Michael; sus ojos ya estaban color violeta de la furia acumulada. No perdería a nadie de su familia. No podía.

-¡Ve arriba, Michael, maldita sea! -gritaba desde su posición.
-¡No! -rugió tan fuerte el muchacho que tembló -¡Eres mi madre, no una soldado más, esto es peligroso, no podrás salir del agua en cuanto se te lleve la corriente! Subamos los dos, podemos -se hundió un momento pero salió en seguida, gracias a que podía aguantarse de los buzones -volar y buscar a papá, sé que estará bien! No me dejes solo. No quiero perderte. Aunque no tengamos la misma sangre eres mi madre, me has querido más de lo que la persona que me dio la vida me quiso jamás…
La joven se dio la vuelta para poder ver a Michael luego de haber escuchado aquello, suponía que ese era el momento donde sucumbía a los sentimientos. Malditos sentimientos.

Hizo fuerza para mantenerse flotando aun, echandole una última mirada a lo que había fuera de aquel edificio; entre tanta agua, y millones de objetos random flotando por allí, poco podía distinguir algo. Y ninguna de las cosas que flotaban era Josh. En momentos así, lo odiaba demasiado.

Terminó nadando hacia Michael, sin decir una sola palabra; suponía que iba a seguirla hacia arriba.

En lo alto de aquella azotea, la muchacha de pelo corto observaba su obra de arte friamente, sin moverse de su posición. El rugido que escuchó a su espalda le advirtió que se diese la vuelta, pero tardó en hacerlo. ¿Quizá un cachorrito para servirse de cena?

Pero cuando se giró no vio un perro cualquiera, sino un lobo de ojos azules y mirada penetrante, sus colmillos amenazantes. Ella apenas tuvo tiempo para fruncir el ceño antes de que el lobo se le echase encima cual león cazando a su presa. Nadie vio nada, y probablemente no quedaba persona con vida en la calle que pudiese escuchar sus gritos.

El poder que esa mujer ejercía sobre el agua fue debilitándose, apagándose, el nivel fue descendiendo hasta que lo que había parecido un mar, ahora solo se veía un río. Los cadáveres pudieron salir a la superficie, los coches flotaban y algunas armas seguían sumergidas por el peso. Nada estaba en su sitio, el agua se había encargado de arrastrarlo hacia abajo, hacia el sur, hacia los bosques.

Michael abrazó a su madre en cuanto la tuvo cerca, y subió con ella los dos primeros pisos hasta poder reunirse con Anderson y los demás supervivientes.

-Parece que se ha calmado -comentó Douglas pegada al ventanal del pasillo, observando hacia la calle.
Layla había visto mucho por aquel día. La destrucción de todo aquello que recién empezaban a destruir; el hospital, la escuela, los negocios, las casas… Muerte, muerte y más muerte. Incluso de lo más abstracto posible. Amigos, conocidos…

Se apoyó contra la húmeda pared, sin darse cuenta de que había comenzado a temblar como loca, pero no parecía importarle. Apenas siquiera podía pensar, en el único momento donde tenía tiempo para hacerlo.

¿Ahora que hacían?

No contestó a lo que Paige decía, ni tampoco a muchos otros comentarios que escuchó por allí. Simplemente no podía.

Michael se sentó en el suelo, abrazándose a si mismo, su ropa estaba empapada y era una fría noche de invierno. Habia contado a los que estaban allí por encima, no eran más de diez. Diez, de todos los que habían formado parte de aquél batallón en pie. ¿Y su padre? ¿Estaría vivo a caso?

Aparentemente el enemigo no había tenido bastante, y se escucharon más bombardeos, nuevos misiles destruyendo bloques enteros a base de insistencia. Ni si quiera parecía importar si el suyo sería le próximo.

Sin darse cuenta Michael había roto en llanto, silencioso, pero doloroso. ¿Por qué? ¿Tan difícil era mantener un equilibrio? No entendía a las personas que preferían vivir robando vidas, no lo entendería jamás. Defendiesen la bandera que defendiesen, si uno no atacaba nadie debía defender. Tantas vidas inocentes perdidas ¿Para qué? Y mucho menos sentido tenía aquella guerra, no se estaba defendiendo ningún color, ninguna patria. Solo el derecho a vivir que otros se convencían en pisotear.

-We should go.- habló alto y claro Lay, de repente. Había escuchado el llanto de su hijo y no podía soportarlo; eran contadas las veces que había visto a Mike llorar. No podía soportarlo en ese momento, ni tampoco iba a arriesgarse más. Era imposible permanecer allí y debían de salir antes de que aquel grupo se reduciese a la nada -I’ll take you. Make a circle and take each others hands. We’re going.

Y no parecía ser una sugerencia cuando avanzó un par de pasos hacia adelante, esperando que todos formasen el circulo. Era un orden. O bien la aceptaban o se quedaban allí a morir por nada.

No, buscarían refugio en otras tierras y quizá, solo quizá, volverían cuando todo hubiese terminado. Sin Joshiel, sin comandantes, sin comunicación y siendo apenas unos cuantos los que quedaban en pie, no podían librar esa guerra.

THE END OF CHAPTER 3